Cuba Derechos Humanos

La sonadera de horas y eras

La sonadera de horas y eras
Hay una manía de sonar horas y hasta eras que vendrían llegando, pero
nunca llegan
Arnaldo M. Fernández, Broward | 17/06/2015 4:33 pm

Life is what happens
while you are busy making other plans.
John Lennon

Desde La polémica filosófica (1838-40), José de la Luz y Caballero
(1800-62) advirtió el error de “pasteleros de las ciencias” y otros
muchos que “no adoptan resueltamente la posición de la hora”, esto es:
que no se atienen al momento histórico y andan en boberías. Ese pasado
continúa vigente y se confirma con la “Hora Ciudadana”, que acaba de
resonar con cuatro iniciativas de ley sin que sus promotores,
organizados en sendas mesas de trabajo, tengan un solo diputado a favor
en el parlamento, que es la única autoridad legisferante.
Reloj surrealista
Esta hora ciudadana se marca con un reloj que no adopta la posición de
la hora, sino que pone la carreta delante de los bueyes. Para dar a Cuba
una nueva ley electoral, una ley de asociaciones y partidos políticos
más otras de protección (1) de las minorías y de la diversidad cultural,
así como (2) de la libertad de expresión y contra los delitos de odio,
hay que cambiar primero el parlamento, que jamás aprobará propuestas de
leyes urdidas por opositores sin arrastre popular ni siquiera para colar
un delegado en alguna asamblea municipal.
El reloj que marca la hora ciudadana no sólo está así de adelantado,
sino también atrasado, porque marca también “la hora de la disidencia”
que Rafael Rojas sonó hacia junio de 2002, porque el Proyecto Varela se
encontraba ya “en el parlamento cubano, el cual tiene la obligación
constitucional de debatirlo y aprobarlo o rechazarlo”. Rojas agregó que,
como escenario más plausible, el proyecto sería “engavetado en las
oficinas de la Asamblea Nacional”.
Lejos de engavetarlo, como mañosa y engañosamente suele difundirse aún,
la Asamblea Nacional dio al Proyecto Varela la respuesta legalmente
establecida: el dictamen de la comisión parlamentaria competente. Una
sola de sus razones para darle ñampiti gorrión al proyecto acredita
también el extravío tanto de Rojas, al endilgar al parlamento cubano
aquella obligación, como de los sonadores de la hora ciudadana: “Ni la
Constitución de la República ni el Reglamento de la Asamblea Nacional
del Poder Popular establece la recolección de firmas, cualquiera que
fuese su número, para promover la iniciativa legislativa”.

Tradición horaria
Hay una manía de sonar horas y hasta eras que vendrían llegando, pero
nunca llegan. Quizás el ejemplo más ilustrativo sea “la hora final de
Castro” que Andrés Oppenheimer sonó hacia 1992, luego de pasar seis
meses en la Isla para salir a contar “la historia secreta detrás de la
inminente caída del comunismo en Cuba”. Hay otras muchas de igual
desatino, por ejemplo:
– En la primavera de 2007, Dagoberto Valdés sonó “una hora de
oportunidades” en que “bastaría con la voluntad política y con la
participación y responsabilidad cívica de los cubanos para abrir la
puerta”. No adoptó la posición de la hora, que marca toda apertura como
resultado del juego de intereses políticos.
– En diciembre de 2010, Iván García sonó “la hora de la oposición
cubana”, porque “las condiciones son propicias para que la disidencia
pueda dar un giro de 180 grados en su trabajo político” y Martha Beatriz
Roque había lanzado “una buena señal [con] un escrito equilibrado:
Futuro para Cuba. Contrapuestas a las medidas del gobierno”. No adoptó
la posición de la hora, que marca la política como algo más que papelitos.
– El 27 de enero de 2015, Nora Gámez resonó “la hora de los cubanos” que
varios opositores sonaron en Miami con una Convención para la Democracia
en Cuba. Ninguno adoptó la posición de la hora. que exige darse cuenta
de las falacias de concreción fuera de lugar.
– El 4 de junio de 2015, Ariel Hidalgo sonó una “nueva era para la
oposición cubana”, en la cual “se tendrá fuerza en la medida en que se
represente, legítimamente, los intereses de las grandes mayorías”. No
adoptó la posición de la hora, que exige darse cuenta de que si nunca
antes la oposición tuvo el favor de la mayoría, menos aún podrá tenerlo
tras quedar más acorralada.

Y así por el estilo, el anticastrismo de corte irracional encauza la
tradición cubiche de sonar horas y hasta eras por canales equivocados al
menos desde aquel corrillo casi sexagenario de que “a Castro le quedan
seis meses”.
Ya en la posguerra, la posición de la hora sería votar contra el
gobierno, pero el animar a la gente a hacerlo exige labor de base sin
fanfarria, que no daría para la Medalla de la Libertad Truman-Reagan
otorgada a Guillermo Fariñas ni para otros tantos premios que adornan a
la oposición pacífica dizque anticastrista.

Source: La sonadera de horas y eras – Artículos – Opinión – Cuba
Encuentro –
http://www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/la-sonadera-de-horas-y-eras-323032

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Calendario
We run various sites in defense of human rights and need support to pay for new servers. Thank you.
Buscar en sitios: