Cuba Derechos Humanos

Céspedes, el “pueblo cárcel” de Joanna Columbié

Céspedes, el “pueblo cárcel” de Joanna Columbié
LUZ ESCOBAR, La Habana | Junio 08, 2017

El único ingenio azucarero que molió durante la pasada zafra está ahora
reducido al silencio, apenas roto por el pequeño tumulto de los
internautas en las tres zonas wifi recién abiertas en el municipio
camagüeyano de Céspedes. Así es el “pueblo cárcel” donde la activista
Joanna Columbié ha sido desterrada por las autoridades.

Desde que el pasado 2 de junio fue deportada de La Habana por la
Seguridad del Estado, la directora de la Academia 1010 y miembro del
Movimiento Somos+ tiene prohibido volver a la capital. Los oficiales que
la interrogaron durante una semana en el Centro de Detención Vivac le
advirtieron que si lo hace, la devolverán, una y otra vez, al poblado
donde tiene su residencia permanente.

Céspedes es como una trampa de estrechos barrotes. El barrio donde vive
Columbié está lleno de exmilitares y militantes del Partido Comunista.
Una buena parte la vigila y está pendiente de que no vuelva a su
activismo habanero. Muchos cuchichean cuando la ven pasar, porque el
“caso Joanna” ha roto la abulia del lugar y da pie a todo tipo de rumores.

El refrán de “pueblo chiquito infierno grande” encaja con lo que vive la
deportada. En Céspedes solo hay tres paladares, los más jóvenes se
quejan de que no existe ninguna discoteca y los fines de semana un viejo
ranchón se convierte en un improvisado centro nocturno. “La Alameda es
el único lugar donde hay cierto movimiento cultural”, aclara.

Ahora mismo, lo más trepidante que ocurre en el poblado es el regreso de
esa “díscola” vecina que se había ido para La Habana “a hacer política”,
advierten algunos vecinos consultados.

El retorno “ha atrasado mi trabajo y otros planes personales y voy a
tener que posponer o cambiar estrategias en los proyectos que estaba
realizando”, reconoce Columbié.

En la Academia independiente que dirige en La Habana se imparten
nociones de activismo, derechos humanos y conocimientos legales, pero la
opositora advierte que no hay límites geográficos que puedan detener su
trabajo. “El primer ciclo de clases lo dirigí desde Céspedes, así que
esto no va a cambiar la situación”, sostiene.

Salir de Céspedes no es fácil. Hay tres ómnibus locales que parten hacia
el cercano pueblo de Florida en la mañana, al mediodía y la noche. Los
transportistas privados no brindan servicio después de la seis de la
tarde y dentro del poblado todos se mueven en bicicleta y coches de
caballos.

Columbié confía en que su regreso a La Habana “no tarde mucho” y
pronuncia esas palabras con cierto dejo de picardía y misterio, a
sabiendas de que su línea telefónica es un canal abierto a otros oídos.
Aprovecha esa falta de privacidad para hacerles llegar el mensaje:
“Volveré”.

Al regreso forzado se le han sumado otras dificultades. A inicios de
este año la vivienda de Columbié fue robada y muchas de sus pertenencias
personales fueron saqueadas. La policía nunca encontró a los
perpetradores. Ahora se ve obligada a habitar bajo un techo donde faltan
hasta las sábanas sobre las que dormir.

Por suerte los ladrones no pudieron llevarse los sembrados de plátano,
aguacate y guayaba que se levantan en su jardín. Esos cultivos y todas
las experiencias que ha vivido en los últimos meses son el refugio
cuando se indigna por la injusticia de la que ha sido víctima.

Después de su encierro en El Vivac la policía le levantó un acta de
advertencia por actividad subversiva y propaganda enemiga. Este último
delito puede acarrear una sanción de privación de libertad de uno a ocho
años, según el Código Penal.

A quienes conocían a Joanna cuando trabajaba en Educación y era una
aplicada metodóloga que evaluaba profesores y planes de estudio, les
cuesta trabajo entender su transformación. Durante 14 años fue
investigadora y tutora de tesis de diploma. Recuerda haberse sentido
“muy satisfecha” en su empleo y lamenta que la hayan expulsado “por las
razones que lo hicieron”.

Con frecuencia se encuentra con excolegas y estudiantes de aquella
época. “Siguen en internet lo que está pasando con el Movimiento Somos+
y le dan un like en Facebook a algunas de nuestras publicaciones porque
la juventud está pensando un poco diferente”, dice Columbié.

A estos jóvenes destina su trabajo en la Academia 1010 porque “Cuba
necesita líderes preparados para un proceso de democratización”,
advierte. Una labor que ahora tendrá que hacer desde su encierro en
Céspedes, ese pueblo camagüeyano del que no puede salir.

Source: Céspedes, el “pueblo cárcel” de Joanna Columbié –
www.14ymedio.com/nacional/Cespedes-pueblo-carcel-Joanna-Columbie_0_2232376745.html

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