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La última gran batalla del castrismo

La última gran batalla del castrismo
Quien de veras se atrinchera en Miraflores es el régimen cubano
Martes, mayo 2, 2017 | Ernesto Santana Zaldívar

LA HABANA, Cuba.- Pudiera pensarse que la tragedia vergonzosa que exhibe
ante el mundo Venezuela en estos días no es más que la crisis provocada
por Nicolás Maduro y compañía, que no quieren dejar el gobierno, pero no
ocurre simplemente que el chavismo se aferre al poder. Quien de veras se
atrinchera en Miraflores es el régimen cubano. En Venezuela el castrismo
está librando su última gran batalla.

El imperio de opereta que quiso erigir Fidel Castro en este hemisferio
con ayuda de Chávez y sus petrodólares, máxima expresión histórica de la
perfecta idiotez latinoamericana, está llegando a su último acto entre
estertores bufonescos, delirantes, nauseabundos y, por desgracia,
también sangrientos.

El déspota cubano siempre tuvo dudas acerca del éxito duradero de una
federación regional de dictaduras —sustentadas por el petróleo
venezolano y controladas por agentes cubanos— que debieran someterse a
elecciones populares de cierta credibilidad, pero no tenía otra opción
para que sobreviviera su propio proyecto personal de satrapía.

No obstante, antes de morir, Fidel Castro fue testigo del principio del
fin de esta tragicomedia llamada Socialismo del siglo XXI, sabiendo que
su combate final se libraría en predios bolivarianos, su última
providencia salvadora. Si recordamos cómo reprochó a los soviéticos no
usar la fuerza para impedir la caída de aquel imperio, es obvio cómo
intentaría evitar la caída de la actual marioneta chavista.

En este escenario, por doquier hallamos la presencia o al menos las
huellas dactilares de los titiriteros cubanos que manejan la descomunal
farsa. Desde cada decisión económica hasta la hipertrofia militar,
pasando por el nuevo carnet de identidad o los “colectivos” de respuesta
rápida y por los discursos del “mandante” Maduro, con signos
inconfundibles como el engaño perenne, la insistencia en el error y la
ciega determinación represiva.

Cada eslogan, por cínico, ambiguo y falto de significado real, parece
arrancado de un letrero en alguna calle cubana. “La pelea es bailando”,
se burlan esos provocadores de una pelea que termina con la orden de
disparar sobre gente desarmada.

El irrespeto colosal por esos muchachos baleados por militares o por
paramilitares, cuando dice el grotesco tiranuelo que “la juventud no
puede ser llamada a quemar un hospital materno por 300 mil bolívares”, o
que ellos han muerto engañados por esa oligarquía que les paga de
acuerdo con la envergadura del acto vandálico que cometan.

La prensa cubana, aunque ha intentado no informar o desinformar
llanamente sobre lo que ocurre, ha tenido que hablar de ello y se
pregunta “¿cómo querer a una turba que incendia, desvalija comercios,
asesina adolescentes, que ataca un hospital materno infantil?”, y los
llama “rehenes (preñados de carencias materiales y del espíritu) de
fuerzas nacionales e imperiales que pagan pero desprecian”.

Tanto para el gobierno cubano como para el venezolano y sus cómplices,
la “derecha violenta y golpista” son millones de personas a las que ya
no les interesa izquierdas ni derechas —aunque muchos no quieran que les
impongan el socialismo—, porque lo principal para ellas es que ya no
acepten más tiranía y miseria, más corrupción y mentira.

Pero ese es el lenguaje que siempre ha privilegiado el castrismo, que
consiste básicamente en fanfarronear y echar basura sobre el enemigo.
Así desbarran los caciques bolivarianos y sus “enchufados” y el “pueblo”
que aparece en las entrevistas, siempre apoyando al grupo de gobierno,
siempre hablando en ese estilo de metralleta verborreica que tan bien
conocemos aquí.

Después de barbaridades como “golpe de estado parlamentario”, o “golpe
mediático” y hasta “golpe electoral”, hay académicos no cubanos, pero de
entraña fidelista, que son capaces de perpetrar algo tan desmesurado
como el término “terrorismo semiótico”, que es nada menos que las
opiniones contrarias al chavismo.

Y, sin embargo, la propia prensa cubana —aunque tratando de no alarmar
demasiado sobre las consecuencias aquí de una debacle allá— ha debido
reconocer que la situación es muy crítica. Dice una periodista: “Alguien
me comenta que solo un milagro salva a los venezolanos. Mi respuesta es
que este pueblo parece ir de milagro en milagro”.

Óliver Zamora Oria, que intenta emular con Randy Alonso en falsedad y
desfachatez, como si no hubiera visto a Maduro reconocer que habían sido
abatidos “jóvenes comprados y engañados por la derecha golpista”, se
atrevió a decir, moderando una Mesa Redonda: “Al final, los muertos
siempre los ponen los chavistas”.

Mientras, Telesur, que exalta a guerrillas colombianas, asesinos de ETA
y genocidas como Al-Asad, está cumpliendo a la perfección su misión de
joya de ese Sistema Informativo de la Televisión Cubana que tanto
hubiera admirado Goebbels, y ya es diestra en la desinformación pura, en
la mentira como piedra fundamental de la realidad descrita, en deformar
el idioma para que “terrorismo”, “amor”, “paz”, “democracia”, sean otra
cosa al tiempo que descalifica por todos los medios a cualquier persona
o entidad que no comulgue con sus patrañas.

Como en las redes circulan imágenes de las corajudas mujeres que
enfrentan el aparataje represor del gobierno, ahora las mujeres del
chavismo son convocadas nada menos que a una Tribuna Antimperialista.
Parece increíble tanta transparencia.

Ya Chávez había dicho hace años que le hubiera gustado que Venezuela
siguiera a Cuba en no permanecer a la OEA. Ahora, que la presión de los
países miembros de ese organismo aumenta y que por fin ha llegado la
orden desde La Habana, Maduro manda la salida de su país de esa
institución regional tan despreciada por estos pretendidos demócratas y
redentores.

Aunque es cuestión de tiempo la derrota del castrismo en esta batalla
venezolana, ese fracaso, como ha ocurrido en Cuba, ha de pagarlo el país
a un precio inconmensurable: la destrucción de la nación, la profunda
fractura de la sociedad, la secuela de heridas que perdurarán mucho en
el tiempo, además de un continuo éxodo de gente que huye de la hecatombe
y del daño y la muerte para muchos de sus hijos.

Source: La última gran batalla del castrismo CubanetCubanet –
www.cubanet.org/destacados/la-ultima-gran-batalla-del-castrismo/

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