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El ‘Gerolán’ de Raúl Castro

El ‘Gerolán’ de Raúl Castro
¿Cuánto cobrará de retiro por su servicio activo en el Ejército?
Lunes, mayo 29, 2017 | Alberto Méndez Castelló

LAS TUNAS, Cuba.- El general Raúl Castro ha narrado en diferentes
ocasiones cómo en diciembre de 1958, a punto de caer la dictadura del
general Fulgencio Batista, junto al coronel Rego Rubido, jefe de la
plaza militar de Santiago de Cuba, llegó al Cuartel Moncada para
convencer a los soldados allí acantonados de la inutilidad de proseguir
combatiendo en aquella guerra fratricida.

Según Raúl Castro, antes de poder dirigirse a los soldados, éstos
comenzaron a exclamar: “¡Gerolán! ¡Gerolán! ¡Gerolán…!”

Como Gerolán era un compuesto vitamínico reconstituyente del tipo B,
fortalecido con hierro, muy usado y ampliamente publicitado en Cuba por
esa época, preguntó a los oficiales qué querían decir los soldados del
regimiento acuartelados en el Moncada con aquello de “¡Gerolán!”.

Un oficial dijo a Raúl Castro que así llamaban los soldados al
sobresueldo o prima sobre el salario por la participación en acciones
combativas, dineros que no habían recibido durante meses de guerra, y
ahora reclamaban a las nuevas autoridades próximas a instalarse en el poder.

Según un historiador, Raúl Castro prometió a los soldados que hasta ese
instante habían defendido la dictadura del general Batista el
sobresueldo pendiente, asegurándoles que la “guerra entre cubanos” había
concluido.

Pero ni la guerra entre cubanos concluyó aquel ya lejano día de
diciembre de 1958, ni los sobresueldos a los militares cubanos
concluyeron con aquel “Gerolán” exigido por los soldados en el Cuartel
Moncada previo a su rendición.

Cual jugarreta del destino, una especie de Gerolán fortificante por
estos días circula entre los militares castristas como en su momento
animó a los soldados batistianos en su último mes en Santiago de Cuba.

Precisamente también en diciembre, pero ahora de 2016, el general Raúl
Castro firmó el Decreto Ley No. 344 sobre el régimen especial de
seguridad social de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), para que
esa legislación “responda a las actuales exigencias y garantice a partir
de las características propias de esa institución, un tratamiento
adecuado al militar y a su familia.”

El asunto no es nuevo. Aunque también el general Raúl Castro ha repetido
que ser miembro de las FAR no significa “un medio de vida” sino un
sentido de la vida, desde hace muchísimos años los militares cubanos
vienen disfrutando de condiciones privilegiadas, incluso, respecto a
profesionales muy calificados, concerniente a salarios, viviendas,
transporte, asignaciones de comestibles y bebidas, seguridad social y no
pocas dádivas, según la nomenclatura, atendiendo a las exigencias de
“una alta disposición combativa” y por los “constantes sacrificios en
que se desarrolla el servicio militar.”

Respecto a “la alta disposición combativa” y los constantes
“sacrificios” que desarrollan los militares cubanos, no resulta ocioso
retrotraernos a la Causa Uno de 1989, seguida contra el general Arnaldo
Ochoa y demás implicados, quienes por afición o puro gusto de
coleccionistas, poseían 186 armas de fuego en sus casas, desde
antiquísimas escopetas y viejos rifles hasta modernos fusiles de asalto,
lo que hizo al fiscal Juan Escalona preguntar: “Para cumplir las
funciones de este departamento (MC) no hacía falta estar rodeados de
tantas armas ¿no?”, a lo que respondió el teniente coronel Álvarez Lugo,
jefe del departamento de investigaciones de la seguridad del Estado:
“Compañero Fiscal, ya se me perdió de la memoria la última vez que nos
atacaron los yanquis con armas de fuego”.

Según un ingeniero consultado, sólo en los centrales azucareros, a
consecuencia de las técnicas operacionales, los deficientes medios de
protección y la maquinaria obsoleta, “los obreros corren más peligro que
si atravesaran un campo minado o permanecieran bajo fuego artillero”,
riesgos que no corren los militares cubanos desde los ya lejanos días de
las guerras en África.

Pero si las pensiones de los militares castristas pueden alcanzar hasta
el 90% del último salario mensual recibido según los años de servicio,
que en condiciones especiales se computan de tres meses a mes y medio
por cada mes de servicio, y estos son los casos de los comandantes de la
revolución, el generalato, las tripulaciones de aviones, helicópteros,
buques, lanchas, submarinos, paracaidistas, buzos, soldados de tropas
especiales y empleos de riesgos similares, y en caso de ellos fallecer
la viuda, el viudo o los huérfanos de concurrir en ellos el derecho, es,
el período para acreditar el servicio activo en el caso de jubilación,
incapacidad o fallecimiento, lo que beneficia a los “combatientes de la
revolución cubana” y sus familiares, como pese y toda la generosidad de
aquellos emolumentos, se beneficiaron los veteranos del Ejército Libertador.

“Por acuerdo del Primer Consejo de Gobierno del 16 de septiembre de
1896, a todos los miembros del Ejército Libertador se les asignó un
salario mensual que oscilaba entre 500 pesos para el Mayor General y 30
pesos para los soldados. Pero ese dinero sólo lo recibirían en la
República, de acuerdo con los años de servicio activo”, dice el doctor
en Ciencias Históricas Francisco Pérez Guzmán en su libro Radiografía
del Ejército Libertador, 1895-1898.

Y el doctor Pérez Guzmán se refiere a “años de servicio activo”
naturales, o dicho de otro modo, años de doce meses, no a años donde los
meses de servicio son multiplicados por tres.

El generalísimo Máximo Gómez Báez, que dirigió como sargento la primera
carga al machete en la Guerra de los Diez Años (1868-1878), y luego de
30 años de guerras y penurias entró a La Habana como General en Jefe del
Ejército Libertador, como máximo recibió veintiún mil pesos, menos de
mil pesos como compensación por años de guerra y de destierro de él y de
su familia.

Por sólo citar un ejemplo, según los artículo 11, inciso a) y 14, inciso
a) del Decreto Ley No. 344, en los casos del general Raúl Castro y del
comandante Ramiro Valdés, participantes en el asalto al Cuartel Moncada,
el día que ellos decidan jubilarse, el tiempo de servicio militar activo
deberá comenzar a computárseles a razón de tres meses por cada mes de
servicio “desde el 26 de julio de 1953 hasta la fecha de jubilación”.

Si algún lector, no importa cuán lejos esté de tierra cubana, escucha
voces como si desde el Cuartel Moncada en Santiago de Cuba gritaran
“¡Gerolán! ¡Gerolán…!”, quizás estas no sean exclamaciones alucinadas y
sea el regreso del Gerolán del ejército del general Batista al ejército
del general Castro.

Source: El ‘Gerolán’ de Raúl Castro CubanetCubanet –
www.cubanet.org/opiniones/el-gerolan-de-raul-castro/

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