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La ofensiva contra los almendrones

La ofensiva contra los almendrones
¿Tiene sus días contados este popular medio de transporte?
Viernes, julio 14, 2017 | Ernesto Pérez Chang

LA HABANA, Cuba.- Después de la inyección de poco más de doscientos
autos y un centenar de ómnibus ligeros a las cooperativas de ruteros,
pertenecientes al sistema de transporte público de la capital, no es
difícil hacernos la pregunta sobre lo que sucederá en poco tiempo con
los llamados “almendrones”.

A las claras, han sido sentenciados a muerte. La crisis del petróleo, la
ofensiva contra los expendedores de combustible clandestinos, más la
intervención del gobierno en las regulaciones sobre las rutas y precios
hace solo unos meses atrás, comenzaron la batida contra los llamados
“boteros” o taxistas particulares.

Sin embargo, el capítulo final de este calvario aún no ha sido puesto en
marcha. Se espera que muy pronto la elevación de las exigencias sobre el
estado técnico de los automóviles saque de circulación más del 80 por
ciento de los vehículos que hoy poseen licencia para el transporte de
pasajeros, la mayor parte de ellas obtenidas mediante soborno.

No haría falta una legislación nueva. Las disposiciones recogidas en el
actual Código de Vialidad y Tránsito (Ley 60), en sus títulos II y III,
serán suficientes para que los inspectores desempeñen bien el papel de
verdugos cuando ya todo el parque vehicular que se tiene planificado se
encuentre en explotación y haya concluido la fase experimental de las
nuevas cooperativas de transporte.

Hasta este punto, pudiera decirse que los planes del Ministerio de
Transporte surtirán efecto y que, al final, esos dinosaurios
tecnológicos altamente contaminantes y culpabilizados por el gobierno
del robo de combustible en las empresas estatales, desaparecerán del
cuadro familiar cubano donde son una figura molesta al no proyectar una
imagen de prosperidad y sostenibilidad.

Pero la estrategia exterminadora, como suele suceder en Cuba, pudiera
resultar fallida y terminar convertida en un catalizador del desastre
actual al no ser capaz de articular una maniobra segura contra la
corrupción que azota toda la estructura económica estatal vinculada al
transporte, los combustibles, la importación y distribución de piezas de
recambio, más el sistema de inspección y certificación, terrenos
pantanosos donde poco o nada pueden la ingenua o cómplice “voluntad
política” de los dirigentes e instituciones encargados del control y
fiscalización.

Es como preguntar quién le coloca el cascabel al gato. Combustible y
piezas de autos son, quizás, los componentes más complejos de ese
entramado de ilegalidades que comienza y termina en las empresas estatales.

Teniendo en cuenta solo aquellos casos que han trascendido a la opinión
pública, la mayoría a través de la prensa independiente, tan solo desde
el año 2006 hasta la fecha, combustible y piezas han sido los
ingredientes principales en nueve de cada diez casos de corrupción donde
están implicados altos funcionarios incluso de las Fuerzas Armadas y del
propio Ministerio del Transporte.

Los escándalos han dejado en evidencia que existe una línea visible de
lo ilegal, muy bien marcada, que viene directamente desde los organismos
de dirección estatales y no solo conecta los planos de lo estatal y lo
privado en el mercado negro sino que los define e incluso determina en
la efectividad de las estrategias de control.

La confianza que existe entre los boteros en que la batalla contra los
almendrones no terminará en victoria por parte del gobierno, se basa en
que nadie mejor que ellos conoce los intersticios del negocio del
transporte privado en Cuba y su conexión con la empresa estatal.

Por ejemplo, es vox populi que las llamadas “bases de transporte” de los
ministerios y organismos del gobierno son las mayores proveedoras de
combustibles y piezas de repuesto a los particulares. También, que
existe una relación directa entre las distribuidoras y comercializadoras
estatales y el mercado subterráneo, y que incluso lotes de autos
importados, completos, han desaparecido en el trayecto desde el puerto
al destino final sin mayores consecuencias que una remoción del cargo
para el responsable ya no del atraco sino del “desvío de recursos”.

Aunque algunos boteros han reaccionado con temor ante el incremento de
los parques automotores en las bases de ruteros, una buena parte,
paradójicamente, ha visto la medida como “esperanzadora” a no muy largo
plazo.

Los que llevan más tiempo en el giro son de la opinión de que los
cambios recientes en el transporte público jamás superarán la “fase
experimental” y que habrá de suceder como cuando a Fidel Castro se le
ocurrió sustituir a los pisteros en las gasolineras por trabajadores
sociales para acabar con la corrupción. Fue peor el remedio que la
enfermedad.

País y políticas incoherentes solo pueden producir risibles o
lamentables paradojas. Se espera que, pasado un tiempo prudencial, la
inyección de vehículos a las cooperativas de transporte con patrocinio
estatal se transforme, por obra y gracia del mercado negro, en beneficio
de los particulares. Que las piezas y hasta el combustible de los autos
nuevos pasen, como por arte de magia, a formar parte de los almendrones
mientras en las cooperativas las montañas de chatarra crecerán hasta
tocar el cielo.

Source: La ofensiva contra los almendrones CubanetCubanet –
www.cubanet.org/actualidad-destacados/la-ofensiva-contra-los-almendrones/

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