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Peleas de gallo, una tradición cuestionada

Peleas de gallo, una tradición cuestionada
FERNANDO DONATE OCHOA, Holguín | Junio 27, 2015

El afán por conservar las tradiciones culturales choca a menudo con
nuevas concepciones de la modernidad. Sin tocar el tema de las
supersticiones, donde es fácil darse cuenta de la obsolescencia de
ciertos hábitos, como cubrir los espejos cuando hay un fallecido en el
hogar, o hacer la limpieza de fin de año lanzando un cubo de agua hacia
la calle, hay muchas costumbres en vías de extinción en virtud de esa
nueva conciencia ecológica que lanza una mirada crítica hacia nuestras
relaciones con el resto de la naturaleza.

Una de esas tradiciones nacionales son las peleas de gallos. Animal
beligerante, el gallo fue identificado como un símbolo del cubano
contestatario que no ceja en el combate hasta ver eliminado a su
contrincante. Por razones nunca bien explicadas, las vallas de gallo,
especie de coliseo romano a mínima escala, fueron prohibidas en los
primeros años después del triunfo de la Revolución. Pero, sin que nadie
lo haya explicado tampoco, han regresado bajo las dos formas en que se
manifiesta todo en Cuba, por la vía del Estado y de forma ilegal.

En esta versión nuestra de la corrida de toros, en el ruedo hay dos
animales contendiendo, pero lo hacen instigados por los hombres, que los
entrenan y azuzan para producir un espectáculo de alto contenido de
violencia y casi siempre sangriento. Y digo “los hombres” porque rara
vez hay mujeres y porque por regla general se prohíbe la presencia de
menores de edad.

No obstante, en las calles de la ciudad de Holguín es común ver a niños
peleando gallos, una práctica que ha proliferado en toda la provincia
sin que las autoridades intervengan.

José Enrique Chacón es uno de estos infantes. Con solo ocho años de edad
ya ha ganado dinero gracias a las victorias de su gallo. Para ello se ha
dedicado a cuidar y a entrenar a su campeón, un animal que su abuelo
tuvo la ocurrencia de regalarle con la intención de mantener una
tradición familiar transmitida de generación en generación.

El niño dice que lo que sabe sobre el tema lo aprendió de su padre, a
quien todavía no ha podido acompañar a la valla más grande de la
provincia, situada en La Flora, un poblado a 20 kilómetros al sur del
municipio cabecera, y administrada desde hace más de 15 años por la
Empresa Nacional para la Protección de la Flora y la Fauna, entidad
dirigida por el comandante Guillermo García Frías.

Sin embargo, José Enrique frecuenta vallas clandestinas donde ha
adquirido experiencia en el arte del combate de gallos. Como parte del
entrenamiento, el niño enfrenta a su animalito contra otro que quedó
ciego producto de las peleas a las que su padre lo sometió. Una de las
tácticas que utiliza durante los combates es gritarle contantemente al
animal “pica y tira mi gallo”, frase con la que exhorta a matar al rival.

Muchos coinciden en afirmar que esta es la provincia cubana con mayor
arraigo y tradición en las peleas de gallo, motivo por el cual en el mes
de marzo aquí se celebra un torneo territorial, evento al que asisten
galleros de todas las provincias orientales.

Source: Peleas de gallo, una tradición cuestionada –
http://www.14ymedio.com/nacional/Peleas-gallo-tradicion-cuestionada_0_1805219464.html

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