Cuba Derechos Humanos

Sobre “Espacios Cotidianos”, una instalación entre dos aguas

Sobre “Espacios Cotidianos”, una instalación entre dos aguas
[18-06-2015 00:07:46]
León Padrón Azcuy
Activista de derechos humanos

(www.miscelaneasdecuba.net).- Desde el pasado 28 de mayo, con motivo de
la Bienal de La Habana 2015, quedó inaugurada en el parque de Ayestarán,
entre 20 de Mayo y Paseo, la muestra artística “Espacios Cotidianos”,
donde se conjugaron el quehacer escultórico del camagüeyano Dagoberto
Jaquinet Cejas, conocido pintor, ceramista, y restaurador, y la
fotografía audiovisual del habanero Humberto Mayol, periodista de
profesión, y excelente fotógrafo, cuya labor creativa se enfoca a captar
la realidad de la existencia humana en su entorno.
Este evento inaugural contó con las palabras de Armando Fernández
Seoane, funcionario de las Artes Plásticas de la apolillada UNEAC, y la
curaduría estuvo a cargo de Caridad Martínez Fernández.

El conjunto expuesto por Dagoberto Jaquinet consta de dos esculturas,
hechas de alambrón soldado, pintadas de gris, y se titulan: El
Caminante, y el Ave Fénix, situadas cada una en los extremos de la gran
valla rectangular que recoge el fotomontaje realizado por Humberto
Mayol. Esta muestra de arte, a cielo abierto, de la 12 Bienal
permanecerá en dicho emplazamiento hasta el 22 de junio.

Es importante resaltar que este pequeño parque de Ayestarán posee la
escultura monumental de bronce, conocida por El Relevo, con una tarja
fechada en 1956, que es obra de la escultora norteamericana Anna Vaughn
Hyatt, la cual fue donada a Cuba por su esposo Archer Milton Huntington,
reconocido arqueólogo, bibliófilo, filántropo, hispanista, poeta
estadounidense, y fundador en 1904 de la Hispanic Society of America: un
museo gratuito, dotado de una biblioteca para la investigación artística.

La expo-instalación “Espacios cotidianos” se puede decir que navega
entre dos aguas. Se alza de espaldas al poder dictatorial, pero de
frente a los barrios marginales como el de San Martín, el de la calle
Zaldo hasta Infanta, y el laberíntico Platanito, que son los más
cercanos, después de La Timba, al eje del régimen comunista de Cuba: La
Plaza de la Revolución.

A la mañana siguiente, con la fresca, visité de nuevo el parque para
tirar varias fotos bajo la luz del sol. Y un vagabundo que dormía sobre
un banco, tapado con cartones, se despertó, y al verme cámara en mano,
se acercó a mí, y me dijo jocosamente: “¡Buenos días, señor! Debo
decirle que yo dormí en compañía del Caminante, al que ya bauticé con el
nombre de Ángel de los Espantapájaros, y me siento protegido por el Ave
Fénix”. Y enseguida añadió, como si hubiera adivinado cuáles eran mis
planes en ese momento: “Si usted lo desea, y tiene fe, ellos pueden
acompañarlo en cualquier recorrido por estos alrededores. Yo también le
puedo servir de guía, porque nací aquí cerca, bajo el puente del Hoyo de
la Vieja. Bueno, si me paga un cafecito. Mire, ahí en la esquina, al
lado del teatro”.

No dudé en invitarlo. Luego, nos dirigimos primero a la comunidad
platanera, que no es El Platanito de Buey Arriba, en la provincia de
Granma, surgido en el año 1940, sino El Platanito del municipio Cerro,
en la capital habanera, pegado al estadio Latinoamericano, que limita
con las calles General Emilio Núñez, Marta Abreu y 20 de Mayo, y colinda
por el fondo con la calle Pedro Pérez, y con un tramo sin canalizar de
la infecta Zanja Real, hace poco desbordada por las intensas lluvias,
penetrando en muchos hogares y destruyendo cuánto encontró a su paso.

Allí, varios vecinos curiosos se nos acercaron para mirarnos en
silencio, con cierto recelo, pero hubo uno sin camisa que empezó a
hablar como si ya supiera lo que yo necesitaba saber: “Hace años, ya
hasta perdí la cuenta, cuando se construyeron esos edificios de doce
plantas (Granma I y II), que nos prometieron a bombo y platillo que se
ocuparían de construirnos buenas viviendas de mampostería. Pasó el
tiempo, más de media rueda de fidelismo, y nada… Y para terminar el
cuento, una vez mandaron a un dirigentico para que nos explicara que
finalmente no era posible recibir ayuda estatal, y que cada familia
empezara a construir por sus propios medios”.

Luego de abandonar El Platanito, y al vagabundo, crucé 20 de Mayo, bajé
por Marta Abreu, y entré por la calle San Martín, que da nombre al
barrio. Según avanzaba, saltaban a la vista las pésimas condiciones de
vida que prevalecen entre los habitantes de esta zona marginal, tan
cercana al poder, y totalmente olvidada por las autoridades. Doblé a la
izquierda, a buscar Zaldo, y el panorama de pobreza se repetía.
Rápidamente subí, saliendo a la calzada de Ayesterán, para llegar de
nuevo al parque donde están enclavadas las estatuas de la Bienal.

Cansado, me detuve ante el mural informativo que muestra esta
instalación. Entonces rechacé, mientras leía aquel letrero, las poéticas
palabras que allí aparecen escritas, y que repiten los consabidos
clichés. Y dudé con firmeza que tanto el Caminante, como el Ave Fénix,
pudieran curar nuestras heridas, cada vez más abiertas por los hermanos
Castro.

Source: Sobre ‘Espacios Cotidianos’, una instalación entre dos aguas –
Misceláneas de Cuba –
http://www.miscelaneasdecuba.net/web/Article/Index/5581efb23a682e0df43a5b8b#.VYKjkPmqqko

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