Cuba Derechos Humanos

Vivo alegre porque vivo sin miedo

Vivo alegre porque vivo sin miedo
El Sexto cuenta su encierro en la prisión de Valle Grande
14YMEDIO, La Habana | Enero 28, 2015

Danilo Maldonado, el grafitero conocido como El Sexto, cumple este 25 de
enero un mes en prisión. Fue detenido mientras viajaba en un taxi en
cuyo maletero transportaba dos cerdos vivos. Los animales estaban
pintados de verde y cada uno llevaba un nombre escrito en el costado. En
uno podía leerse Fidel y, en el otro, Raúl.

La intención del artista era soltarlos en el Parque Central para recrear
una tradición campesina en la que se trata de atrapar los cerdos con la
dificultad añadida de que sus cuerpos están untados con grasa. Su acción
plástica frustrada llevaba como título Rebelión en la Granja, in memoriam.

El Lada azul claro que lo trasladaba fue interceptado por tres patrullas
de la Policía Nacional Revolucionaria. Los agentes retiraron el carné de
identidad a Danilo y al conductor del vehículo y les llevaron hasta la
Estación de Infanta y Manglar. Dos días después, trasladaron al artista
a la unidad de Zapata y C, donde una instructora le dijo que sería
llevado a juicio. Permaneció siete días en esos calabozos hasta que fue
trasladado al centro policial Vivac de Calabazar, donde pasó otros seis
días.

Coincidió que ese Vivac fue el destino de decenas de detenidos acusados
de intentar participar en la perfomance anunciada por la artista
plástica Tania Bruguera en la Plaza de la Revolución el pasado 30 de
diciembre y que fue interpretado por las autoridades como una
provocación contrarrevolucionaria. Algunos de los detenidos, que
conocían de su presencia en ese sitio, gritaron, entre otras consignas,
“Libertad para El Sexto”.

Desde la prisión de Valle Grande, donde se encuentra ahora, Danilo nos
ha enviado algunas anécdotas carcelarias y un par de dibujos:

El depósito

Cuando llegué a Valle Grande me sacaron sangre para muestras de
laboratorio, me pelaron y me afeitaron. También me fotografiaron. En los
días que pasé en el Vivac, me habían diagnosticado una neumonía, por esa
razón llevaba conmigo unos antibióticos, pero me los quitaron y, no
conforme con no habérmelos devuelto hasta el día de hoy, tampoco me ha
auscultado un médico para saber si estoy igual, mejor o peor de cómo
entré aquí. Para colmo, estoy rodeado de fumadores a los que les importa
poco que estoy enfermo y que soy asmático.

Estoy en la compañía cuatro. A este lugar le dicen “el depósito”, y hay
gente de todo tipo. Conocí a cuatro opositores de Alturas de la Lisa.
Yorlay Pérez, Yusel Pérez, Santiago Pérez y Hanoy.

Fidelito

Un día entró al depósito un muchacho que decía que me conocía del parque
y que seguía mi trabajo en las calles. Este joven de baja estatura,
trigueño, me sorprendió cuando al quitarse el pulóver dejó ver en su
espalda un tatuaje con el rostro de Fidel Castro. Le expliqué que yo era
un opositor al régimen castrista y que ese señor que él llevaba grabado
en su piel era el culpable de que yo estuviera preso.

Él me respondió que no tenía familia y que era un “hijo de la patria”,
razón por la cual Fidel le había dado una casa y que eso no pasaba en
ningún otro lugar del mundo. Le dije que era verdad, que si él hubiera
nacido en otro país, nadie le hubiera dado una casa, pero a lo mejor él
mismo podría buscarla y que realmente no le debía nada a Fidel. Le conté
el caso de Amaury Pacheco, que con una familia de seis hijos fue acosado
para desalojarlo de una casa abandonada en el reparto Alamar, donde
habían llegado al extremo de negarle el servicio de agua y el de
electricidad.

Luego me enteré por otro muchacho, que lo conocía del Vedado, que de él
se decía que era de la Seguridad del Estado y que siempre andaba con una
pistola bajo la camisa. Sus conocidos le apodaban El ronco, pero yo le
decía Fidelito.

Este hijo de la patria estaba preso por falsificación de documentos,
cosa que había hecho para irse del país. En una misma noche trató de
ahorcarse en dos ocasiones.

Yusel, el opositor

En una de esas constantes inspecciones que aquí se realizan, un mayor y
un subteniente estimaron que uno de los reclusos tenía las uñas
demasiado largas y que tenía que cortárselas. Él explicó que allí no
tenía cortauñas y, mucho menos, tijeras. El mayor sacó una sevillana del
cinto y lo amenazó con cortarle las uñas a la fuerza. El muchacho se
resistió y entonces el mayor le dijo que tenía que comérselas.

Cuando pasaron por donde estaba el opositor Yusel, notaron que este
llevaba en una de sus muñecas una manilla plástica de color blanco con
la palabra Cambio. Como no obedeció la orden de quitársela, se la
arrebataron a la fuerza. Entonces Yusel se puso a gritar: “Abajo los
Castro”, “Abajo la dictadura”. El subteniente lo arrinconó contra una
cama para golpearlo, pero el resto de los presos se metieron en el medio
y lo impidieron. La cosa se puso caliente y no llegó a más porque el
mayor se puso a gritar que no lo iban a golpear. Solo así se relajaron
los presos. Yusel estuvo cuatro días en la celda de castigo, pero no lo
golpearon.

‘El puro’ que se orina

El puro llegó sin hacer ruido. Fuerte, alto, debe tener entre 60 y 70
años, y no duerme. Dijo que estaba preso porque había amenazado con un
destornillador a unos jóvenes que tiraban una pelota contra la pared de
su casa. Nadie se le acercaba porque no se bañaba. Un día se orinó en el
medio del pasillo, lo que fue entendido como “un chantaje” por los otros
presos que tendrían que limpiar su cochinada. Cuando le exigieron que
tenía que secar aquel charco dijo que lo haría con su ropa, pero no se
lo permitieron porque eso sería soportarle más peste todavía.
Comprendimos que se estaba haciendo el loco el día que se leyeron en voz
alta las tarjetas donde están los nombres y los delitos de cada uno de
nosotros. Allí supimos su causa: abuso lascivo contra menores.

A mis amigos de Facebook y a los lectores de mi blog

Quiero decirles que extraño mucho enterarme de sus viajes y cualquier
sucesos que reflejan en sus cuentas. También quisiera agradecerles a
todos los que se solidarizaron con mi causa y confesarles que ninguna de
mis locuras hubiera sido posible si no supiera que no estaba solo y que
cuento con el apoyo de muchos de ustedes. Es posible llenar los
corazones de esperanza. Nunca el mal podrá contra el bien. Jamás las
mentes retrogradas podrán contra las mentes libres. Nunca la violencia
podrá contra el arte y la razón. La muerte nunca podrá contra la vida y
el amor.

Esto que estoy pasando es un calvario que solo ha sido la legitimación
de una buena obra y la confirmación de una férrea dictadura a la que es
necesario combatir con ingenio y astucia.

Créanme, a veces me río solo en este oscuro lugar de 5,60 por 32,80
metros con 37 literas triples, es decir entre 118 y 190 personas, más
los que duermen en el suelo. Me río aunque los baños estén pegados uno
al lado del otro sin ninguna privacidad. Vivo alegre porque vivo sin
miedo y, aunque persiguen y acosan a mi familia, nunca logran hacer
mella en mi creatividad. Esta vez creo haberlos ridiculizado como nunca
antes nadie lo hizo. Aunque impidieron que los cerdos llegaran al Parque
Central, todos los que tenemos imaginación pudimos verlos correr con sus
nombres grabados y un pueblo detrás de ellos como una verdadera Rebelión
en la Granja.

Ja, Ja, Ja. Abrazos a todos y espero poder leerlos.

Danilo Maldonado Machado

El Sexto

Source: “Vivo alegre porque vivo sin miedo” –
http://www.14ymedio.com/nacional/Sexto_0_1714628525.html

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Calendario
We run various sites in defense of human rights and need support to pay for new servers. Thank you.
Buscar en sitios: