Cuba Derechos Humanos

Los motivos de Fidel para ejecutar a Ochoa y sus colegas

Los motivos de Fidel para ejecutar a Ochoa y sus colegas
julio 13, 2017
Pablo Alfonso/ martinoticias.com

Tuve el honor de conocer a Ernesto Betancourt y comprobar de cerca su
capacidad de intuición política y de análisis, en especial cuando del
castrismo se trataba. Compartimos juntos durante varios años, en Radio
Martí, la conducción del programa semanal Sin Pedir Permiso, de análisis
noticioso, donde aprendí mucho de sus enfoques y observaciones.

Hoy comparto con los lectores de El Timbeke este prólogo escrito por
Ernesto para el libro Narcotráfico y Tareas Revolucionarias del escritor
cubano, Norberto Fuentes.

“Cuando recibo de un amigo, cuyo nombre debo mantener en el anonimato
por razones de seguridad, las notas cronológicas que sirven de base a
este libro para comentarlas, mi primera reacción fue de escepticismo.
Había terminado de leer el libro del autor, Dulces Guerreros Cubanos, y
pensé que este material, que inicialmente estuvo anexo a dicho libro,
también tenía un alto contenido erótico. Para mi sorpresa, el material
que había enviado el autor contenía una cronología altamente valiosa
sobre una serie de hechos que mostraban los amplios vínculos del régimen
de Castro con el narcotráfico, así como con otras actividades
revolucionarias internacionales hasta ahora inéditas.

Abandonando mi escepticismo inicial, consideré aconsejable su
publicación no tan sólo en español sino también en inglés y en tal
sentido inicié una serie de gestiones, aquí en Washington, y en Miami.
Luego llegué a un acuerdo con el autor para reordenar y ampliar el
material, poniendo el foco en los motivos de Fidel para ejecutar a Ochoa
y sus colegas, que era encubrir su papel en el narcotráfico. El
resultado de esa colaboración es esta publicación.

Por tanto, este Prólogo se escribe, de acuerdo con el autor, como
complemento a la información cronológica provista en las notas. En sus
notas cronológicas, que ofrecen un crescendo informativo y una trama que
desemboca en el juicio de la causa # 1 de 1989, Norberto Fuentes pone a
disposición del lector la narrativa sobre una serie de acontecimientos a
los que tuvo acceso por vía de sus vínculos personales con los hermanos
de la Guardia, en base a conversaciones en Cuba y Angola y cartas
recibidas de Patricio cuando ya estaba preso, y con el general Arnaldo
Ochoa, tanto en Cuba como en Angola, así como su participación personal
en muchos de esos eventos. Otros incidentes los conoce por relatos que
le han hecho amigos del MININT y el MINFAR que participaron en ellos.

El lector se beneficia también de lo que sabe alguien que era un
«insider» dentro del gobierno, con acceso directo por mucho tiempo a los
dos hermanos Castro, a Carlos Aldana Escalante (Secretario Ideológico
del PCC), a Alcibíades Hidalgo Basulto (Jefe de Despacho de Raúl Castro
en el PCC) y vecino suyo en el edificio de apartmentos de los generales,
al general de División Raúl Menéndez Tomassevich (Jefe de la Asociación
de Combatientes), que estuvo destacado en Angola, al general de División
Pascual Martínez Gil (viceministro primero del Ministerio del Interior)
y al coronel Filiberto «Felo» Castiñeiras Guiadanés (Jefe de Despacho de
Pascual Martínez Gil).

Una de las tareas centrales de mi labor fue precisamente indagar con el
autor sobre la fuente de estas revelaciones. Las notas, hechas para su
uso personal, en muchos casos daban por descontada la fuente y eran
parcas en ldetalles, pero para publicarlo era necesario ser preciso en
las fuentes y ampliar los detalles. El autor tuvo una actitud altamente
cooperativa y cordial ante este, a veces irritante, proceso indagatorio.
Algunas fuentes se pueden revelar sin mayores problemas, pero en otras,
la seguridad de las personas envueltas no lo permite.

En este Prólogo, vamos a comentar sobre el impacto de estas revelaciones
en las hipótesis que se pueden considerar en cuanto a las relaciones del
régimen castrista con el narcotráfico, sobre la amplitud y diversidad de
las tareas revolucionarias realizadas por los servicios de inteligencia
cubanos al servicio de la ambición de Castro por jugar un papel en la
historia mundial y, finalmente, sobre el fallo de la prensa
internacional en cubrir los acontecimientos dentro de Cuba. Además,
vamos a explicar cómo el autor se vio envuelto en estos acontecimientos,
por qué Fidel Castro no quería que el mundo supiera lo que aquí se narra
y las circunstancias que le permitieron a Norberto Fuentes escapar y
escribir libremente. De más está decir que otros lectores pueden llegar
a conclusiones distintas a las expresadas en este Prólogo. Los invitamos
a que así lo hagan.

El proceso Ochoa y los vínculos de Castro con el narcotráfico

En junio de 1989, cuando se supo que se había arrestado al General
Arnaldo Ochoa, junto con otros altos oficiales del MINFAR y el MININT,
la primera reacción fue de que, en alguna forma, este hecho estaba
vinculado al Glasnost y la Perestroika. El jefe de Estado soviético,
Mihail Gorbachev, recién había visitado Cuba y se sabía que el General
Ochoa tenía fuertes vínculos profesionales con los generales soviéticos,
no tan sólo a resultas de sus estudios en academias militares en la
URSS, sino a nivel operativo en las campañas de Etiopía y Angola.

El propio discurso patético de Raúl Castro en Junio 14 de 1989,
anunciando el arresto del General Ochoa ante un auditorio desconcertado
de altos oficiales de las fuerzas armadas, alimentaba esa hipótesis. En
esa oportunidad, Raúl Castro no dio indicio alguno de que la cuestión
del narcotráfico estaba envuelta. Es más, la ceremonia había sido
convocada inicialmente para festejar un aniversario de la creación del
Ejército de Occidente. Como ya se conocía que el General Ochoa había
sido designado para hacerse cargo del Ejército de Occidente, el más
importante por incluir la capital de la República y tener el mejor
armamento en cantidad y calidad, su ausencia no pasaría inadvertida y
había que explicarla. De ahí que Raúl eche a un lado el discurso que
tenía preparado y se embarque en su desafortunada y desarticulada
diatriba improvisada.

Poco después, viene el Tribunal de Honor para desacreditar a Ochoa ante
los ojos del pueblo cubano, el juicio sumarísimo en el cual actuó como
fiscal el General Juan Escalona, la sesión del Consejo de Estado del 9
de Julio para considerar si se conmutaba la pena de muerte, ocasión en
que habló el propio Fidel Castro, y la ejecución de Ochoa, Tony de la
Guardia, el ayudante de Ochoa, Capitán Jorge Martínez, y uno de los
segundos de Tony, el Coronel Amado Padrón del MININT, el 13 de julio de
1989. Sólo un mes le tomó a Castro destruir a Arnaldo Ochoa física y
moralmente como figura militar prominente del régimen.

Ahora sabemos que, durante ese período, Fidel Castro comisionaba
repetidas encuestas a través de los llamados Estados de Opinión, que es
su medio de palpar la opinión pública cubana, para ver la reacción del
pueblo ante esta campaña para destruir a uno de los más prestigiosos y
populares oficiales que habían surgido de la revolución. La primera
encuesta sorprendió y asustó a Fidel Castro, un 98 por ciento expresó
simpatía por Ochoa. Esto lo convenció de la necesidad imprescindible de
que el incidente terminara con su ejecución. La ejecución no se llevó a
cabo hasta que había bajado lo suficiente el apoyo a Ochoa, aunque, aun
así, Fidel tuvo que reconocer al confirmar la pena de muerte que las
encuestas revelaban que el pueblo cubano no aprobaba una sanción tan severa.

Era posible especular que, en alguna forma, el General Ochoa estuvo
envuelto en una conspiración con los soviéticos. Era sorprendente la
pasividad soviética ante el ajusticiamiento de uno de sus mejores
aliados dentro de la jerarquía militar cubana, hubiera o no estado
conspirando con ellos. En una ocasión, ya desintegrada la URSS, el Sr.
Pavlov, que había sido el Subsecretario de Relaciones Exteriores
Soviético para América Latina en esa época, contestó con evasivas cuando
le hice esa pregunta. Esta hipótesis se basaba en cierta forma en la
analogía de esa posibilidad con la acusación que había hecho Eric
Honecker, el líder de Alemania Oriental, de que el Secretario General
Gorbachev había promovido la caída de Ceausescu en Rumanía al alentar
una conspiración militar por medio de la GRU, la agencia de inteligencia
militar soviética.

Esta hipótesis se asentaba, además, en la versión que había llegado a
Radio Martí en aquella época de que el General Ochoa estaba en las
etapas iniciales de obtener información sobre lo de las drogas para
justificar un golpe militar contra Fidel ante la opinión pública cubana.

Pero las revelaciones de las notas en la cronología de Norberto Fuentes,
lejos de validar esa hipótesis, la cuestionan seriamente, haciéndola
desechable. Ochoa efectivamente estaba envuelto en un esfuerzo por crear
sus propios vínculos con Pablo Escobar, el traficante colombiano, con
miras a establecer una planta de procesamiento de cocaína en Angola para
desde ahí hacer envíos a Estados Unidos y Europa a través de una red de
distribución que él aspiraba le iba a establecer el Coronel Tony de la
Guardia. Ochoa no sabía o no dió importancia a que Tony fungía como mano
derecha de los hermanos Castro en el manejo de operaciones de obtener
moneda convertible a través de dependencias del MININT bajo la
supervisión directa del Ministro José Abrantes.

Esto hace poco factible la hipótesis tentadora que ofrecen los amigos de
Castro, como Gabriel García Márquez, y funcionarios ingenuos del
Gobierno Americano, como el ex-Zar de la Droga, General Barry McCaffrey,
de que Fidel no estaba envuelto en el tráfico de drogas y que su acción
contra Ochoa y sus colaboradores así lo demostraba.

Las relaciones de Castro con el tráfico de drogas a través de Cuba y en
el lavado de dinero son más que confirmadas por hechos anteriores y
posteriores al juicio de Ochoa y han sido motivo de acciones legales en
los tribunales de Estados Unidos. Norberto Fuentes agrega detalles
reveladores en su narrativa que dan validez a esta hipótesis.

Ya en 1980 Castro decide suspender operaciones de tráfico de marihuana
cuando el entonces Ministro del Interior, Ramiro Valdés, pidió órdenes
por escrito del Comandante en Jefe para continuar dichas operaciones.

Fuentes revela que Castro estuvo envuelto en los tratos con Vesco y con
el M-19 de Colombia/Jaime Guillot Lara, casos objeto de grandes jurados
en Estados Unidos. En 1983, Castro planteó a Tony de la Guardia y a
otros funcionarios del MININT la necesidad de demostrarle la
factibilidad de hacer operaciones de drogas en forma tal que permitiera
negar su envolvimiento y le ordenó iniciar los contactos con Pablo
Escobar. Paralelo a estas operaciones, hay notas sobre crecientes
contactos con los carteles mexicanos para operaciones de gran
envergadura en los que la participación de Tony de la Guardia es más
tangencial, pero no pueden tener lugar sin el conocimiento y la
aprobación de Fidel Castro.

Esta implicación directa de Castro continúa mucho después del
fusilamiento de Tony de la Guardia.

El contrabandista Jorge «Gordito» Cabrera, actualmente cumpliendo una
sentencia de diez y nueve años, fue capturado en los Cayos de la
Florida, en Enero de 1996, con 6,000 libras de cocaína y una foto de él
con Fidel Castro. Esto alcanzó gran publicidad cuando, durante el
escándalo sobre contribuciones ilegales a la campaña del Presidente
Clinton, se descubrió que Cabrera había contribuido $20,000 a dicha
campaña y había sido invitado a una fiesta de Navidad en la Casa Blanca,
donde se retrató con la Primera Dama, y a otra en Miami, donde se
retrató con el Vice Presidente Al Gore. Por su parte, de acuerdo con el
periodista Andrés Oppenheimer, las autoridades mexicanas encontraron
vínculos del Rey de los Cielos, Amado Carrillo Fuentes, con el régimen
cubano. Este disfrutaba de una casa de protocolo del gobierno de Cuba
durante sus visitas a la Habana, privilegio que cualquiera que sepa cómo
se gobierna Cuba sabe es imposible de obtener sin la aprobación del
propio Castro. Estas casas son asignadas personalmente por Fidel Castro
y la administración de esas propiedades es una de las funciones de su
Jefe de Despacho, el Dr. José M. Miyar Barruecos.

Finalmente, en este caso, lo que pudiera llamarse el «smoking gun», de
acuerdo con el argot policíaco, es el incidente, ocurrido en enero 18 de
1991, en la prisión de Guanajay que albergaba tanto a los procesados en
el caso Ochoa como en el caso Abrantes. En esa oportunidad Abrantes,
antiguo Ministro del Interior, le confesó al general Patricio de la
Guardia, cuyo hermano gemelo Tony fue uno de los ejecutados por Fidel
Castro, que él mantenía a Fidel Castro informado de todas las acciones
de su Ministerio relacionadas con el tráfico de drogas. Patricio
reaccionó violentamente ante esta evidencia que confirmaba que su
hermano había sido ejecutado por cumplir misiones aprobadas por Fidel.

Esta indiscreción de Abrantes ocasiona su misteriosa muerte el 21 de
enero de 1991, tres días después, a causa de un fallo cardíaco que, en
el mejor de lo casos, no fue atendido debidamente por sus carceleros y,
en el peor, fue ocasionado deliberadamente por las inyecciones que le
daban éstos.

Pero, aparte de revelar que Castro sí ha estado y sigue estando envuelto
en el tráfico de drogas, las revelaciones, hasta ahora inéditas, de
Norberto Fuentes alimentan otra hipótesis sobre el caso de Ochoa. En
vista de toda la evidencia aportada en esas notas, es razonable asumir
que Ochoa estaba convirtiéndose en una amenaza para el monopolio de
poder de Castro. Esto se deduce claramente del incidente ocurrido el 28
de Mayo de 1989 descrito en la narrativa de Fuentes. En esa oportunidad
Raúl Castro, en presencia de los generales Ulises Rosales del Toro y
Abelardo Colomé (Furry), se reúne con el General Ochoa, ya bajo arresto
preventivo, y lo increpa en relación con cuatro temas:

Su juntadera con los generales soviéticos en Angola (en momentos en que
Castro ya había dado órdenes al Ministro del Interior de seguir a los
soviéticos en Cuba por desconfiar de sus contactos con funcionarios y
oficiales cubanos);

Su desobediencia de las órdenes de Fidel en la última fase de la guerra
en Angola (Ochoa se concentró en atacar a las fuerzas de Savimbi y Fidel
quería que atacara a los sudafricanos);

El que hubiera apoyado la operación de ataque a la guarnición militar La
Tablada en Buenos Aires sin haber consultado a la alta jerarquía del
régimen (Ochoa había conocido a Gorriarán, el guerrillero argentino que
lideró esa violenta acción, en Nicaragua y se habían hecho amigos); y,
finalmente,

Sus esfuerzos por crear su propia organización para el tráfico de drogas
en alianza con Pablo Escobar (lo que interfería con las mucho más
amplias operaciones de narcotráfico que ya estaban en camino a través de
Raúl y el Ministro del Interior, José Abrantes, con pleno conocimiento y
aprobación del propio Fidel).

Como puede apreciarse, la agenda anti-Ochoa era muy amplia. De hecho,
constituía una respuesta al reto que él representaba al liderazgo de
Castro en muchos frentes. La confirmación de este reto, que se acentúa
con su regreso a Cuba y la intensificación de contactos con Pablo
Escobar, coincide con las sentencias dictadas en el caso de los Ruiz en
los tribunales de la Florida en Abril 23 de 1989. Este caso envolvía
operaciones de tráfico de drogas que se estaban efectuando regularmente
a través de Cuba, las cuales eran imposibles de llevar a cabo sin la
aprobación de Raúl y, por consiguiente, del propio Fidel. El dictador
panameño Manuel Noriega advirtió a Castro que él era el objetivo en el
caso de los Ruiz.

Castro decidió matar dos pájaros de un tiro. Ejecutando a Ochoa y sus
principales colaboradores acusándolos de tráfico de drogas, silenciaba
toda alusión al envolvimiento de él y su hermano Raúl en esas
operaciones, y justificaba su inocencia, al mismo tiempo que se libraba
de un peligroso rival potencial por el control del poder.

En este esfuerzo confiaba, además, en el apoyo incondicional que siempre
ha tenido en los medios masivos de comunicación estadounidenses de
simpatizadores o agentes de influencia como Ted Turner de CNN, Dan
Rather de CBS y Peter Jennings de ABC, así como de algunos reporteros en
los líderes de la prensa liberal como The Washington Post y The New York
Times. Fidel Castro esperaba que esa interpretación, avalada por
escritores como el premio Nóbel Gabriel García Márquez, iba a prevalecer
en la opinión pública americana. Y así ha sido hasta ahora.

Las notas cronológicas de Norberto Fuentes no se limitan al
envolvimiento del régimen cubano al más alto nivel en actividades de
tráfico de drogas. También nos ofrecen detalles sobre casos adicionales
a los mencionados en los libros de reciente publicación por Jorge
Masetti, el yerno de Tony de la Guardia, y Benigno, uno de los
sobrevivientes de la guerrilla del Che en Bolivia, en relación con
diversas tareas revolucionarias en que Cuba ha estado envuelta,
inclusive dentro de Estados Unidos. La gama de incidentes es
sorprendente. Incluye tareas muy diversas.

Una operación de infiltración y ex-filtración de uno de los plomeros del
Watergate, desde Jamaica a Cuba para una entrevista con Fidel Castro y
su posterior regreso a Jamaica. La penetración de la operación de
asesoramiento de la CIA en Uruguay por un subordinado de Tony de la
Guardia que se relaciona con el secuestro y ejecución de Dan Mitrione
por los Tupamaros. Los esfuerzos infructuosos del FBI por lograr una
reunión familiar entre Tony de la Guardia y su hermano Mario cuando, con
pleno apoyo del gobierno de EUA, se promovieron los viajes de la
comunidad cubano-americana a Cuba. El lavado de dinero de rescate de
secuestros hechos por los Montoneros en Argentina, ascendentes a decenas
de millones de dólares, y del saqueo del Líbano por los palestinos, que
se estimaba pudiera llegar a mil millones de dólares.

Además, hay anécdotas sobre la vinculación de Arnaldo Ochoa, Patricio y
Tony de la Guardia con hechos importantes en América Latina, como la
guerra civil en Nicaragua, las guerrillas en Venezuela, los esfuerzos
por interferir con el apoyo de la CIA a los Contra desde sus bases en El
Salvador, el apoyo a la guerrilla salvadoreña y el disgusto por y
socavamiento de la fórmula democrática de llegar al socialismo de
Salvador Allende en Santiago, Chile.

Por otra parte, revela que el ataque a la guarnición de La Tablada en
Argentina fue hecho con ayuda de Ochoa a espaldas de Fidel Castro. En
África, el incidente inédito más dramático, y más vergonzoso para Cuba,
es la participación de instructores cubanos de la FAR en la masacre de
200 oficiales etíopes del Derg que cuestionaban a Mengistu Haile Mariam,
el líder etíope aliado de Fidel Castro. Para no mencionar el
descubrimiento por Patricio de la Guardia de los desechos nucleares
sepultados en Angola por los franceses.

Estas tareas revolucionarios inéditas, narradas ahora por primera vez
por Norberto Fuentes, incluyen muchas acciones que reflejan una profunda
hostilidad y resentimiento de Fidel contra los Estados Unidos, así como
tareas insólitas en territorio americano. Por ejemplo, en varias
ocasiones, Fidel Castro ha ordenado el fusilamiento de individuos
capturados en acciones de infiltración por el mero hecho de ser
ciudadanos americanos. Cuando la operación de Grenada en 1983, Castro
dió órdenes de secuestrar a los estudiantes americanos en la escuela de
medicina sita en la isla. El incumplimiento de esta orden fue una de las
causas que se invocó contra el Coronel Tortoló, comandante de las tropas
cubanas en dicha isla, durante el juicio que culminó en su degradación
al grado de soldado raso.

Pero, de acuerdo con las notas de Norberto Fuentes, la hostilidad de
Castro contra Estados Unidos se refleja, en su versión más virulenta, en
la esperanza de que, antes de que termine su régimen, él podrá encabezar
una guerra contra fuerzas americanas y, en particular, llevar la lucha a
territorio continental americano. Entre las operaciones contra fuerzas
americanas contempladas por Fidel Castro, están planes contingentes para
atacar la base aérea de Homestead y la planta nuclear de Turkey Point,
operaciones ya descritas ampliamente en sus memorias por el General
Rafael del Pino, que fue encargado de elaborar los planes, así como las
instalaciones americanas en el Canal de Panamá. Además, ha comisionado
planes para atacar la base naval de Guantánamo y estudios de las
corrientes de agua desde el Estrecho de la Florida a la costa Este de
los Estados Unidos con vistas a enviar, cuando sea oportuno, minas que
afecten la navegación en esas rutas y puertos, así como la introducción
de virus para causar epidemias. La ingenuidad de la comunidad científica
americana ha permitido a Castro obtener la cooperación, y hasta el
financiamiento, de entidades como el Smithonian en estas investigaciones.

Uno de los aspectos más preocupantes de estas revelaciones es el fallo
de la prensa libre del mundo occidental, en especial la de Estados
Unidos, de cumplir con su misión informativa en el caso de Cuba. Ese
fallo informativo alimenta la confianza de Fidel Castro en que pueden
escapar sanciones y hasta distorsionar a su antojo los hechos ante la
opinión pública americana y consiguientemente del mundo occidental.

Por ejemplo, en estas notas cronológicas de Norberto Fuentes hay mención
de cuatro incidentes inéditos de rebelión en las fuerzas armadas. El
primero tuvo lugar en 1959, a trece días de la fuga de Batista y
envolvió una protesta de soldados del Ejército Rebelde acantonados en
Managua, en las afueras de la Habana, cuando se les negó el derecho a
llevarse las armas que portaban a sus casas, además de reclamos por
pagos y otras cuestiones. Ese episodio fue fugaz y es comprensible que,
en medio del caos imperante en esos momentos, no tuviera mayor
resonancia. Inclusive los que estábamos en el gobierno revolucionario en
aquellos días no tuvimos conocimiento de esos hechos.

El segundo episodio inédito de rebeldía de tropas tuvo lugar en la
División 50, destacada en la Provincia de Oriente, en el año 1965. Fidel
se desplazó en persona a Baraguá en el perímetro de la base y envió tres
oficiales de confianza a dialogar con una representación de la tropa que
se había rebelado. Los cuatro soldados que representaban a los
sublevados presentaron su pliego de quejas por abusos de los oficiales y
las adversas condiciones en que tenían que vivir. Los cuatros emisarios
son ejecutados en el acto por órdenes de Fidel y la sublevación terminó
instantáneamente.

El tercero se produce en el año 1978 y tiene lugar en Etiopía después de
la victoria del Ogadén. Un batallón se rebela por razones similares a
las de la división 50, con el agregado de deseos de que se les retorne a
Cuba al haber terminado la guerra. Ochoa es quien controla la situación
y Fidel ordena se regrese el batallón entero a Cuba, desarmado y en un
buque bajo el control absoluto de una unidad reforzada de la
contra-inteligencia militar (CIM). Fidel se reúne con ellos al llegar a
Cuba, ordena la disolución del batallón, y promete que se investigarán
sus quejas. No hay ejecuciones y les pide mantener el incidente en
secreto, lo que han hecho.

Finalmente, poco después del juicio y fusilamiento de Ochoa, en
Noviembre de 1989, se produce un alzamiento en la Escuela de Oficiales
de las Fuerzas Blindadas en Managua. Se combate toda la noche y Norberto
Fuentes reporta hubo 20 muertos. Clamaban por justicia. No hay más
información sobre las causas.

Estos hechos hubieran resultado en reportajes de la prensa internacional
en otros países. Por muchos años ha habido representación permanente en
Cuba de agencias de noticias como la EFE española, la Reuters británica
y la France Presse francesa. Últimamente se han establecido oficinas de
la CNN, la AP y algunos periódicos. La presencia de estos reporteros se
ha justificado como una victoria para la libertad de prensa. Pero eso no
ha resultado en una cobertura agresiva y vigorosa de la realidad cubana
porque estos corresponsales son, de hecho, rehenes de los intereses
económicos y periodísticos de sus empresas.

Además, ocasionalmente se ha permitido a corresponsales individuales
hacer visitas puntuales, cuya repetición está condicionada a la buena
conducta de los medios respectivos en la cobertura que ofrezcan. Así, ni
a The Miami Herald ni a Univisión se les permitió enviar reporteros a
cubrir la visita del Papa porque su cobertura en el pasado no satisfacía
las expectativas de las autoridades cubanas. Finalmente, el premio mayor
a la buena conducta de un medio de comunicación internacional es una
entrevista con el Máximo Líder.

Ese tipo de trato contingente y extorsionista se hace evidente en el
caso de Tad Szulc, antiguo corresponsal del The New York Times, a quien
le dieron acceso a Cuba y a los archivos del partido para su biografía
de Fidel en recompensa por su cobertura favorable al régimen a lo largo
de los años. De haber escrito reportajes que no merecieran la aprobación
del régimen, nunca se le hubiera permitido la entrada a Cuba y mucho
menos para escribir una biografía de Castro. Esa cooperación llegó a un
fin abrupto, sin embargo, a resultas de un incidente narrado en una
revelación inédita de Norberto Fuentes.

En agosto de 1985, la hija de Tad Szulc, Nicole, productora de
NBC-Miami, trasmite un programa en que por primera vez se muestra a
Robert Vesco en el patio de una casa del apartado barrio habanro de La
Coronela. Esto ocurre precisamente cuando Fidel era anfitrión de una
conferencia sobre el repudio de la deuda externa. De más está decir que
Fidel enfureció y explotó en acusaciones contra la prensa en una
declaración televisada. Pero su furia era artificial. Lo que es inédito
de este incidente es que el equipo de NBC había estado bajo observación
de Seguridad del Estado todo el tiempo: por tanto Fidel sabía lo que
habían hecho cuando lo estaban haciendo. Los reporteros de NBC fueron
filmados por la Seguridad del Estado cuando estaban frente a la casa de
Vesco. Es más, el Teniente Orlando Cowley, de la Dirección de
Operaciones Especiales del MININT, tenía órdenes de impedir la salida
del avión en que viajarían de regreso Nicole y sus colegas de NBC. Sólo
una orden del propio Fidel Castro, a última hora, evitó un serio
incidente con la prensa internacional.

Castro ha convertido el manejo de la prensa internacional en un arte y
eso ha servido para que no se dé atención a hechos como los que relata
Norberto Fuentes en sus notas cronológicas. Castro tiene la convicción,
justificada por la experiencia de décadas, de que con paciencia y
persistencia, Cuba puede manipular la imagen sobre cualquier tema que le
interese.

Cuando Radio Martí salió al aire en 1985, empezamos un programa titulado
Cuba sin Censura, cuya misión era hacer periodismo investigativo
precisamente para revelar ese tipo de hecho. El primer programa de esa
serie se refería a lo que se llamó la Masacre del Canímar. Ese hecho,
ocurrido en 1980 durante la crisis del Mariel, envolvía el hundimiento
de un barco que hacía cruceros turísticos por el Río Canímar. Un domingo
de ese año, el barco fue capturado por unos reclutas del servicio
militar con la intención de escapar a los Estados Unidos. El buque fue
atacado por aviones y buques cubanos y hundido en plena Bahía de
Matanzas, en presencia de miles de personas que se habían agolpado a lo
largo del malecón de esa ciudad. Los heridos y cadáveres fueron llevados
al hospital de la ciudad. Se prohibió a la población hacer comentarios
sobre el incidente. Sólo la coincidencia de que un periodista local–que
había sido testigo de esos hechos y tenía un amigo en la planta de
personal de Radio Martí–había salido de Cuba en esa época, permitió que
esta atrocidad fuera conocida por el pueblo cubano. Claro, con cinco
años de retraso. Pero esta historia nunca tuvo eco en la gran prensa
mundial.

Algo similar ha ocurrido con la mayor atrocidad cometida por el régimen
de Castro, el hundimiento del remolcador 13 de Marzo en las afueras de
la Habana, el día 13 de julio de 1994. En esa ocasión, murieron cerca de
veinte niños y adolescentes, además de otros tantos adultos, ahogados
por mangueras de barcos bomberos del Ministerio de Interior cubano. El
incidente es plenamente conocido. La televisión mexicana entrevistó en
la Habana a una madre sobreviviente cuyo hijo se le había escapado de
las manos a resultas de la turbulencia ocasionada deliberadamente por
los buques bomberos y de los chorros de agua que les dirigían con sus
mangueras. El asunto ha sido motivo de investigaciones por comisiones de
derechos humanos, de la OEA y de las Naciones Unidas. Anualmente, este
incidente es motivo de protestas dentro y fuera de Cuba. Pero Castro ha
logrado neutralizar esta historia en los grandes medios de comunicación.

Lo mismo ha hecho, con mayor éxito aún, en el caso de su envolvimiento
en el narcotráfico. Por eso Castro quiso dilatar la salida de Norberto
Fuentes de Cuba.

En el contexto de la crisis que confrontaba Fidel Castro con el caso
Ochoa, Norberto Fuentes no era el problema mayor. No siendo un militar
con mando de tropas, no constituía una amenaza o reto a su poder. Sí era
un problema potencial que podía dificultar el manejo de la opinión
pública internacional en cuanto a sanear su imagen y la de su hermano
Raúl del vínculo con las drogas.

Norberto Fuentes es escritor de profesión y hombre de acción por las
circunstancias. Inicia sus actividades literarias cubriendo la lucha
contra la resistencia al régimen en el Escambray, en lo que se llamaba
oficialmente Lucha Contra Bandidos (LCB). Esto resulta en varios libros
en base a esta experiencia, Cazabandido y Nos impusieron la violencia,
entre ellos. Irónicamente, estos escritos son mal vistos por la alta
jerarquía del MINFAR y el régimen que no quería se supiera nada de lo
que allí pasaba y, al mismo tiempo, le gana la hostilidad de los
enemigos del régimen, algunos de los cuales todavía no se lo perdonan.
Acaba trabajando en la ganadería por un tiempo.

Escribe un libro en 1967, Condenados del Condado, que gana el premio
Casa de las Américas, a pesar de ser una crítica al Ejército Rebelde,
por lo que es posteriormente censurado. Esto le gana la enemistad de
oficiales como el General Raúl Menéndez Tomassevich, que estuvo al mando
de las fuerzas gubernamentales en el Escambray. Pero, en otra reacción
irónica, lejos de entibiar sus relaciones con la jerarquía del régimen,
a pesar de coincidir precisamente con el caso Padilla, las mejora. Al
oponerse a aceptar la autocrítica que querían imponerle a Padilla, al
mismo tiempo que reafirma sus convicciones revolucionarias, Fuentes
logra ganar la atención de Fidel Castro. A Fidel le atrajo la imagen de
un escritor dispuesto a participar en acciones militares para obtener el
material para sus escritos. Raúl Castro hace todavía una amistad más
estrecha, visitando con frecuencia su casa.

Al mismo tiempo, este incidente lo rescata de la ganadería y lo lleva de
regreso al campo de la literatura, pasando a tener una remuneración del
Ministerio de Cultura. Se le asigna recopilar material sobre Hemingway,
lo que desemboca en la publicación de Hemingway in Cuba y Ernest
Hemingway Rediscovered. Estas labores literarias lo ponen en contacto
por primera vez con Gabriel García Márquez, precisamente en vísperas de
ganar éste el premio Nóbel. Pero más importante aún, ha pasado a ser
escritor de confianza de la jerarquía cubana, inclusive Fidel Castro
llegó a ofrecérselo a Robert Vesco para que lo ayudara a escribir sus
memorias. Se le asigna un penthouse en el mismo edificio en que viven
los generales cubanos.

En 1981 y 1982 es enviado a Angola por Fidel y Raúl como corresponsal de
Prensa Latina para conocer «toda la actividad del GD (general de
División) Tomassevich,» que estaba al frente de las operaciones de
contrainsurgencia contra Savimbi, y obtener información de primera mano
para su narrativa. A resultas de esta labor, recibe la Medalla de
Combatiente Internacionalista de Primer Grado y la Medalla de Servicio
Distinguido de las FAR.

Posteriormente, viaja en varias ocasiones a Angola como enviado personal
y hombre de confianza de Fidel y de Raúl, habiendo asistido como miembro
de la delegación de Fidel a la Cumbre del Movimiento no Alineados en
Harare, Zimbabwe, en 1986.

Es en esta etapa que estrecha vínculos con los hermanos de la Guardia,
en particular Tony, a quien introduce a Gabriel García Márquez. Por su
parte, el premio Nóbel recelaba de que hubiera otro escritor con acceso
a Fidel Castro. Esa era una relación que él prefería constituyera su
monopolio. Las actividades literarias de Fuentes sobre la presencia de
Hemingway en Cuba, lo ponen en contacto con escritores americanos como
William Kennedy. Como culminación de su labor en Angola, es incorporado
por Castro a la delegación cubana que participa en las negociaciones
para poner fin al conflicto en ese país africano y asiste a todas las
reuniones como miembro pleno de la misma.

En marzo de 1989, es puesto bajo vigilancia por los servicios de
seguridad junto con otros colaboradores y amigos de Tony de la Guardia.
En abril 29, 1989, pocos días después de que se produce la sentencia de
los Ruiz y se inician pedidos de rendición de cuentas en el MININT sobre
las operaciones de tráfico de drogas, Tony viaja a Varadero por
sugerencia de Abrantes a liquidar las operaciones que estaban pendientes
allí. Regresa con un maletín con $564,000 que entrega a Norberto Fuentes
para que se lo tenga a buen recaudo.

En Mayo 22, Fuentes recibe un recado de Raúl, por medio de Alcibíades
Hidalgo, a la sazón Jefe de Despacho en las oficinas de Raúl en el
Comité Central del PCC, de que se aleje de Tony y el General Ochoa.
Fuentes informa a Hidalgo de la existencia del maletín. En tres
ocasiones Tony había hecho retiros del dinero del maletín.
Posteriormente, ya terminado el Tribunal de Honor, Alcibíades Hidalgo
informa a Norberto Fuentes que ninguno de los acusados lo había
vinculado a la causa No. 1 de 1989 por tráfico de drogas. Por lo tanto,
no tenía que preocuparse. Cuando Fuentes le recuerda la existencia del
maletín, Hidalgo arregla que el sobrante final de US$ 167,000 sea
retirado en una operación formal del MININT, cuya acta está incluída
entre los anexos. Un mes después, Fuentes es despojado de su penthouse.

En una reunión con Tony en Villa Marista, el 27 de junio de 1989, Fidel
instruye a éste que además de no mencionar a la alta dirigencia en sus
respuestas en el juicio no diga nada ni de Abrantes, ni de Norberto
Fuentes. Al mismo tiempo, le ofrece garantías de que no le va a pasar
nada si coopera en eximir a la alta jerarquía de toda responsabilidad en
las operaciones de tráfico de drogas. Este pedido se vincula al deseo de
proyectar una imagen de que el juicio se limita a la cuestión de unos
militares que se habían excedido en su autoridad al vincularse al
tráfico de drogas. Así se lo informan a Gabriel García Márquez cuando
viene a Cuba, a pedido de Fidel Castro. Esto nos lleva a concluir que,
para suerte de Fuentes, Fidel y Raúl habían decidido que fusilar a un
escritor daba una dimensión mucho más amplia al caso de la que ellos
querían transmitir. Lo único que querían en cuanto a Norberto Fuentes
era silenciarlo para evitar filtraciones que erosionaran la credibilidad
de la historia que estaban montando.

De acuerdo con la narrativa de Norberto Fuentes, se le juzgó en ausencia
y se le condenó a cinco años de localización dentro de Cuba. Eso
permitiría que cuando estuviera libre para hablar, el interés por
cualquier información sobre el caso Ochoa se hubiera disipado. Trató de
abandonar la isla ilegalmente y fue capturado. Acudió a sus escritores
amigos. Uno de ellos, William Kennedy, gestionó una invitación del PEN
American Center para Nueva York. El permiso de salida le fue denegado.
Se declaró en huelga de hambre y apeló a su amistad con el premio Nóbel
Gabriel García Márquez, quien le trajo el mensaje de que Fidel le había
prometido que iba a resolver definitivamente el caso Norberto Fuentes.
Cuando observa que todavía lo seguía Seguridad del Estado, concluye que
la solución definitiva era su eliminación física.

Acude de nuevo a su amigo William Kennedy. En esos momentos, un
prominente escritor amigo de éste, William Styron, a la sazón Presidente
del PEN, estaba concertando junto con Carlos Fuentes, en esa época
Embajador de México en Washington, una cena privada entre el Presidente
Bill Clinton y Gabriel García Márquez en la residencia de Styron en
Martha´s Vineyard. Según lo que se ha podido reconstruir de la secuencia
de lo ocurrido a partir de ese momento, Styron, de alguna manera, hizo
la cena contingente a la salida de Cuba de Norberto Fuentes. García
Márquez viajó a Cuba en el avión privado del Presidente Carlos Salinas
de Gortari para recoger a Norberto Fuentes el 24 de Agosto de 1994 y lo
llevó a Cancún el 25. García Márquez siguió vuelo hacia el norte para
asistir a la cena con el presidente Clinton, la que tuvo lugar el 26 de
Agosto de 1994. Norberto Fuentes quedó libre para compartir con el mundo
y contigo, querido lector, las notas cronológicas que son recogidas en
este libro.

En su libro MEXICO: un paso difícil a la modernidad, Carlos Salinas de
Gortari menciona la anécdota del viaje de García Márquez con un escritor
cubano y la advertencia de Castro: «Gabo te vas a arrepentir.» Como
puede apreciarse de estas notas, Castro ya debe estar arrepentido.

Finalmente, este libro no es solamente de valor histórico, sino de
actualidad. Como puede apreciarse de la discusión sobre las armas del
enemigo, más adelante, Fidel Castro, en su audacia sin límite, se vende
ahora como el aliado indiscutible e inevitable de los Estados Unidos en
la lucha contra las drogas. Lo que aquí se revela adquiere gran
relevancia ante la ingenuidad de algunos funcionarios del Gobierno de
los Estados Unidos, que lo creen factible y están promoviendo el
suministrar a Castro inteligencia y equipo para luchar contra el
narcotráfico como si fuera un aliado confiable.”

Ernesto F. Betancourt

Publicado originalmente en El Timbeke, el 11 de junio del 2014.

Source: Los motivos de Fidel para ejecutar a Ochoa y sus colegas –
www.martinoticias.com/a/motivos-castro-ejecutar-ochoa-colegas/148935.html

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