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Una polémica olvidada

Una polémica olvidada
Los comunistas solían ventilar los trapos más pecaminosos de la
intimidad en sus reuniones
Lunes, junio 12, 2017 | Tania Díaz Castro

LA HABANA, Cuba.- Llevo mucho tiempo con el deseo de contar una historia
que seguramente muchos no la sepan. Ahora mi viejo amigo y colega Ciro
Bianchi Ross me ha dado la idea, al publicar en Juventud Rebelde una
crónica sobre Carlos Rafael Rodríguez, un destacado comunista del siglo
pasado, famoso por su polémica “de faldas” con Joaquín Ordoqui, algo que
Ciro, amante del costumbrismo y de riesgosas historias periodísticas, es
incapaz de contar.

Ocurrió una mañana de enero de 1952, en el seno del local del Partido
Socialista Popular (PSP), la organización de los comunistas cubanos,
disuelta en 1960. Aquel día, a puertas cerradas, se reunió durante
largas horas la plana mayor del PSP, para analizar por qué la señora
Edith García Buchaca pretendía divorciarse de Carlos Rafael para casarse
con su amante.

El amante era nada menos que Joaquín Ordoqui, el más aguerrido comunista
de aquellos tiempos, un hombre que, de solo mirarlo —decían—, inspiraba
más que respeto.

Aun así, la bronca comenzó con una amenaza del esposo ultrajado: “Te voy
a pegar un tiro. Me has ofendido de muerte”.

Pero Ordoqui, sereno y seguro de sí, le respondió: “No me hagas reír,
muchacho. Tú sabes bien para qué servimos aquí cada quien y tú no sirves
para dar balazos”.

El Secretario General, Blas Roca, que escuchaba atento los alegatos de
los tres dirigentes comunistas implicados en el conflicto conyugal, le
reprochó a Edith que se enamorara como una colegiala, sin importarle su
posición en el partido, su pensamiento político, su esposo, sus hijas,
mientras el resto de los dirigentes, Juan Marinello, Nicolás Guillén,
Flavio Bravo, Manuel Luzardo, Salvador García Agüero, Lázaro Peña,
Aníbal Escalante, su hermano César y otros, escuchaban en silencio,
fumando con vehemencia.

La reunión se prolongó hasta el mediodía. Salían a relucir las
discrepancias políticas entre los jefes, sobre todo las de Jorge A. Vivó
contra Ordoqui.

Luego de seis horas, Carlos Rafael, al borde de la desesperación, lejos
de parecer un pensador agudo, un diplomático de lujo, un hombre
brillante, un economista de fuste, como lo calificó Bianchi, se levantó
iracundo y exclamó con los ojos hinchados de dolor: “¡He sido burlado en
mi honor de hombre por dos miembros de la dirección. Exijo que ambos
sean expulsados del Partido!”

Todo lo que ocurrió después pueden imaginarlo. Los dos rivales, a punto
de empuñar sus pistolas, fueron sujetados, mientras Carlitos, un joven
muy asustado, entraba al salón con una bandeja de tazas con café. Cuando
salió, exclamó preocupado a un chofer que esperaba en la puerta: Los
patrones tienen problemas.

Aquella reunión, que no le encuentro calificativo, seguramente no fue la
primera, ni la última, donde se ventilaron los trapos más pecaminosos de
la intimidad, en su afán porque imperara la moral ortodoxa entre ellos.

Durante los primeros tiempos de la dictadura comunista de los hermanos
Castro, también se celebraron reuniones similares.

Cientos de reuniones.

Una no tan vieja costumbre de estos seres que Dios trajo al mundo para,
ya en el poder, apoderarse de lo bueno que otro trabajó.

Muchas de aquellas reuniones se conocieron, otras quedaron en el olvido.
Así hasta un día que no se celebró ni una más, un día que no pudiéramos
precisar.

Teníamos de líder máximo a un sempiterno enamoradizo y como la Seguridad
del Estado siempre trató de mantener ocultas sus relaciones con mujeres,
incluso con extranjeras, nadie, ni siquiera los ministros reunidos en
pleno, hubieran podido reprocharle a Fidel sus aventuras amorosas, en
bien de la moral que pregonaba el gobierno.

Hasta los cantantes compusieron melodías con el tema de la “titimanía”
-personajes militares y civiles entrados en años con jovencitas-, y de
cayos y yates salían comentarios sobre las féminas de Fidel, ya fuera en
tierra o en mar.

Fue así que, sin darse cuenta, el Iluminado dio luz verde a la libertad
sexual del pueblo —quizás no todos se lo agradezcan— y se le hiciera
rechazo al matrimonio ante notario, justamente porque ese tipo de
casamiento no era cosa de proletarios. Tampoco de líderes máximos, como
se lo dio a entender a Oliver Stone, durante una entrevista.

Source: Una polémica olvidada CubanetCubanet –
www.cubanet.org/opiniones/una-polemica-olvidada/

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