Cuba Derechos Humanos

Dos años es un segundo en medio siglo sin libertades

Dos años es un segundo en medio siglo sin libertades
Las puertas abiertas con tanta generosidad desde hace décadas a una
emigración imparable de cubanos, al final resulta contraproducente para
los cambios que se quieren en Cuba
lunes, enero 12, 2015 | Miguel Saludes

MIAMI, Florida -Los cambios en materia de emigración implementados bajo
el gobierno de Raúl Castro llegan a sus dos años. Las expectativas
levantadas en torno a este paso, para muchos esperanzador, parecen
quedar frustradas al cumplirse el segundo aniversario de un flujo de
viajes que ya resulta habitual. La aparente falta de resultados comienza
a inquietar a quienes tal vez vieron en esta posibilidad la vía expedita
para que la oposición en Cuba desbordara sus actuales límites, creciendo
en iniciativas y acciones.

Los criterios negativos generados a partir de esta nueva realidad se
enfocan en un punto que no puede ser obviado. Este radica en los planes
del régimen para ir transformando sus prioridades adaptándose a las
nuevas coyunturas. Un cruce del totalitarismo hacia el modo autoritario
de Estado capitalista que hace años se planifica pacientemente y que de
acuerdo a las circunstancias potencia la dirección raulista. Con ello no
solo buscan mantener preponderancia en el terreno diplomático, sino en
el estratégico. Hasta los métodos represivos se adecuan a los tiempos
que corren.

Del lado contrario las cosas no cambian tan rápido. Se mantienen
tendencias erróneas como la de equiparar los diferentes roles de la
sociedad civil de un país carente de cultura democrática por más de
medio siglo. Es el primer problema de en este tipo de análisis
pesimistas. Pretender que la prensa independiente y otros grupos de la
sociedad civil se conviertan en partidos políticos de oposición sería un
error que pagaríamos caro en una venidera democracia.

La exposición de los eventos ocurridos es estos meses demuestra que a
pesar de las prevenciones lógicas existen motivos para el optimismo. El
periodista Iván García lo reconoce cuando evalúa de positivo que decenas
de opositores, abogados, periodistas alternativos e integrantes de la
incipiente sociedad civil hayan podido capacitarse en el exterior y
conocer nuevas herramientas para su trabajo. García, quien colabora para
un medio de La Florida, asume que existe un cambio de actitud por parte
de las autoridades cubanas hacia quienes ahora escriben desde Cuba para
medios externos como Radio y TV Martí. Algo impensable hace algunos
años. Un tanto que el periodista acredita a sus colegas en su porfía por
mantenerse pese a golpizas y encarcelamientos.

Ciertamente no es lo mismo en el terreno político. Sobre todo cuando el
plan de hacer que las cosas se trasformen sin sacrificar su esencia
encuentra el espaldarazo de los países democráticos sea por cansancio,
conveniencias de sus intereses o simplemente porque los problemas de
Cuba no son su prioridad. Que Antonio Rodiles haya presentado al propio
Secretario General de la ONU su demanda Por otra Cuba es un acto de
valor. En 1988 los disidentes y expresos políticos que pudieron llegar
ante la comisión del alto organismo internacional de visita en La Habana
para plasmar sus testimonios sobre violaciones de derechos tuvieron una
experiencia amarga en aquel primer pequeño paso en el que se inscribe
hoy el de Rodiles a mayor escala. PerosSi Cuba sigue sin ratificar los
pactos de la ONU firmados por el gobierno no es culpa de la disidencia
isleña. Y menos aún de los activistas cívicos y periodistas independientes.

La actitud ambivalente de gobiernos y organismos internacionales explica
la sordera que encuentran los disidentes, abogados y activistas de
derechos humanos que han llevado a plenarios internacionales la
situación de los que en Cuba discrepan con la intolerancia del régimen
arriesgando penas de más de 20 años de cárcel.

Si es cierto que el régimen cubano estuvo a punto de ser arrastrado en
la caída del sistema soviético, hay que recordar que a su rescate
acudieron muchos de los que se presentaban como paladines de la
democracia en el mundo. La economía de mercado fue una temprana
alternativa a la que apostaron al camino inversionista para llevar la
libertad a tierras cubanas, en contradicción con algunos destacados
opositores cubanos. Oswaldo Payá alertó hasta el último aliento de su
vida contra esta tendencia. El resultado está a la vista: Cuba se
encamina hacia un capitalismo ideal para los que quieren economía sin
reclamos socio políticos.

Si los cubanos disgustados prefieren seguir mascullando su desacuerdo en
la simulación, tampoco es culpa de la disidencia o de los activistas
cívicos. Cabe preguntarse si las puertas abiertas con tanta generosidad
desde hace décadas a una emigración imparable al final resulta una
salida contraproducente para los cambios que se quieren en Cuba. Cuando
el régimen se debatía en lo que parecía inminente movimiento popular de
descontento recibió el oxigeno de veinte mil visas anuales
norteamericanas a las que se suma la avalancha de miles de entradas a
pie seco y mojado. Un cuadro desalentador para una formación opositora
estable y que puede cambiar radicalmente tras el giro que han dado los
acontecimientos por estos días. Que más de 400 cubanos hayan tratado de
llegar en diciembre a costas norteamericanas o que en regiones de la
zona oriental de la Isla una mayoría solo habla de irse del país
(principalmente hacia Estados Unidos), ilustra lo difícil que resulta
sostener una lucha teniendo que enfrentar al mismo tiempo la opresión
del poder y el desaliento ciudadano.

Entrar en consideraciones de las razones que hacen que las autoridades
en la Isla actúen de manera imprevisible y diferenciada con unos en
referencia a otros, hace caer en la trampa de divisiones y desconfianzas
a que nos quiere llevar la inteligencia al servicio del gobierno.
Permitir que unos escriban de manera abierta e incluso que se contraten
en medios en el exterior, más que las alarmas comprensibles, debe mover
al apoyo externo (e interno) solidario para que la práctica permitida a
unos se generalice a todos.

El reto que les queda a los cubanos es formar sus propias entidades
políticas, sea en partidos o bloques, sin que ello se haga para recibir
el beneplácito externo. Mientras más auténtico sea ese proceso más
fuerte y creíble será. Y si en algo puede ser ayudado es precisamente en
el respeto de los que desde afuera asistimos al parto difícil de la
democracia en Cuba. Las ayudas para efectuarlo sean bienvenidas pero sin
que nos lleven a complejos. Ellas salen de contribuyentes ajenos y
darles buen uso es lo correcto. Pero lamentar en a pesar de ellas no se
logren objetivos presupuestos de manera inmediata, no tiene que
quitarnos el sueño. Cuando por estos días se debate el uso
multimillonario de esos fondos para proyectos más que discutibles y de
los que el contribuyente seguro desaprobaría por razones de mínima
ética, se puede comprender que los recursos destinados a los que luchan
por la causa de los derechos humanos en cualquier parte es un gasto
loable, incluso si tardan en producirse los resultados.

Contrario a lo que opinan algunos, y en referencia a la impresión
pesimista bajo el argumento de lo poco que se ha logrado en estos dos
años, en Cuba se avanza. No como quisiéramos, pero se avanza. A pasos
tal vez demasiado lentos pero en los que importa la seguridad del camino
que se está abriendo no para nosotros sino para las nueva generación que
ha tenido la suerte de nacer cuando el recorrido por el túnel es menos
oscuro y se atisba la salida.

Source: Dos años es un segundo en medio siglo sin libertades | Cubanet –
http://www.cubanet.org/colaboradores/dos-anos-es-un-segundo-en-medio-siglo-sin-libertades/

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