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Democratizar el socialismo?

¿Democratizar el socialismo?
En lo que tratan de reflotar el socialismo, algunos sesudos le buscan
apellidos y nuevas interpretaciones a la democracia
Lunes, junio 12, 2017 | Luis Cino Álvarez

LA HABANA, Cuba.- Desde que el socialismo verde olivo entró en este
estado entre catatónico y comatoso en que se encuentra, por mucho que
los caciques y sus behiques prometan hacerlo próspero y sustentable,
han decidido hacerse escuchar los que como Pedro Campos o los
académicos metatrancosos de Cuba Posible, pretenden hallar fórmulas más
a la izquierda que las de los mandantes para perfeccionar el socialismo,
reinventarlo, haciéndolo democrático, participativo, cooperativo,
autogestionario.

Procuran beber de múltiples fuentes, aun si se contradicen, a ver si
hallan algo que les sirva: la NEP leninista, el trostkismo, la
autogestión de la Yugoslavia de Tito, el difuso pensamiento económico de
Che Guevara, el socialismo bolivariano del siglo XXI, el socialismo de
mercado chino, la Doi Moi vietnamita y hasta la Jamahiriya de Gaddafi.

Es un arduo ejercicio intelectual que luego de tantos años de desastres
por doquier, requiere ingentes cantidades de fe y paciencia.

En lo que tratan de poner a reflotar el socialismo, algunos sesudos,
como han hecho muchos, casi siempre con aviesas intenciones, desde los
tiempos del ágora ateniense, le buscan apellidos y nuevas
interpretaciones a la democracia.

Hace un tiempo hubo quienes hablaron de “socializar la democracia” para
conseguir la democratización del socialismo cubano. Proponían
decodificar las estructuras del Poder Popular para ponerlas
verdaderamente bajo el control del pueblo, y no del Partido Comunista,
“la fuerza dirigente y superior de la sociedad”, según la constitución
cubana, copiada casi al dedillo de la constitución estalinista de 1936 y
ligeramente retocada después, el socialismo irrevocable incluido.

No dudo que mejorarían las elecciones del Poder Popular sin la
presencia del Partido Comunista, que aunque asegura que no postula ni
elije a los candidatos, sí lo hace descaradamente a través de las
comisiones de candidatura y sus representantes que controlan a todos y
cada uno de los comités de base de las llamadas organizaciones de masas.

Pero aquella propuesta, como mismo retiraba el poder al Partido único,
descartaba las posibilidades de cualquier otro partido político que
pudiera surgir y sentenciaba, cual enunciada por un ventrílocuo
oficialista, que el pluripartidismo y la democracia representativa no
resolvería los problemas, sino que los complejizaría más.

Sé del desencanto que hay con los partidos tradicionales en el mundo, de
los afanes por la democracia participativa, etc., pero esas elecciones
sin partidos y sin un ápice de preparación cívico-ciudadana, que es como
estamos los cubanos al cabo de 58 años de dictadura, se me antoja que
serían una olla de grillos, una merienda de locos, de la que
difícilmente saldría algo útil y razonable.

Dicen los críticos de la República que en Cuba, antes de 1959, en las
elecciones, por obra y gracia de los politiqueros, había muertos que
votaban. En las elecciones del Poder Popular, además de los
absolutamente indiferentes y los francamente en contra pero que no
quieren señalarse y buscarse problemas, que son la inmensa mayoría,
votan, porque les llevan la boleta a la casa o al hospital, los bobos,
los decrépitos y los moribundos. Si socializan la democracia,
probablemente nadie vote. ¿Para qué?

Será muy difícil que los cubanos, por las amargas experiencias sufridas,
logremos vencer la desconfianza por las elecciones o cualquier otra
cosa a la que le endilguen el apellido “popular”.

Muchos atribuyen a la importación de experiencias foráneas y a su mala
digestión, el fracaso histórico cubano en alcanzar la democracia y la
prosperidad, “la frustración nacional en lo esencial político”, que
decía Lezama Lima.

Pero sucede que en política, todo —lo regular, lo malo y lo peor—,
tanto a la derecha como a la izquierda, se inventó y fue bautizado en
los dos siglos que discurrieron entre la toma de la Bastilla y el
derrumbe del Muro de Berlín. No hay más, lo otro es farsa y simulacro.

Para no importar modelos ajenos y ser verdaderamente auténticos, a los
cubanos que aun apuesten testarudamente por el socialismo, incluso para
después del castrismo, sólo les quedaría volver al comunismo primitivo
de los taínos y los siboneyes.

Viviríamos sin estructuras políticas, con poca ropa y mucho areito,
asentados en comunas agrícolas, dedicados a sembrar plátano, boniato y
moringa. Y para mejorar la alimentación, como el mar nos estará vedado
porque será de los turistas, los guardacostas y las perforadoras
petroleras, podremos pescar clarias, si es que para entonces no se han
acabado con tanta sequía y contaminación.

luicino2012@gmail.com

Source: ¿Democratizar el socialismo? CubanetCubanet –
www.cubanet.org/destacados/democratizar-el-socialismo/

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