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Catalina y la feria del sábado

Catalina y la feria del sábado
FRANK CORREA | La Habana | 28 de Febrero de 2017 – 08:55 CET.

Catalina es maestra de una escuela primaria en Jaimanitas. La mañana del
sábado la pasó en una cola de CADECA, para extraer dinero de la tarjeta.
Pero al llegar su turno, la empleada le dijo que la máquina estaba rota.

“¿Y ustedes no pueden poner un cartel allá afuera, que informe a la
gente el problema… y así cuidarle su tiempo y su salud?”, preguntó ella.

La maestra ha perdido lo mejor de la mañana en una cola por gusto. Dice
que la ineficiencia está matando a este país y no es culpa del bloqueo,
ni de los americanos, ¡es de la gente!, que según sus palabras, “está
momeada… no generan…”. Catalina declara que necesitaba mucho sacar ese
dinero temprano, para comprar en la feria agropecuaria los productos que
no encuentra el resto de la semana.

La feria consiste en varios camiones particulares que vienen todos los
sábados desde el municipio Alquízar a vender. La población se aglomera y
carga ese día limones, orégano, hojas de laurel, comino, canela, naranja
agria, pimienta, vinagre, vino seco y una docena de productos más que
son una quimera en muchos sitios de La Habana.

En los camiones de Alquízar también llegan trabajadores por cuenta
propia a vender otros productos que tampoco existen en Jaimanitas:
percheros, ratoneras, zapateras, trapos de cocina, globos de cumpleaños,
junta de ollas, estropajo de fregar, jabitas, vasos plásticos, palitos
de tendedera, carteras, servilletas de telas, manteles de nylon,
machacadores de ajo, exprimidores de limón, cuchillos…

La gente se levanta temprano, y va a la feria a cargar. Y aunque los
precios están por las nubes en comparación con los bajos salarios, las
personas siempre se las ingenian para ese día tener “las balas” y
comprar las vituallas que necesitan.

Pero las balas de Catalina estaban apresadas de manera digital en la
tarjeta del banco. Y corrió al cajero automático de Tercera y 234, el
único que existe en Jaimanitas, y grande fue su decepción cuando al
llegar el custodio le dijo: “Está roto desde ayer. Parece que la cosa es
pa’ rato”.

La maestra se sintió derrotada, y perdida. Pero de pronto se irguió
sobre su estatura y dijo que no se daría por vencida. Tomaría un ómnibus
hasta la segunda rotonda de Playa, donde hay un cajero que siempre
funciona.

“Aunque tengo dos obstáculos adicionales que vencer”, reconoció. “El
primero, que el transporte esté bueno y pueda hacer la extracción
rápido, y el segundo, que cuando regrese la feria no haya recogido los
cheles.”

Al final, perdió la mañana en una cola inútil, le subió la presión
producto de la rabia, tuvo todo el día el azúcar baja por no seguir su
dieta, y terminó esa noche en el policlínico, dándose aerosol por falta
de aire porque regresó en un ómnibus lleno, donde la machucaron, la
“cacharrearon” y casi la asfixiaron.

“Por suerte no me carterearon”, dice Catalina. “Como sucedió a una mujer
que viajaba detrás y le llevaron el monedero… Sus gritos de dolor daban
grima… De todas formas, el viaje fue inservible. Aunque logré regresar a
tiempo a la feria, las cosas que necesitaba se habían acabado ya”.

Y ahora, hasta el otro sábado.

Source: Catalina y la feria del sábado | Diario de Cuba –
www.diariodecuba.com/cuba/1488239243_29277.html

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