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Freud y el CENESEX

Freud y el CENESEX
Un error que Mariela Castro dejó pasar a mediados de los años noventa
Jueves, junio 30, 2016 | Roberto Jesús Quiñones Haces

GUANTÁNAMO, Cuba.- Cuando se habla del discurso que pronunció Fidel
Castro ante un grupo de intelectuales en la Biblioteca Nacional José
Martí el 30 de junio de 1961, conocido como “Palabras a los
intelectuales”, inevitablemente vienen a la mente numerosos casos de
censura a obras y creadores vinculados al mundo de la cultura. Pero no
ha sido solamente en ese ámbito donde ésta se ha practicado.

En un encuentro que sostuve recientemente con varios intelectuales
habaneros, entre los que estaba un psicólogo, este se refirió a un
insólito caso de censura del que poco o nada se sabe, a pesar de haber
ocurrido en 1995 y de su indudable costo económico.

El psicólogo, que entonces trabajaba en el CENESEX (Centro Nacional para
la Educación Sexual), contó que en el número 3 de la revista Sexología y
Sociedad, correspondiente a diciembre de 1995, primer año de la
publicación que editaba dicho centro, fue publicado un artículo titulado
“Freud en La Habana”, del conocido profesor Manuel Calviño, el cual fue
extraído de la revista y quemado.

Después la revista fue reenviada a la imprenta para que se imprimiera
otro artículo y se colocara justamente el lugar que antes había ocupado
el texto del distinguido profesor. Cuando fue autorizada a circular, el
nuevo artículo apareció en la página 20 con el título “Proyecto
adolescencia hoy”, de la Licenciada Élcida Álvarez Carril. Pero se
cometió un error.

La historia es tan rocambolesca que cuando el psicólogo terminó de
contarla le dije que si no lo veía no lo creía.

Entonces me propuso ir hasta su casa, cercana al lugar donde estábamos.
Allí me mostró con un evidente tufillo de triunfo dos revistas que, por
sus portadas eran la misma, pero según los artículos publicados en la
página 20 de cada una, diferentes.

Interesado en la historia leí íntegramente el artículo del profesor para
tratar de entender el motivo de la censura. Así supe que éste parte del
supuesto de lo que habría ocurrido si el viaje que Freud hizo entre
agosto y septiembre de 1909 a los EE.UU, acompañado de sus colegas y
discípulos Sandor Ferenczi y Carl Jung, a bordo del trasatlántico alemán
“George Washington”, hubiera sido en 1995 y antes de llegar a su destino
los ilustres viajeros hubieran hecho una escala de 24 horas en La Habana.

Calviño refiere que, de haber ocurrido eso, Freud habría comprobado en
las calles de la capital el erotismo de la mujer cubana, expuesto en su
forma de caminar y de vestirse, asegurando que ese cuerpo “ha sido
moldeado por una cultura que valoriza las zonas erógenas tanto o más que
las pensantes, que concede a la geografía física un lenguaje superior al
de las palabras”.

Igualmente escribió que al autor de la teoría del psicoanálisis lo
habría desconcertado la casi total ausencia de represión en el
comportamiento sexual del cubano, un ser que vive abiertamente su
sexualidad. Más adelante afirmó: “La homofobia del cubano es casi tan
famosa como su fogosidad y su machismo. Lo estamos superando, se escucha
decir una y otra vez. Y es cierto. Pero aún está ahí, y con no poca salud”.

Luego de escribir sobre el erotismo de los bailes cubanos el profesor se
explayó en este análisis de singular agudeza: “En la sexualidad del
cubano de hoy hay bastante de aquella obsesión, que no responde a
represiones actuales, sino históricas, a represiones que dejaron sus
marcas en ese sexualizarlo todo. Es como no perder ni una oportunidad en
el baile, en el chiste, en la simple conversación entre amigos, hasta en
el discurso político-simbólico (no olvidar que durante los primeros años
de la Revolución al máximo líder del país le decían popularmente El
Caballo, que además de ser el número uno de la charada –juego de azar
que era tremendamente popular en Cuba– es la viva imagen de la
virilidad, del dominio y del apetito sexual, El Machazo. El mismo Freud
identificó con un caballo la imagen pulsional instintiva de la fuerza y
energía libidinal del Ello”.

Según el psicólogo, aunque no ha trascendido el nombre de quien le llevó
la revista a Vilma Espín, se supone que fue su hija Mariela Castro
Espín, entonces miembro del Consejo de Redacción de la revista y hoy
directora del CENESEX.

Vilma consideró políticamente incorrecto el artículo y fue –según el
declarante– quien dio la orden de que se procediera de la forma antes
relatada.

Sólo la revista que él posee y otras pocas sustraídas por sendos colegas
del lugar quedaron como pruebas contundentes de la censura, me dijo. Y
añadió, refiriéndose al número censurado: “Esta revista vale mucho”.

Me permitió fotografiar las revistas no sin antes decirme
admonitoriamente: “Fotografía todo lo que quieras pero a mí no me
menciones”. Luego, con una sonrisa pícara me preguntó: “¿Te diste cuenta
del error?”, recordando lo que me había contado abrí nuevamente la
revista que fue autorizada a circular y comprobé que en el sumario se
citaba como publicado en la página 20 el artículo de Calviño. Ese
dislate quedó como una prueba más de esta censura desconocida.

Source: Freud y el CENESEX | Cubanet –
www.cubanet.org/opiniones/freud-y-el-cenesex/

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