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“Si ganamos, vamos a restablecer el valor de la Asamblea Nacional como foro de la diversidad”

“Si ganamos, vamos a restablecer el valor de la Asamblea Nacional como
foro de la diversidad”
Ramón Guillermo Aveledo, ex secretario ejecutivo de la Mesa de Unidad
Democrática, habla con ’14ymedio’ de las próximas elecciones venezolanas
REINALDO ESCOBAR, La Habana | Junio 25, 2015

Hasta hace un año, Ramón Guillermo Aveledo era secretario ejecutivo de
la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), la más importante agrupación
política de oposición en Venezuela. Hoy, se presenta como un
parlamentario jubilado que no aspira a cargos públicos tras formar parte
de la Asamblea Nacional durante 15 años y presidir la Cámara en dos
ocasiones.

Lo que no ha abandonado es la carrera docente. Aveledo se desempeña en
la actualidad como profesor titular en la Universidad metropolitana de
Caracas y conduce una maestría de derecho constitucional en la
Universidad Católica. Además, es autor de numerosos libros entre los que
quizás el más conocido sea El dictador: anatomía de la tiranía (2008).

Luego de anunciarse que el próximo 6 de diciembre se realizarán
elecciones para elegir a los diputados de la Asamblea Nacional de su
país, Aveledo respondió algunas preguntas para 14ymedio. En sus
respuestas hace un diagnóstico de la situación actual y avizora
esperanzas para el futuro.

Pregunta. ¿Considera usted que en Venezuela se han cumplido las
expectativas de lo que se ha dado en llamar el socialismo del siglo XXI?

Respuesta. Lo que en Venezuela se ha denominado socialismo del siglo XXI
puede resumirse en dos columnas. Una es el debilitamiento de la sociedad
en su conjunto, dígase empresas, sindicatos, partidos políticos,
universidades y toda expresión de vida independiente del Estado; con el
deliberado propósito de fortalecer a un Estado que creció mucho y se
mete en todo. El otro pilar es, paradójicamente, el debilitamiento
institucional de ese Estado en aras de un poder personal, de su
concentración en la figura del presidente de la república. Cuando Chávez
estaba vivo lo decidía todo; no solo era la cabeza del poder ejecutivo,
sino también la del poder legislativo, judicial y electoral.

A ese Estado, que creció tanto acostumbrado a operar de ese modo, se le
ha creado un gigantesco agujero con el fallecimiento de Hugo Chávez y
esa es la razón principal por la cual no hay quien tome decisiones. El
Estado funciona por inercia, ahora nadie tiene el poder porque Maduro
ocupa el lugar constitucional de Chávez, pero no el político.

P. ¿Se agudizan entonces los problemas?

R. La transición ya ha comenzado, aunque el Gobierno y otros sectores de
la sociedad no lo reconozcan. Pero lo cierto es que hemos pasado de un
régimen de legitimidad carismática en el sentido que le daba Max Weber,
a una situación de legitimidad burocrática. Eso es clave para entender
lo que está pasando. Todos los problemas empeoran, ninguno se soluciona
y el Gobierno no es capaz de tomar decisiones frente a ellos.

P. ¿Considera usted que en su país hay una guerra económica?

R. Los chavistas hablan mucho de la guerra económica, pero los generales
de esa guerra están en el propio Gobierno. No es una guerra desde afuera
contra el país o de un sector de la población contra el resto del país,
es una guerra decretada por el Gobierno que ha logrado que se produzca
poco con una retórica contra la inversión privada, contraria al
empresariado y a los sindicatos independientes, y una práctica
confiscatoria, no solo de las propiedades sino también de la autonomía
sindical.

En los gráficos de las estadísticas no tienen resultados en azul, todos
los tienen en rojo y no por unas razones ideológicas, sino por mala
administración de las empresas estatizadas. Solo para poner un caso como
ejemplo. Desde hace 500 años hemos sido exportadores de café, antes que
de petróleo. Ahora, por primera vez desde que Venezuela existe,
importamos café. Aunque parezca increíble, somos importadores de
combustible, porque aunque exportamos crudo no producimos suficiente
gasolina para abastecer el mercado interno, que por cierto se compra a
precio de mercado y se vende a un precio escandalosamente subvencionado.

P. ¿Qué otros indicadores hacen saltar las alarmas?

R. Una buena parte del gasto público se hace con dinero inorgánico, o lo
que es igual, que no está respaldado por las reservas de oro, y eso trae
como consecuencia también que suban los precios porque el dinero que
está en circulación no se corresponde con lo que se produce. La
especulación existe por la escasez; nadie en su sano juicio pagaría de
más por un artículo que se conseguiría fácilmente. Por eso el dólar,
cuyo cambio oficial es de uno por 200 bolívares, se vende en la calle a
más de 300 y, en ocasiones, a 400.

P. Cuando la oposición se dirige al pueblo, ¿sobre qué insiste más,
sobre los problemas puntuales o se dedica a asuntos de carácter ideológico?

R. La oposición venezolana, que es muy variada, se unió a partir de 2009
en la Mesa de Unidad Democrática (MUD) con una estrategia, una política
común para ofrecerle a los venezolanos una alternativa para un cambio
político por la vía pacífica, democrática, constitucional y electoral.

Lo central es lo que le decimos “la agenda de carne y hueso”, que es la
agenda de la vida real, lo que la gente está viviendo. Desde luego que
tenemos que dedicarle energía a los problemas con los derechos humanos,
los derechos civiles, políticos, económicos y sindicales, pero es esta
agenda de carne y hueso, centrada en la escasez, la inseguridad y la
inflación, lo que está deteriorando la vida de los venezolanos.

No se trata solo de sacar a este Gobierno del poder, sino de qué
pretendemos hacer después. Tenemos un programa común que se llama
Lineamientos para un Gobierno de unidad nacional y tenemos el documento
de política municipal que es por un Gobierno municipal para el pueblo y
el progreso.

Hay que tener en cuenta que, desde el punto de vista local, hemos ganado
la elección en 36 municipios que representan el 42% de la población,
tenemos una responsabilidad directa con esos ciudadanos a pesar de los
estorbos que interpone el Gobierno nacional.

P. ¿Cómo reacciona el Gobierno ante ese avance opositor?

R. La campaña del Gobierno es amenazar a la gente con que si nosotros
llegamos vamos a acabar con los programas sociales, vamos a eliminar las
misiones. En ese caso lo que nosotros estamos proponiendo es
legalizarlas, para que no dependan de la voluntad personal del
presidente de la República.

Tenemos tres gobernaciones de estado: Miranda, donde está como
gobernador Henrique Capriles; Lara con Henry Falcón y Amazonas, donde el
gobernador es Liborio Guaruya, que es el único gobernador indígena en
Venezuela.

En esos estados los programas sociales son mejores y de mayor cobertura.
No discrimina políticamente a sus beneficiarios, a nadie le exigen ser
de la mesa de la unidad mientras que en los estados que controla el
Gobierno hay peaje político.

P. El Gobierno los acusa a ustedes de ser una extrema derecha de
tendencia fascista. Dice que pertenecen a una oligarquía y que son
mercenarios del imperialismo.

R. El Gobierno ha trabajado para estimular la división entre venezolanos
y justificar en las culpas de otros su propia ineficiencia. La culpa es
del imperio y de los lacayos del imperio, que somos las personas que
culpamos al gobierno.

En la última elección presidencial, nosotros obtuvimos 7,5 millones de
votos. No creo que este país sea tan rico como para tener esa cantidad
de oligarcas. Para desmentir la acusación de fascista basta con saber
que en la MUD hay socialistas, socialdemócratas, demócratas cristianos,
liberales, conservadores… el denominador común es la democracia y, en
fin de cuentas, la esencia de nuestros objetivos es hacer efectiva la
Constitución, esta misma del 98 que Chávez exhibía constantemente. Si se
cumpliera habría una oportunidad para desarrollar una vida de
prosperidad en el país, sin divisiones ni exclusiones.

Ellos quieren dividir al pueblo pero esa división solo beneficia a los
que llamamos “los enchufados”. Este es un sistema que solo ha funcionado
para un pequeño grupo, la mayoría solo ha perdido, incluso las bases,
que con tanta ilusión creyeron en ese proyecto, han salido perdiendo. La
fase final del llamado socialismo del siglo XXI algún día será recordada
como la fase final del enchufadismo del siglo XXI.

P. ¿Cuáles son a su juicio las perspectivas de la oposición para las
elecciones que se han anunciado para el próximo 6 de diciembre donde se
elegirá una nueva Asamblea Nacional?

R. Ahora ellos tienen en ese parlamento 98 diputados y nosotros 65. Si
las encuestas tienen la razón, podemos ganar la Asamblea. Eso va a
plantear una condición que va a obligar al sistema político venezolano
al mutuo reconocimiento y al diálogo institucional

Si ganamos, lo primero es que vamos a respetar es a los diputados del
PSUV, no actuaremos como lo hacen ellos ahora que nos impiden hablar y
hasta nos golpean en el hemiciclo o, en algunos casos, han despojado de
su inmunidad parlamentaria a los opositores sin ni siquiera seguir los
procedimientos constitucionales o legales.

Si ganamos, no vamos a convertir la Asamblea en una especie de
trinchera, en una guarimba. Esa es la noción que ellos han tenido, usar
la Asamblea, al Ministerio Público, a la Contraloría y a los tribunales
como barricadas, no para proteger a los venezolanos y sus instituciones,
sino para protegerse ellos.

Si ganamos, vamos a restablecer el valor de la Asamblea Nacional como
foro de la diversidad, del pluralismo político. Para que cumpla su papel
tendremos que ser exigentes para velar por los recursos públicos.

La Asamblea Nacional elige a los magistrados del Tribunal Supremo, de
ahí que la parcialidad de los órganos de justicia ha sido también una
responsabilidad de la Cámara. La actual Asamblea ha aprobado todos los
presupuestos, lo que significa haber aprobado el endeudamiento, y lo ha
hecho sin ninguna crítica. Ha aprobado todos los tratados suscritos por
la República sin cuestionarse si eran compromisos inaceptables.

P. ¿Incluyendo los que se han hecho con Cuba?

R. No. Esos nunca han llegado a la Asamblea. Los aprueban bajo el
concepto de que son “desarrollo de acuerdos anteriores” y así evitan el
debate. La Asamblea ha aceptado eso también.

P. ¿Tienen esperanza de revertir esa situación?

R. Una esperanza activa, porque estamos trabajando para eso.

Source: “Si ganamos, vamos a restablecer el valor de la Asamblea
Nacional como foro de la diversidad” –
http://www.14ymedio.com/entrevista/ganamos-restablecer-Asamblea-Nacional-diversidad_0_1804019586.html

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