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Turismo para nacionales, los rostros del engaño

Turismo para nacionales, los rostros del engaño
Los cubanos en la Isla no se pueden permitir la fantasía de “vacacionar”
de igual a igual con los extranjeros
martes, junio 16, 2015 | Ernesto Pérez Chang

LA HABANA, Cuba. – A juzgar por la avalancha de programas televisivos
que en las últimas semanas han sido dedicados al llamado “turismo para
nacionales”, en Cuba todas las familias cuentan con ingresos suficientes
para convertirse en el principal mercado para los grupos hoteleros y
balnearios de la isla.

Varias Mesas Redondas con la participación de ministros, viceministros y
directores de empresas, todos vinculados al sector turístico, además de
extensos reportajes en el Noticiero Nacional de la Televisión Cubana,
detallan las ofertas para este próximo verano, presentan las campañas de
promoción en hoteles y centros comerciales, y exhortan a la “familia
cubana” a reservar cuanto antes debido a la alta demanda.

El maratón propagandístico da la sensación de que las economías al
interior de nuestros hogares marchan viento en popa y que este país,
repleto de multitudes que viven por debajo de los límites de la pobreza,
solo existe en la “propaganda enemiga”.

Según puede comprobar quien lo desee, al interior de esos mismos centros
turísticos “abiertos a todos”, es difícil encontrar huéspedes del patio.
Sin embargo, a las puertas de los hoteles se pueden recoger testimonios
de gente que ni en sueños se permite la fantasía de “vacacionar” de
igual a igual con los extranjeros.

Aunque muchos parecieran indigentes o personas que deben su pobreza a un
espíritu poco emprendedor, intercambiar palabras con cualquiera de esos
vendedores ambulantes y buscavidas que abundan en las calles de Cuba
puede descubrirnos que se trata de los mismos hombres y mujeres, obreros
y profesionales, que alguna vez creyeron en ese perenne “sacrificio por
el futuro” demandado por esos mismos gobernantes que hoy, al hablarles
de vacaciones y accesibilidad plenas en medio de las miserias
cotidianas, les inoculan la sensación de fracaso personal.

Manolo, un vendedor callejero con el que conversamos en una esquina del
Paseo del Prado nos comenta: “Trabajé toda mi vida, fui a la zafra
cuando hizo falta, estuve en todas las movilizaciones y fui vanguardia
durante muchísimos años y no tengo nada. (…) La jubilación no me
alcanza, como a casi todo el mundo. ¿Cómo voy a pensar en vacaciones?
Una sola vez, en el [19]83, pude ir a una casa en la playa en Guanabo,
una semana, y ya no me acuerdo ni por qué fue. Las vacaciones son para
los ricos, y en este país casi todo el mundo es pobre, así que no sé de
qué hablan en la televisión. Bueno, ahí dicen cualquier cosa. Mi hijo me
dice que si quiero comer todo eso de que hablan en el televisor, tengo
que poner una jaba debajo, porque solo existen en el noticiero”.

La experiencia de Manolo es similar a la miles, tal vez millones, de
cubanos. Recopilar testimonios sobre el asunto no se hace difícil y esto
lo convierte en mucho más dramático.

Germán, otro anciano jubilado que vende jabas de plástico en las calles
de la Habana Vieja, pudiera dar la impresión de que perdió su tiempo
cuando joven y que no se esforzó para alcanzar mayor bienestar en su
vejez, sin embargo, como cualquier cubano decente creyó en el trabajo
como única fuente de prosperidad y en la actualidad se siente
defraudado. Unas vacaciones en una de esas instalaciones turísticas
promovidas como destino vacacional por el mismo gobierno, son un
verdadero lujo: “¿Y qué hago después? En esas cosas es mejor ni pensar.
(…) Yo nunca hago caso a lo que dicen en la televisión. Ellos tienen su
país y nosotros, el nuestro”, me dice Germán.

Estos son los precios para julio y agosto de este año. Pocos cubanos
podrán pagarlos. Imagen de la página de Cubanacán (cortesía del autor)

En complicidad con los periodistas que se prestan a enmascarar la
verdadera realidad de un país donde la palabra “vacaciones” ha sido
vaciada de todo sentido, los funcionarios del gobierno tienen la
desfachatez de hablar de “precios asequibles”, de sobreventas y de “alta
demanda” en un escenario donde los salarios íntegros de todo un año de
trabajo de un profesional honesto no alcanza ni para disfrutar de apenas
un día en un hotel de Cayo Coco o de Varadero, dos de los destinos que,
según la prensa oficialista y las máximas autoridades del turismo en
Cuba, “se encuentran entre los más demandados por el turista nacional
para los venideros meses de julio y agosto, época en que los cubanos
representan el 45 por ciento de los vacacionistas”. Las estadísticas del
MINTUR, contrastadas con el duro día a día de los cubanos, resultan
ofensivas.

Una breve visita a cualquiera de las páginas en internet donde empresas
como Cubanacán o Islazul promocionan sus productos para el verano,
dirigidos al “mercado nacional”, dejan ver cuán “baratas” pueden
resultar las ofertas incluso para esos mismos reporteros oficialistas
que apenas reciben poco más de 20 dólares por su trabajo.

Una habitación sencilla de un hotel de baja o mediana categorías le
cuesta, a una sola persona, entre 25 y 70 dólares la noche, sin contar
que el llamado “turista nacional” no recibe igual tratamiento que un
visitante extranjero para el que existen facilidades de pago y servicios
totalmente vedados a los cubanos. Por ejemplo, los paseos en yate o en
cualquier embarcación de motor son exclusividades a las que incluso los
poquísimos cubanos con gran poder adquisitivo (y que, por supuesto, no
son familiares de altos militares o dirigentes) no pueden aspirar;
tampoco a aquellos paquetes vacacionales que incluyen pesca submarina o
caza mayor en cotos reservados solo para la alta jerarquía del país.

Médicos y especialistas de la salud que regresan de misiones en el
extranjero donde reciben pagos en dólares, personas que viven de las
considerables remesas de familiares en el exilio, jineteras y jineteros,
contrabandistas, dirigentes corruptos conforman esa masa de ciudadanos
favorecidos con los cambios en la política de acceso a las instalaciones
turísticas. Una minoría que el gobierno cubano insiste en convertir en
la mejor cara de ese socialismo-capitalista y en un escudo para ocultar
el cúmulo de mentiras que constituye ese viejo discurso populista que,
en las actuales circunstancias, ya no conviene pero que constituyó ese
triste y flaco caballo perdedor, llamado “revolución cubana”, al cual
nos obligaron a apostar en una carrera que siempre supieron perdida.

Source: Turismo para nacionales, los rostros del engaño | Cubanet –
http://www.cubanet.org/destacados/turismo-para-cubanos-historia-de-un-engano/

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