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De peleador de perros a defensor de los animales

De peleador de perros a defensor de los animales
JOAN MANUEL NÚÑEZ DÍAZ | La Habana | 7 de Junio de 2017 – 17:30 CEST.

Es difícil creer que un hombre que ha sido organizador de peleas
clandestinas de perros sea capaz de convertirse en un activo defensor de
los animales, pero Raysé Cosculluela, residente del municipio artemiseño
de Bauta, lo ha hecho.

Por más de 25 años se dedicó a la cría, entrenamiento y pelea de perros
de manera ilegal. En su “currículum” cuenta la participación en varias
decenas de combates organizados y “charangas” (topes informales).

En sus perreras albergó y entrenó a muchos campeones. Nombres como
Chamán u Obelix le dieron fama y prestigio a nivel nacional, al punto de
ser considerado por muchos como uno de los mejores criadores y
entrenadores de perros de pelea de Cuba. Los consejos sobre el cuidado
de los canes brindados por el “Maestro”, como muchos en su entorno le
llamaron, se convirtieron en manual para sus seguidores dentro y fuera
del país.

En el patio de su maltrecha vivienda tuvieron lugar infinidad de justas
donde animales de toda Cuba intercambiaron dentelladas.

Cosculluela, de 53 años, decidió abandonar ese mundo luego de 11 cartas
de advertencia de la Policía y la inminente sanción de privación de
libertad.

Sin embargo, su afición por los perros no disminuyó, sino que le hizo
replantearse la finalidad con la que debía criarlos y cambiar su visión
sobre ellos.

Por medio de literatura especializada, comenzó a conocer más sobre las
razas, específicamente la Pitbull. Esto le llevó a intentar lograr que
sus perros pudieran realizar ejercicios como la mordida de presa en el
aire, recorridos con obstáculos, salto largo, salto alto y arrastre de
peso, que sustituyeron las peleas.

Cosculluela ha recibido muchas críticas por su cambio; pero “son más los
que me han apoyado y mostrado su admiración”, asegura. Actualmente
dirige un grupo de “perreros” e imparte talleres sobre el cuidado del
animal que incluyen temas como el de la endogamia, el uso de
desparasitantes, los tipos de sarna, entre otros. “Mi interés particular
es que se conozca” y “se hable de estos temas”, dice.

Con el apoyo del INDER y el Consejo de Administración Municipal, ha
organizado competencias con perros Pekineses y Ratoneros. En 2007
comenzó a organizar competencias de arrastre de peso con Pitbulls
consiguiendo gran atención. “Intento demostrar que otro uso de la raza
es posible”, explica.

Para Cosculluela la diferencia más significativa entre pelear perros y
lo que hace con ellos ahora reside en que antes la vida del perro
terminaba abruptamente y con sufrimiento.

En la modalidad deportiva el animal disfruta el ejercicio, además de que
no se atenta contra su integridad física. Estas competencias logran
atraer más público y seguidores, detalla.

El perro “es parte de mi familia, de mi casa… es parte de mi cuerpo”,
dice Cosculluela y detalla que cuando ha perdido alguno ha intentado no
volver a adoptar otro, pero el amor por estos animales es más fuerte.

Sin embargo, Cosculluela no solo cría perros; por su casa han pasado
desde cocodrilos e iguanas hasta gavilanes y pavorreales. La gente le
lleva los animales y, aunque no siempre puede quedarse con ellos, acoge
a la mayoría.

A muchos de esos animales los cuida un tiempo hasta que pueden valerse
por sí solos y luego los libera. Por lo que usualmente, siempre hay en
su casa varias especies.

Sus palomas llevan anillos en las patas donde se aprecia, además de la
bandera cubana, el tanque de la Conaca, símbolo de la identidad
bautense, y su número telefónico, pues conserva la esperanza de que de
que existan personas de buena fe que, en caso de extravío, se las devuelvan.

Actualmente cuida varias jutías conga y una carabalí, esta última muy
difícil de lograr en cautiverio. Recientemente tuvo que pagar una multa
de 250 pesos (unos 10 dólares) por tenerlas, pese a que la televisión
estatal han mostrado reportajes sobre cubanos que crían estos roedores.

Cosculluela dice que solo compra comida para sus palomas y gallinas. El
alimento del resto de sus animales se lo regalan amigos y vecinos.
Curiosos y niños de la localidad le visitan o simplemente se detienen a
contemplar su mini zoo. Él les habla sobre el cuidado de las especies.

En estos momentos tiene planificado ampliar las jaulas de los perros y
habilitar dos pajareras. “La idea es que las personas interactúen y que
cuando vengan los niños puedan intercambiar con los Pitbull”, dice.

Cosculluela se ha propuesto demostrar que “el Pitbull es víctima del
manejo humano”, que no es un perro de pelea por nacimiento, sino que el
entrenamiento malintencionado provoca su agresividad.

Otra de sus proyectos es practicar vasectomías y ligaduras gratuitas,
apoyado por la revista cubana El Arca, para reducir la densidad de gatos
y perros en las calles. Asimismo, planea una peregrinación al Cementerio
de Colón el próximo año, en la semana de la fidelidad del perro, para
abogar por una ley de protección animal.

“Creo que tengo una deuda impagable con la raza Pitbull”, confiesa. “No
me va a alcanzar la vida para pagarle el daño que le hice”.

Source: De peleador de perros a defensor de los animales | Diario de
Cuba – www.diariodecuba.com/cuba/1496410879_31598.html

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