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Preguntas como pedradas

Preguntas como pedradas
REINALDO ESCOBAR, Miami | Julio 04, 2016

Desde hace más de dos años, el programa El Espejo, emitido por América
TeVé, cuenta con la conducción del periodista cubano Juan Manuel Cao. En
ese espacio abundan las informaciones, las opiniones, los debates y
especialmente entrevistas donde, con mucha frecuencia, aflora el tema de
Cuba.

Cao, por nacer en 1961, es un cubano educado bajo el actual sistema: fue
pionero, participó de las escuelas al campo, estuvo becado, vivió de la
libreta de racionamiento, hizo innumerables colas y sabe lo que es
viajar colgado de la puerta de un ómnibus repleto. Para completar sus
vivencias cubanas pasó dos años en prisión acusado de propaganda
enemiga, finalmente emigró. En su libro El impertinente (2015) aparecen
sorprendentes relatos de su vida profesional.

El 21 de julio de 2006, mientras cubría la XXX Cumbre de Mercosur que se
realizaba en Córdoba (Argentina), tuvo un encuentro cercano con Fidel
Castro y lo aprovechó para demandarle la liberación de una notable
científica cubana, la doctora Hilda Molina, a quien el Gobierno no le
permitía salir de la Isla.

Pregunta. Pocos días después de su encuentro con Fidel Castro se dio a
conocer la “Proclama del comandante en jefe al pueblo de Cuba” donde él
renuncia a todos sus cargos por motivos de salud. Algunos ven el
disgusto que usted le ocasionó como la causa directa de aquella
situación. Diez años después, ¿cómo evalúa aquel episodio?

Respuesta. El pueblo cubano, al que pertenecemos, se mueve mucho entre
la seriedad y el choteo. Esa afirmación es una exageración. El 30 de
julio de 2006, poco después de que Fidel Castro hiciera su anuncio,
llegué a la calle 8 y me encontré entre los letreros uno que decía “Cao
le dio Kao” y otros similares, entre la seriedad y la broma. Con los
años la gente ha seguido repitiendo esa leyenda y todavía me asombra.

P. Pero lo cierto es que cuando él anuncia su enfermedad menciona “el
enorme esfuerzo realizado para visitar la ciudad argentina de Córdoba”,
entre las razones para que su salud “que ha resistido todas las pruebas,
se sometiera a un estrés extremo, y se quebrantara”.

R. Sí, recuerdo que es eso lo que dice, pero pienso que se refiere a un
incidente con el presidente Kirchner y con su esposa Cristina, quien
entonces era la primera dama. Hay que recordar que Fidel Castro no tenía
intenciones de participar en aquella Cumbre de Mercosur, pero asistió
porque Hugo Chávez lo invitó. Hoy se sabe que estando en pleno vuelo
recibió un mensaje firmado por el presidente argentino donde (por
iniciativa de Cristina) le pedía que permitiera a la doctora Hilda
Molina viajar a Argentina para encontrarse con sus familiares.

Dicen que se molestó tanto que estuvo a punto de dar la orden de que el
avión virara hacia La Habana. No lo hizo porque fue el propio Chávez
quien lo persuadió de que debía participar en el evento.

P. Pero el desencuentro se limitó a ese mensaje, ¿no es así?

R. No exactamente. En la primera cena oficial ofrecida en honor a los
mandatarios no asiste Fidel Castro, y no solo eso, sino que le pide a
Chávez, a Lula y a Evo Morales que no vayan. Como resultado de ese
sabotaje hubo que llenar los espacios con figuras de segunda línea del
Gobierno para que las ausencias no se notaran tanto. Cristina montó en
cólera y amenazó con irse a La Habana a reunirse con las Damas de
Blanco. La situación se puso muy tensa.

P. ¿Puede contar los detalles del encuentro?

R. Como es sabido, a los periodistas cubanos no se les permite acercase
a los altos jefes del Gobierno. Ni siquiera a los oficiales. Una
entrevista como la que Castro le concedió en 1977 a Bárbara Walter no se
la ha dado a ningún periodista cubano, ni siquiera de la prensa oficial.
Entonces, cuando surge una oportunidad solo queda hacer preguntas de
barricada, que son como pedradas lanzadas a grito limpio.

Ese día estaba previsto hacer la tradicional foto de familia con todos
los mandatarios y de pronto se armó un gran desorden que propició que al
salón entraran no solo fotógrafos sino varios reporteros. Poco antes ya
le había hecho la pregunta a Carlos Lage e hice un intento con el
canciller Felipe Pérez Roque, pero sin resultados.

P. ¿Y por qué tenía usted tanto interés por la doctora Hilda Molina?
¿Acaso no había preguntas más “periodísticas”?

R. La pregunta correcta, desde el punto de vista informativo, hubiera
sido qué hacía Cuba en el Mercosur y seguramente había otras más
interesantes. A mi regreso casi nadie mencionó el asunto en Miami.

P. ¿Recuerda cómo formuló aquella pregunta y por qué fue considerada
como un ataque?

R. Hace tiempo, entre los periodistas del exilio hay un debate sobre
cómo llamar a Fidel Castro. Uno parece un tonto gritando como los demás
“Fidel, Fidel” o un soldado subordinado diciéndole “comandante”. Yo opté
por omitir cualquier apelativo y le dije directamente: “¿A la doctora
Hilda Molina, por qué no la libera, por qué no la deja reunirse con sus
nietos?” En ese momento desconocía los antecedentes de que los Kirchner
se lo habían pedido, era solo la pregunta que se me ocurrió hacer en
medio de una batalla con otros periodistas para que se me escuchara.

P. ¿Cómo describe la reacción de Fidel Castro?

R. Inicialmente solo preguntó mi nombre y le dije: “Yo me llamo Juan
Manuel Cao, soy cubano”. Y entonces, como vi que me estaba atendiendo,
le repetí la pregunta sobre la doctora Molina, a lo que él respondió:
“¿A ti quién te paga por venir a hacer preguntas como esa?” Solo alcancé
a decirle que ese era mi trabajo, que nadie me pagaba por hacer esa
pregunta. Casi de inmediato me sacaron del lugar. Luego supe que
justificó su ausencia a otra cita arguyendo que mis amigos podrían
prepararle un atentado. También ocurrió un hecho muy simpático. Otro
periodista, creo que argentino, le preguntó si ya tenía preparada su
transición para dejar el poder y Castro se confunde y cree que ese
periodista soy yo y entra en una auténtica crisis de ira que motiva que
sus asistentes lo saquen casi arrastrándolo de la presencia de la
prensa. Todo está grabado y se encuentra en YouTube.

P. ¿Para quién trabajaba en ese momento?

R. Desde 1992 yo trabajaba en Telemundo y en ese momento empezaba en
América Tevé. Yo no quería ir, en realdad estaba cansado de tener que
escuchar las mismas mentiras, las mismas justificaciones. Miguel Cosío,
que era el director de noticias, fue quien me insistió para que fuera a
la Cumbre de Mercosur

P. ¿Si tuviera la oportunidad de encontrarse ahora con Raúl Castro qué
le preguntaría?

R. ¿Por qué si ustedes están tan confiados de tener el apoyo popular no
realizan elecciones competitivas? También podría preguntarle por qué no
se acaban de declarar ya como una monarquía hereditaria…

P. Después de casi 28 años de ausencia, ¿le gustaría volver a Cuba?

R. No tendría sentido que me dejaran entrar si no se permite que entren
mis libros, mis opiniones, mis reportajes de televisión. Quiero ingresar
como un ser completo, no me interesa llegar físicamente a Cuba si no
puedo entrar espiritualmente. Es eso o nada.

P. ¿No tiene nostalgia?.

R. No tengo nostalgia. Acabo de conocer una nueva canción del grupo
Orishas. Da la impresión de que el Malecón, el mar, el color del cielo,
las palmas son más importantes que el derecho a hablar, el derecho a
reunirse con otros, a discutir. A lo mejor se ve muy frío de mi parte,
pero a mí me parece una nostalgia barata, tonta, frívola. He visto en
otras latitudes cielos más azules que los de Cuba y por eso no dejo de
ser cubano. Casi 30 años después de haber salido de la Isla hoy sé de
historia y de realidad cubana más de lo que supiera si no estuviera
lejos. Afuera, aquí, he encontrado información para sentirme más cubano

P. ¿Y si se dieran los cambios necesarios en Cuba, entonces sí regresaría?

R. Entonces habría que preguntarle a la sociedad cubana si tiene interés
en que alguien como yo se reinserte en ella.

Source: Preguntas como pedradas –
www.14ymedio.com/entrevista/Preguntas-pedradas_0_2028997081.html

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