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‘Identidades’, la democracia que viene llegando

‘Identidades’, la democracia que viene llegando
JOSÉ HUGO FERNÁNDEZ | La Habana | 20 Jun 2015 – 9:12 am.

La revista, sobre discriminación racial, constituye un suceso editorial
en nuestro último medio siglo.

Al llevar a los cubanos de a pie, en todas las regiones de la Isla, sus
contenidos antirracistas y en general antidiscriminatorios, la revista
Identidades marca hoy un sustancial punto de giro entre nosotros. Una
publicación con su perfil, especializada por la línea editorial y por la
competencia profesional de su equipo, pero pensada y escrita para el
lector común, o sea para aquellos estratos donde más corrientemente se
ceban y a la vez prosperan las discriminaciones, constituye no solo un
suceso editorial sin precedentes para nuestra historia en el último
medio siglo. También representa un fenómeno político, la señal de que
(gústele a quien le guste y a quien no) baten ya en el país aires
democráticos que pujan por descontaminar la plúmbea atmósfera totalitarista.

En este último detalle debiéramos buscar sin duda el motivo de la
aceptación popular que observamos en torno a la revista, desde el
Oriente hasta Occidente. Sus páginas son un adelanto de la democracia
que se nos avecina y que por más que sea enturbiada y demorada mediante
todo tipo de artimañas, ha comenzado a emitir señales. Y es claro que
las señales no podrían ser más obvias en el caso de Identidades, en
tanto nos muestra algo muy elemental pero en lo que no pensamos
debidamente durante decenios, a saber que no es posible, ni siquiera
serio, proponerse combatir con eficacia las discriminaciones sin haber
eliminado antes prejuicios ideológicos y estructuras políticas que son
en sí mismas discriminatorias y enemigas de todo tipo de emancipación.

El público cubano, por más que se diga otra cosa, apenas lee ya las
publicaciones periódicas. Por un lado, están los diarios de “noticias”,
que se han pasado toda una vida diciendo lo mismo y aun de la misma
forma. De modo que repetir que se han convertido en el sustituto ideal
del papel sanitario es ya un lugar común, de dudoso gusto, ciertamente,
pero en todo caso la ordinariez no procede de la afirmación ni del hecho
que describe, sino de las causas del hecho en sí. Por otro lado, están
las revistas especializadas, que se hermanan por un rasgo afín,
curiosamente a la medida para dar cumplimiento a aquel dictamen de
Nietzsche: “Enturbiar el agua para que parezca más profunda”.

Sea por las razones que fueren, las revistas especializadas en temas de
discriminación racial o de otras índoles que han estado circulando aquí
se limitan a la hora de penetrar con la pertinente hondura en el drama
de los discriminados y en la historia que sobre éste pesa. Las
prevenciones ideológicas y los compromisos políticos conforman un
verdadero yugo con el cual cargan, al parecer sin remedio, desde su
propio nacimiento. Igualmente limitan su circulación al ámbito
intelectual o de los entendidos y estudiosos, si bien no a través de
premeditados planes de mercadeo, sí por la manera premeditadamente densa
de enfocar los asuntos y por las exiguas oportunidades que abre para el
debate entre lectores al margen del ámbito especializado.

En medio de este panorama (desolador por sus poquedades y
desesperanzador quizá como fruto de alguna endiablada estrategia del
poder) hemos tenido la suerte de asistir al nacimiento de Identidades,
en su variante gráfica, cuyos realizadores, sin encomendarse a nadie y
sin sentarse a esperar que les caiga del cielo algún acuerdo formal,
decidieron ponerla a prueba haciéndola circular por la Cuba profunda:
desde los barrios habaneros hasta las provincias y municipios y pueblos
del interior. Y además propiciando el debate de sus contenidos al nivel
de la población, la cual, un tanto por la tradición y otro tanto mayor
por las malas influencias y por la deficiente educación, arrastra hoy la
doble condena de ser discriminada y discriminadora.

Solamente cinco números, los primeros de la revista, han sido
distribuidos, pero ya la conocen por igual lectores corrientes de
Holguín o de Matanzas, de Pinar del Río o Antilla o Santiago de Cuba, o
de los barrios habaneros del Vedado o Alamar… Parece un hecho que
Identidades traspasa sin mayores dificultades el difícil umbral de la
buena acogida del público en la Isla, anegado durante mucho tiempo por
las lagunas de publicaciones oficiales —o alternativas entre comillas—,
incapaces de dar libre curso, sin mediatizaciones y coyundas políticas,
a las ideas antirracistas y antidiscriminatorias.

Por lo demás, siendo la primera revista gráfica de su tipo que circula
aquí, luego de una sequía de varias décadas, y siendo precursora de los
nuevos tiempos por la forma en que aborda las realidades
discriminatorias que gravitan sobre la cultura, la economía, el
discurrir social o la política de Cuba, e incluso de las otras naciones
del continente, parece resultar suficiente para que Identidades deje su
huella entre nosotros. Pero, por fortuna, todo indica que no es lo único
que va a dejarnos, puesto que se trata de un proyecto joven y en plena
efervescencia, cuyas credenciales son, a ojos vista, las del que llegó
para quedarse.

Solo quedaría por ver si los censores del régimen estarán dispuestos a
permitirlo.

Source: ‘Identidades’, la democracia que viene llegando | Diario de Cuba
http://www.diariodecuba.com/cuba/1434611388_15221.html

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