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“¡Lo único que nos hace falta son dos entierros!”

“¡Lo único que nos hace falta son dos entierros!”
Más agudo que la escasez de casi todo en Cuba, el problema que nunca ha
sido resuelto y no tiene visos de resolverse es el del transporte público
miércoles, junio 24, 2015 | Ana Mercedes Torricella

LA HABANA, Cuba. -Más agudo que la escasez de casi todo en Cuba, el
problema que nunca ha sido resuelto y no tiene visos de resolverse es el
del transporte público.

Dicen que antes de 1959, las guaguas de la capital demoraban entre 2 y 4
minutos en pasar, que en raras ocasiones venían llenas, sin asientos
disponibles.

No viví esa época. Mi experiencia personal, al igual que la de millones
de cubanos nacidos después del triunfo de la revolución, es de ómnibus
sucios, atestados, y que pueden demorar en pasar por la parada lo mismo
quince minutos que más de una hora.

En la parada ubicada en el Parque Dolores, ubicado en la avenida del
mismo nombre, en la barriada de Lawton, municipio capitalino Diez de
Octubre, hace unos días escuché a las siete de la mañana, el siguiente
diálogo entre el chofer de un ómnibus atestado de la ruta 69 y una
inspectora estatal.

-¡Oye! ¿Qué pasó? Estás atrasado y no puedo con la gente- dijo la
inspectora.

– Hay tres guaguas rotas y esto no da pa’ más. ¡No puedo cargar ni uno!
Me voy…

El chofer arrancó, partió y lo hizo entre los insultos y denuestos de
los pasajeros que quedaron frustrados en la parada.

Recientemente esa parada estuvo sin inspectora durante un tiempo, lo que
aumentó las posibilidades de que el ómnibus no se detuviera en la
parada, incluso, sin estar excesivamente lleno.

Los argumentos que desde las esferas oficiales se dan para tratar de
explicar y justificar lo anterior inexorablemente se basan en el embargo
norteamericano y sus efectos en el transporte. No se dice que la
desorganización y la administración torpe y deficiente que el estado
impuso, solo aporta lo único posible: otro desastre más en la lista.

Como paliativo aceptado, aunque tolerado con reservas, aparecieron los
boteros. Estos, aunque constituyen la solución salvadora, -limitaciones
aparte- la pasan mal. Pero bueno, en Cuba la pasa mal todo el pueblo.

Los almendrones, esos automóviles norteamericanos, muchos con más de 60
años de uso ininterrumpido, son la prueba viviente y actuante de las
infinitas posibilidades que el ser humano puede desplegar para sobrevivir.

En la convivencia forzada en estos almendrones, se desarrollan
interesantes tribunas espontáneas de opinión, en que el gobierno siempre
sale muy mal parado. Si quiere oír opiniones espontáneas contra el
gobierno, invierta diez pesos y aborde un botero.

En un almendrón escuché a un pasajero dar una opinión que cerró todo un
ciclo de intercambios: -Lo único que nos hace falta son dos entierros y
a la bomba cochero. ¡Que se mueran los dos y resolvemos!

Dos pasajeros asintieron con movimientos de cabeza. El chofer, un hombre
de unos 60 años, quedó silencioso. Luego de bajarse los otros pasajeros,
me dijo con expresión preocupada: –Uno no está para buscarse problemas.
Tú no sabes quién se monta en el carro…

Más allá de las soluciones técnicas innovadoras, los boteros se las
arreglan para sobrevivir frente a inspectores y policías corruptos. Lo
hacen frente a la desidia de quienes no quieren ver un problema en el
transporte público, porque tienen carro. Primero fueron Alfa Romeo,
luego Ladas y en la actualidad, Peugeot o Geely de factura china. Ellos
no tienen problemas de transporte y desde su óptica, el problema está en
vías de resolverse. “Están trabajando en base a eso”, como dicen.

Cuando era niña escuchaba a mis mayores hablar de que todo estaría
resuelto cuando el metro de La Habana fuera construido. Lo único que
quedó de todo aquello han sido los huecos, que se sumaron a los que
cavaron para la guerra que nunca fue, porque de metro o ferrocarril
subterráneo no hubo nada. Todo quedó así, en la nebulosa de aquellos
planes quinquenales que nunca llegaron a parte alguna y que dieron al
traste con aquel inservible “socialismo real”, que tanto costó a tantos,
mientras duró en Europa del Este.

El transporte público logró durante el Periodo Especial lo que nadie
pensó que pudiera ser posible: que todo empeorara más. Nos demostró que
en Cuba todo puede empeorar. El límite para lo peor aún no está
establecido. Así será, mientras gobiernen los mismos que lo han hecho
durante las últimas cinco décadas.

Quizás con mucho optimismo podría servirnos de consuelo lo que dijo un
periodista oficialista para resaltar los “logros” del sistema
educacional: que en Cuba se veían los taxistas de mayor nivel
educacional del mundo. Decía: “Usted puede ser conducido por un
economista, un abogado, un ingeniero o un médico altamente calificado”.
Todo visto como un logro o una conquista de la revolución.

En igualdad de condiciones con el problema por antonomasia para el
gobierno castrista, el desayuno, el almuerzo, y la comida, el otro lugar
de honor lo ocupa el transporte público. Es otro problema sin solución.
Por supuesto, también por culpa del ‘bloqueo’ yanqui.

anatorricella@gmail.com

Source: “¡Lo único que nos hace falta son dos entierros!” | Cubanet –
http://www.cubanet.org/actualidad-destacados/lo-unico-que-nos-hace-falta-son-dos-entierros/

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