Cuba Derechos Humanos

La anciana arrojada a la piscina y el músico cubano que vendía hamburguesas

La anciana arrojada a la piscina y el músico cubano que vendía hamburguesas
DANIEL SHOER ROTH
dshoer@elnuevoherald.com

Propongo una nueva asignatura obligatoria para el currículo escolar:
valores, etiqueta y buenos modales.

Los niños aprenderían reglas de cortesía, comportamiento social y normas
básicas de educación; de esa enseñanza que antaño provenía del hogar,
pero que en el Sur de Florida está en peligro de extinción. No solo
entre la juventud, sino, sobre todo, entre la población adulta que
sienta el ejemplo: individuos irresponsables, arbitrarios y descorteses.
Para muestra un botón: las carreteras, bastiones de la tiranía ciudadana.

Un insólito video que se hizo viral en la internet esta semana expone
esa cultura local del irrespeto, la falta de consideración y de
sensibilidad. En un complejo residencial en North Lauderdale, un
cuantioso grupo de adolescentes desenfrenados celebraba alrededor de la
piscina con música estridente, trasgrediendo las reglas establecidas
para el uso de la instalación. La tesorera de la asociación de vecinos
fue alertada del despelote en la fiesta convocada sin permiso de la
administración.

Acompañada por dos pequeños perros y con dificultad para caminar, Nancy
James, de 68 años, se aproximó a pedir que bajaran el volumen y pusieran
orden. Lejos de atenderla y escucharla con el respeto que amerita una
mujer de la tercera edad, los adolescentes empezaron a burlarse
vulgarmente y a grabarla con sus teléfonos móviles.

De pronto, un joven muy alto de 16 años la embistió brutalmente, la alzó
por la cintura, resbaló y ambos cayeron, golpeándose duro contra el
pavimento. El agresor la arrastró como un saco de papas hacia la piscina
y la arrojó al agua mientras los demás adolescentes gritaban con
euforia, indiferentes al sufrimiento humano. Conscientes de su fechoría,
huyeron corriendo del lugar.

Nadie intervino en este nuevo episodio de la barbarie urbana prevalente
en nuestras comunidades. “Fue algo muy cruel lo que hizo ese chico”,
declaró James, mostrando su cuerpo todo amoratado. Imputado por agresión
contra una persona mayor de 65 años, el estudiante de la Secundaria
Coral Springs fue condenado a tres semanas de arresto domiciliario.

Si la irreverencia a los ancianos despierta indignación, la deferencia a
las canas de su sabiduría cosecha alegrías.

Dotado de un don prodigioso en la voz y egresado de un conservatorio en
su natal Santiago de Cuba, Edgar Sanfeliz-Botta se había resignado a
vender hamburguesas míseramente en un McDonald’s de Sunset Drive; le
habían insinuado que moriría de hambre en Miami si trataba de perpetuar
sus sueños artísticos. En cambio, vendiendo comida chatarra podía ayudar
a sus familiares a salir de la isla.

Hasta que una clienta antojada por una ensalada de pollo César escuchó
en la ventanilla de servicio la voz angelical del alicaído joven
entonando la delicia de La bella durmiente. La casi octogenaria Roberta
David había descubierto un talento autocensurado. A fin de conocerlo
mejor, volvió en dos ocasiones al restaurante; luego no logró
localizarlo por cambio de turno. Perseverante en sus esfuerzos, la
directora profesional de coros jubilada acabó dejándole una tarjeta de
Navidad con un cariñoso saludo, su número de teléfono y un billete de $20.

Posteriormente, obediente a sus consejos, el contratenor cubano se
integró al coro de la iglesia metodista a la que pertenece David, obtuvo
una beca y se licenció en Música Lírica en la Universidad Internacional
de la Florida. “Nos dimos cuenta de que nos habíamos ganado la lotería
musical con Edgar”, afirmó el presidente de la institución durante el
acto de graduación la semana pasada.

Aunque los contextos de ambos hechos son indiscutiblemente heterogéneos,
así como sus desenlaces, la concurrencia casi simultánea de la
graduación y la fiesta en la piscina nos proporciona a los habitantes
del Sur de Florida una hermosa moraleja para celebrar el Día de la
Madre: a las mujeres mayores hay que respetarlas, no solo por su
dignidad, sino también por la nuestra.

En vida o póstumamente, nuestras abuelas merecen todo honor y
admiración, hoy, mañana y siempre.

Escritor venezolano, periodista, biógrafo y cronista de Miami.

Source: La anciana arrojada a la piscina y el músico cubano que vendía
hamburguesas | El Nuevo Herald –
www.elnuevoherald.com/opinion-es/article150203597.html

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