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Cuba – la política de aislamiento

Cuba: la política de aislamiento
ALEXIS JARDINES
Especial/el Nuevo Herald

En la VI Cumbre de las Américas se reforzó, con el beneplácito del
presidente norteamericano, la idea del fracaso de la política de
aislamiento hacia Cuba y su corolario: EE UU había terminado aislándose
a sí mismo de Latinoamérica, toda vez que la mayoría de los gobiernos de
la región apoyaban al régimen de La Habana.

¿Qué tanto de verdad hay en ello? Si profundizamos, descubriremos que se
le ha vendido al mundo una idea falsa. Cuba no estaba aislada sino
carente de inversiones extranjeras porque, dada la incompetencia del
régimen y la naturaleza dictatorial de su sistema político, no resultaba
atractiva para el capital. Obama puso fin a esa situación estacionaria
extendiéndole a Raúl Castro un cheque en blanco que significó, para los
inversores extranjeros, una garantía nada despreciable. Cuántas puertas
más se le abrirán al gobierno de la Isla tras la decisión del presidente
norteamericano de normalizar las relaciones con Cuba es algo que no se
puede predecir. Sin embargo, la negación de la tesis del aislamiento
cubano no implica que Estados Unidos no haya sido sitiado por los
hermanos Castro en la región.

Dicho esto, reparemos en el otro escenario, a saber: que sea cierta la
idea de la inutilidad de la política de aislamiento y que su aplicación
haya terminado por aislar a los EEUU del resto de Latinoamérica. Si todo
ello le funcionó realmente al régimen de La Habana, ¿qué garantías hay
que dicha práctica no continúe? Veamos qué se seguiría de aquí.

Hasta ahora, las intenciones de Barack Obama con relación a Cuba no
prosperan, en cambio, el régimen derriba unas tras otras las barreras
que consideraba hostiles a su desempeño. Los inversores extranjeros
hacen fila repletos de proyectos y Castro le pide paciencia y
dosificación a la administración norteamericana. Cuba recuerda hoy
aquella imagen freudiana de molinos bregando de una manera
dramáticamente lenta mientras millones de seres mueren de hambre antes
de recibir la harina.

¿Por qué una marcha tan pausada de las reformas? Muy simple, porque no
son reformas. Desde el día en que Raúl Castro dio a conocer su proyecto
de actualización del socialismo cubano dije que no se trataba de cambios
reales, sino de maniobras. En el orden interno el propósito no es otro
que evitar que el pueblo, dado el creciente e incontrolable descontento,
se lance a las calles. La obtención de liquidez mediante la inversión
extranjera –que, además les llenan las arcas a la cúpula gobernante– es
parte de ese plan en tanto sirve de medio de contención y
entretenimiento de una población hastiada que ya no confía en nadie ni
se deja seducir con promesas; quiere hechos y Raúl se los ha
proporcionado de la mano del presidente norteamericano.

Ya no quedaba a nadie a quien apelar para seguir engañando al pueblo y
hubo que echarle mano al último recurso: el propio Imperio. Vana
ilusión, porque aun con los norteamericanos dentro de la Isla la
situación del cubano de a pie no mejorará. Raúl controla, dosifica,
decide, marca las pautas y Obama se conforma con las migajas que le
ofrecen la cúpula partidista y el generalato. Esto es lo más parecido
que hay a un chantaje: si no es bajo mis condiciones no hay negocio,
dice Raúl. Y Obama asiente –y, ante los excesos del general, mira para
otro lado– albergando la ilusión que en el futuro esa discreta irrupción
norteamericana dentro de la Isla conducirá a reformas políticas
sustantivas. ¿Acaso creerá que los Castro son tontos? Si la negociación
debe ir al ritmo de los tambores castristas es porque Raúl no quiere que
las cosas se le vayan de las manos de tal modo que suceda lo que Obama,
supuestamente, espera: el cambio político. En su lugar, le venderán al
presidente norteamericano un paquete de maniobras destinadas a preservar
el poder de la nueva elite poscomunista.

En el orden externo, Raúl va tejiendo –gracias a la normalización de las
relaciones con Estados Unidos– una sólida telaraña de interrelaciones,
lazos, convenios que se extiende por todas las economías fuertes del
planeta (y que envuelve con avidez a turistas, ciudadanos y empresarios
norteamericanos). Este entramado de cabildeos e interdependencias está
llamado a convertirse en el boomerang de la política de Obama hacia
Cuba. Así es que, si vamos a aceptar la idea de que la política de
aislamiento de Washington terminó aislando al propio gobierno
norteamericano debido a la influencia del régimen cubano en la región,
hay que aceptar también que la normalización incondicional, toda vez que
multiplica y expande la influencia del régimen, terminará cercando al
propio Obama y maniatando a la política de Washington en lo sucesivo.
Los Castro tienen visión larga; los Castro quieren más. No les interesa
su pueblo, sino la capacidad de incidir en las elecciones del país más
poderoso del mundo.

Source: Cuba: la política de aislamiento | El Nuevo Herald El Nuevo
Herald –
http://www.elnuevoherald.com/noticias/septimo-dia/article25027081.html

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