Cuba Derechos Humanos

Sociedad transnacional cubana y omisiones políticas

Sociedad transnacional cubana y omisiones políticas
Los migrantes cubanos constituyen, para el espectro político nacional,
un tema sobre el cual ha imperado la invisibilización
Haroldo Dilla Alfonso, Santiago de Chile | 22/06/2015 8:55 am

No digo nada nuevo si afirmo que la parte de la sociedad cubana más
dinámica no vive en la Isla, sino regada por el mundo, y particularmente
en el sur de la Florida. Lo es económica y demográficamente —buena parte
de la sociedad insular vive de las remesas y en medio de la pobreza
generalizada se niega a tener hijos— pero también cultural e
intelectualmente.
Pues aunque una parte muy relevante de los intelectuales insulares
deprecian lo que de cultura cubana se genera fuera de la Isla, hay que
reconocer que en la diáspora existe una producción intelectual de muy
altos quilates, sea porque ha emergido una generación emigrada con
proyecciones propias, o porque ha sabido arropar a esos emigrados
(desterrados, exiliados, deportados) portadores de una parte de lo mejor
del pensamiento (trans)nacional. Por todo ello siempre observo con
desgano esa discusión francamente resentida acerca de donde está la cuna
y donde está el niño de la cultura cubana. Una discusión desfasada para
una sociedad eminentemente transnacional.
Es lamentable que en ninguno de los campos políticos que cohabitan en la
sociedad insular exista una clara presentación de ideas sobre esta
condición transnacional de la sociedad cubana. Mucho menos aún de
propuestas de políticas dirigidas a resolver esta separación dictada
hace décadas por las circunstancias y mantenida por medio siglo como un
mecanismo más de dominación y castración de la sociedad cubana.
Por supuesto que nada puede esperarse de la élite castrista y del campo
político oficialista que lidera. Para ésta la migración sigue siendo un
recurso rentístico, y al mismo tiempo un espantajo ideológico. Incapaz
de seguir anatematizándola como antipatria in toto, ha preferido
segmentarla. Vendiendo la imagen de una migración buena —la verdadera
cubanía— y otra mala, que agrupa a las bestias pardas de la derecha
proembargo. Por eso tuvo particular cuidado en no mover casi nada
referente a los emigrados en su reciente ley migratoria, quienes solo
recibieron el magro beneficio de unos días más de visita en la tierra en
que nacieron, un alargamiento del lapso permitido para permanecer fuera,
y el triste privilegio de pedir clemencia al gobierno para regresar
definitivamente a la Isla. Asumir a los emigrados como ciudadanos con
derechos sería un toque fatal para el propio concepto de ciudadanía como
condición de lealtad política al sistema. Y en consecuencia, resulta
inadmisible para el esquema de gobernabilidad autoritaria que rige en el
país.
Lo asombroso es que tampoco exista una aproximación política sustancial
en los otros dos campos políticos.
La oposición, por ejemplo, apenas se asoma al asunto, y cuando lo hace
dista de ofrecer algo coherente. En una reunión en México patrocinada
por la Fundación Konrad Adenauer —donde se dieron cita los principales
líderes de los grupos existentes— se cuidaron de precisar que “…le
corresponde a los cubanos realizar las acciones que conduzcan a
solucionar los problemas de Cuba, teniendo en cuenta el protagonismo de
los que viven en la Isla…” y un rol subsidiario de apoyo para la
diáspora. En lo cual, ciertamente, compartían ideas —lo que con
seguridad no fue la intención— con aquel discurso del defenestrado
canciller cubano Pérez Roque en 2003 cuando estimaba que los problemas
del país, “…por naturaleza, conciernen únicamente a quienes viven,
trabajan y luchan en la patria”.
Mientras que los críticos sistémicos consentidos (Temas, Cuba Posible,
el antiguo Espacio Laical) —cuyo rasgo sociológico es la prevalencia de
intelectuales progres e izquierdistas siempre dispuestos a opinar y
escribir— han hecho un silencio lapidario sobre el asunto. Al punto que,
ahora enfrascados en la discusión sobre la reforma constitucional,
apenas toman en cuenta que millón y medio de cubanos viven en un limbo
legal respecto a la Isla, y carecen de todos los derechos en ella,
incluso del derecho que tienen los visitantes de todo el mundo de
comprar por unos dólares una tarjeta de turista.
En resumen, los migrantes constituimos para todo el espectro político
cubano un tema poco conveniente, sobre el cual el silencio y la
invisibilización es un negocio más redituable que su abordaje crítico. A
pesar de que todos estos campos políticos —oficialistas, acompañantes
críticos y opositores— tienen réplicas/aliados allende los mares (desde
La tarde se mueve hasta la Fundación Cubano Americana pasando por
OnCuba), pues finalmente también ellos son partes de la sociedad
transnacional.
Abordar el asunto de la transnacionalidad de Cuba y de los derechos de
la emigración no se resuelve coqueteando con emigrados parecidos o
publicándoles artículos en gestos de cubanía altruista. Se trata de
abordar directa y francamente el asunto de los derechos de los cientos
de miles de ciudadanos cubanos que deambulan por el mundo, y de abogar
hacia una definición política transnacional de nuestra sociedad que
elimine para siempre la equiparación perversa que el gobierno cubano ha
hecho de ciudadanía y lealtad política.
Un asunto complejo que no podrá prescindir de una serie de pasos:
– La construcción de un clima de confianza, mediante acciones como
ampliar las convocatorias a Conferencias de la Nación, tanto en lo que
se refiere a los tipos de participantes como a la agenda de discusión,
la promoción de intercambios culturales y sociales y el remozamiento del
discurso relacionado con los migrantes.
– Adecuación de precios de servicios consulares y migratorios a los
niveles promedios internacionales.
– Reconocer la libertad de tránsito como un derecho ciudadano innegociable.
– La consagración constitucional de la doble ciudadanía.
– Restitución paulatina de los derechos civiles y políticos a los
emigrados que decidan mantener la ciudadanía cubana, y en un primer
momento, el derecho a regresar, vivir y tener propiedades en Cuba.
¿Es pertinente, lícito y éticamente permisible seguir callando sobre
este tema?

Source: Sociedad transnacional cubana y omisiones políticas – Artículos
– Opinión – Cuba Encuentro –
http://www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/sociedad-transnacional-cubana-y-omisiones-politicas-323050

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