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La oposición cubana – El llamado de Glendower

La oposición cubana: El llamado de Glendower
¿Por qué tanta actividad fuera no se traduce en una movilización en el
interior de Cuba?
Arturo López-Levy, Denver | 16/06/2015 10:26 am

En la obra Enrique IV de William Shakespeare el guerrero Glendower
advierte a su primo Hotspur que él no es “gente común” y que cuando
nació temblores y volcanes sacudieron la tierra. Glendower dice: “Yo
puedo evocar los espíritus del fondo del abismo”. A lo que Hotspur
contesta: “También lo puedo yo y cualquier hombre puede hacerlo; falta
saber si vienen, cuando los llamáis”.
A similitud de Glendower, los opositores cubanos de las giras
post-reforma migratoria han llamado (“Por la otra Cuba”, “Por el paro
nacional gradual”, “Por el levantamiento nacional”, etc.). El problema
es que pocos acuden. ¿Por qué tanta actividad fuera no se traduce en una
movilización al interior de Cuba?
Fácil es responsabilizar a la represión del gobierno que sin dudas tiene
su papel. Hay por lo menos otras cuatro razones que deberían poner a
pensar a la oposición cubana:
1- El discurso de los opositores en gira ha sido más denuncia que
anuncio. Han ratificado sus críticas bien sabidas al gobierno cubano
pero sin anunciar propuestas viables sobre los problemas medulares del
país, como el manejo de la economía, la relación cívico-militar o como
piensan participar en el sistema político vigente.
De hecho, los “nuevos” opositores en gira son un retroceso con
relación a las previas propuestas socialdemócratas y
demócrata-cristianas del recién fallecido Oscar Espinosa Chepe, del
proyecto Varela de Oswaldo Paya y el movimiento Armonía liderado por
Yndamiro Restano. En aquellos casos, con demandas concretas de la
población, había una estrategia para ensanchar los límites del sistema
vigente hacia mayores libertades civiles y políticas, preservando un
estado de bienestar. La nueva oposición parece movida por la esperanza
de que el gobierno escuche sus denuncias y los llame a dialogar porque
tienen el apoyo de Estados Unidos. Cuba no funciona así.
2- Ambigüedad y complicidad de los girantes con respecto al embargo y la
inclusión de Cuba en la lista de países terroristas: En lugar de
promover una oposición leal, acorde a la cultura nacionalista cubana,
que denuncie los rasgos totalitarios del gobierno pero compita y coopere
repudiando el embargo por “plattista” (término injerencista que refiere
a la continuidad entre el embargo y la enmienda Platt); los opositores
en gira han mimetizando su visión a la del exilio tradicional. Han
llamado a la dictadura de Batista (Berta Soler) una “tacita de oro”. En
el mejor de los casos han moderado su previa oposición al embargo (Yoani
Sánchez) y en el peor lo han respaldado (Antúnez y Antonio Rodiles).
Ante la inclusión de Cuba en la lista de países terroristas, Sánchez ha
dado una respuesta tan poética como poco seria: la Isla debe permanecer
allí porque “los Castro no han guardado las pistolas”.
Tres excepciones, no por casualidad con menor relieve en la propaganda
de Radio Martí son Manuel Cuesta Morua, Miriam Leiva y Oscar Espinosa
Chepe, que si se oponen a la política de aislamiento y hostilidad. Aun
después de fallecido Oscar Espinosa Chepe, los obituarios ocultan que el
economista se opuso siempre al embargo estadounidense y al
involucramiento del gobierno estadounidense en el manejo de las
actividades opositoras, más allá de la ayuda humanitaria a las víctimas
de represión o sus familiares.
3- Las presentaciones en el exilio de los girantes han sido más
propaganda y agitación que modelo de democracia. En lugar de dialogar
con los que se oponen a sus posturas, el embargo (en el caso de Antúnez
o Guillermo Fariñas) o la inclusión de Cuba en la lista de países
terroristas (Yoani Sánchez), los girantes han ignorado las mayorías
existentes sobre esos temas en Cuba y la emigración. En lugar de
organizar debates —como se hace en muchas universidades de EEUU sobre
temas como el conflicto árabe-israelí, con diferentes puntos de vista—,
las Universidades de Miami e internacional de la Florida (FIU) solo han
estado abiertas para las visiones afines a los viajantes opositores, que
repiten el discurso exiliado no ya sobre el gobierno cubano sino también
sobre la sociedad civil cubana, incluyendo ataques contra la Iglesia
Católica. Ante el más mínimo pedido de debate se argumenta la
importancia de la unidad anticastrista para cerrar cualquier discusión
abierta sobre los diferentes proyectos de país. En Columbia University
los profesores Ted Henken y Mirta Ojito prepararon a Sánchez un agasajo,
sin debates académicos ni ponencia alternativa. La única ocasión en que
alguien pudo interpelar a Sánchez desde posiciones de mínima equidad, en
el congreso brasileño, la bloguera dijo cosas de las cuales luego se
desdijo.
4- Los opositores girantes han tenido escaso impacto en Cuba porque sus
giras, más allá de lo celebratorio, no han repercutido en la política
estadounidense hacia Cuba. Frente a los que defienden el embargo y hasta
el uso del terrorismo, los girantes evitan referirse a esas prácticas
repudiadas por el pueblo de Cuba. A cambio de ese silencio, Marco Rubio,
Ileana Ros-Lehtinen, y Bob Menéndez les han prodigado abrazos. ¿A qué
político no le gusta que le repitan lo que quiere oír, sin discutir
diferencias?
El grupo dominante en el exilio ha paseado a los opositores de la Isla
por el congreso estadounidense pero cualquier diferencia de estos con
sus preferencias le entra por un oído y le sale por el otro. Justo unos
días después de haber recibido a Yoani Sánchez y antes de recibir a
Guillermo Fariñas, Mario Díaz Balart volvió a presentar enmiendas para
cortar los viajes familiares a Cuba.
Al exilio pro-embargo no se le ha ocurrido mejor cosa que usar a los
viajeros para proclamar el mismo discurso fantasioso sobre “rebeliones
militares” (un cuento que viene desde la invasión de Bahía de Cochinos)
y “paro nacional gradual” (Si alguien sabe cómo se logra esta propuesta
de Antúnez que la explique). Hablar de esas fantasías sin tener
sindicato obrero alguno que los respalde o evidencia de movimientos
castrenses a su favor, es alarde estéril. Las poses de radicalismo
verbal que adoptan son el indicador mayor de su irrelevancia en la
política concreta. Solo el que sabe que no está negociando nada, puede
darse el lujo de sin capacidad de movilización alguna pedir metas
maximalistas.
El mejor ejemplo de todo lo anterior es el grupo Estado de SATS, que
combina una mala política con un mal nombre. ¿Qué quiere decir Estado de
SATS? “Viene del teatro” —explica su fundador Antonio Rodiles— “Es el
momento justo cuando el actor o la actriz van a romper a la escena”
—para sintetizar el poder de su elixir salvador: “Queremos que Cuba
llegue a ese momento donde rompa, donde explote“.
Con ese carromato cargado de juglares “milagrosos” llamando para que
Cuba “explote y rompa”, no es extraño que el pueblo cubano no acuda.
Después que la Isla explote y rompa, ¿Cómo se compone? Cuba no es un
teatro ni está en las mil y una noches árabes. Hay pobreza y
desesperanza expresadas en los números de emigración, pero el pueblo es
más educado de lo que suponen los nuevos saltimbanquis. Es un país,
donde sus fuerzas armadas controlan cada pulgada del territorio
nacional, cuya edad mediana es 38,9 años, con una incorporación femenina
altísima a la fuerza laboral, y una tasa de fertilidad bajísima, todos
rasgos no dados a explosiones revolucionarias sino a evoluciones
pacificas. Que esa evolución política pueda terminar o no en un sistema
político multipartidista, con una oposición leal, es otro cantar. Por el
momento, lo mínimo necesario, aunque no suficiente para parar el
carrusel, pues tiene mucho money estadounidense malgastado, es mirar a
Cuba como el país que es, con los balances de poder reales existentes.
En política, llamar y andar de gira no es complicado, el problema es que
los convocados acudan.

Source: La oposición cubana: El llamado de Glendower – Artículos –
Opinión – Cuba Encuentro –
http://www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/la-oposicion-cubana-el-llamado-de-glendower-323026

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