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Tania Bruguera ¿arte o basura?

Tania Bruguera: ¿arte o basura?
NÉSTOR DÍAZ DE VILLEGAS | La Habana | 4 Ene 2015 – 10:28 am.

Su obra emplaza a la claque cultural acomodada, a los reaccionarios
dentro del círculo de los carreristas.

Hay una escena de En busca de vida inteligente en el universo, el
espectáculo unipersonal de la comediante Lily Tomlin, donde el personaje
de Trudy la Mendiga, en medio de un “lapso de sinapsis”, tropieza con
los extraterrestres que habitan en su cerebro. Los marcianos están
sorprendidos de lo extraña que es la mente humana; Trudy les dice que
mucho más extraños son los genitales.

Así va la cosa cuando los marcianos salen de su cabeza y se dedican a
revolver las bolsas que Trudy carga en un carrito de supermercado.
Encuentran una lata de sopa de tomate Campbell, y Trudy les explica el
concepto de sopa. Luego les enseña una foto de Andy Warhol pintando la
misma lata de sopa de tomate Campbell, y les dice: “¡Esto es arte!”
Después, tras su espalda, cambia de manos la sopa y la foto: “Y esto,
¿qué es?”, pregunta. “¡Sopa!”, responden los marcianos. “¡Noooo!
¡Arte!”, les chilla Trudy, “¡Arteee!”

En las calles de La Habana, la artista Tania Bruguera fue Trudy por un
día. Trajo al movimiento de resistencia civil cubano una muy necesaria
dosis de arte. El arte es el único lenguaje que entienden los
extraterrestres, esas entidades que operan más allá de la órbita cubana.
El arte ocurre en el lapso de sinapsis de la conciencia global, ya se ha
adueñado de los medios de comunicación, y ahora es una especie de
locura. Chávez y su bolivarismo fueron vendidos al mundo como arte pop,
el Papa Francisco es el Fra Angélico de los socialistas, y es un hecho
incontrovertible que el principal ingrediente del castrismo es lo
artístico: Camilo, el Che, Girón, Eliancito, el Moncada, Ochoa, el
ballet de Alicia, las palomas, Tomás Sánchez, la santería, Lezama, los
pioneros y los gays. Todo es cuestión de imágenes, bellas, absurdas o
terribles, poco importa.

Cuando los terroristas derribaron las Torres Gemelas en Nueva York, el
mundo entendió que se trataba de arte. Un “arte luciferino”, es cierto,
según lo definió Karlheinz Stockhausen, pero arte al fin. Los árbitros
de la moda declararon perdida la guerra mediática: los musulmanes habían
logrado una performance imposible de igualar. Privados de pirotecnia,
los cubanos tuvieron que conformarse con salidas a la calle enarbolando
gladiolos, misas católicas, proclamas al exterior, declaraciones de
principios, etc., aunque, lamentablemente, siguen desaprovechado la
capacidad política de lo artístico. Y esto, a causa de que los
disidentes no son artistas, y de que los artistas están ocupados en
recibir premios, medallas y trofeos en su capacidad de miembros
favorecidos de un programa oficial de neutralización.

Para estos últimos todavía está vigente la antigua distinción entre
“arte” y “basura”, y toda disidencia cae, de suyo, en la categoría de
basura. La performance de Tania Bruguera ocupa esa zona borrosa entre
las dos categorías. Es arte porque ella tiene un currículo que así lo
avala. Su acción plástica es también política: deconstruye al Fidel de
las palomas en los hombros (fue ese el día en que Castro susurró:
“Armas, ¿para qué?”) y permite a la basura escupir en el micrófono (se
trata de spit, en el sentido rapero del término, no de un susurro
soviético), típico gesto fidelista sacado de contexto que, ni es
original, ni demasiado innovativo (solo en Cuba una propuesta tan
rudimentaria representa un logro estético o cívico), aunque no pueda
restársele importancia a que haya sido la disidencia —en ambas
ocasiones— quien diera un significado civil a la acción, que fuera
precisamente la basura la destinataria de lo artístico. El arte, que
desde los tiempos de Ángel Delgado y su cagada en el Granma se
identificó con la resistencia cívica, ahora monta su propia
“resistencia” a la idea misma de “disidencia”. La obra de Tania Bruguera
emplaza a la claque cultural acomodada, a los reaccionarios dentro del
círculo de los carreristas.

Esa claque ha llegado a constituirse en partido, en una especie de
quinta columna, y representa un verdadero lastre al advenimiento de la
sociedad civil cubana. Sus miembros se cuentan por docenas, tal vez por
cientos de miles, y en sus desprestigiadas filas militan actores,
poetisas, pintores, salseros, académicos y diversos arribistas. La
influencia de ese partido es hoy mucho mayor, en términos mediáticos,
que la del Comité Central. La performance de Tania estaba dirigido a ellos.

En la escena final de En busca de vida inteligente en el universo, los
marcianos le dicen a Trudy que su obra les ha puesto la carne de
gallina. “¿De gallina?”, pregunta Trudy, adulada, “¿De veras les gustó
tanto?”. Solo que la pobre había olvidado decirles que la performance
era lo que pasaba en el escenario, mientras que los marcianos habían
estado mirando al público, “un montón de extraños sentados en la
oscuridad, llorando y riéndose de las mismas cosas”. Los extraterrestes
estaban estupefactos. “Trudy, tu obra es sopa, ¡el público es arte!”

La artista que ayer mendigó en las calles de La Habana la atención de
los intelectuales cubanos y, a través de ellos, la de los niños, los
obreros y las amas de casa, ahora podrá explicarles a los que viven más
allá de la órbita castrista, que, al contrario de Trudy, su público fue
una reverenda sopa de gallinas, pero que el arte estuvo por fin del lado
de la resistencia.

Source: Tania Bruguera: ¿arte o basura? | Diario de Cuba –
http://www.diariodecuba.com/cuba/1420329441_12133.html

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