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Despertar de una Cuba deteriorada

Despertar de una Cuba deteriorada
Por William Neuman – Servicio de noticias The New York Times – © 2015

Las señales de los tiempos hablan a todo volumen en Cuba, a veces a
través de su silencio.

Un viaje de 17 horas conduciendo a través del corazón de la isla en un
destartalado Ford Fairlane del 56, borgoña y gris, incluyó largos tramos
en los cuales hubo sorprendentemente poca ideología en despliegue, pocas
de las vallas que alguna vez proclamaron lemas revolucionarios.

Aquellos que persistieron tenían menos del “socialismo o muerte” y más
del timbre impaciente de libros de autoayuda o biblias sobre el manejo
de negocios.

“Florida progresa mediante su propio esfuerzo”, decía un letrero en la
ciudad de ese nombre. “La calidad es respeto a la gente”, decía otro.
Más allá: “¡Trabaje duro!”, noción despojada del imperativo ideológico
que solía completar el pensamiento con frases del tipo de “para derrotar
al imperialismo” o “para formar el socialismo”.

Despachado a Cuba en diciembre tras el sorpresivo anuncio del presidente
Obama en el sentido de que él renovaría relaciones diplomáticas plenas,
partí en un viaje por carretera desde La Habana, cerca del extremo oeste
de la isla, hacia Guantánamo, en la punta oriental. La tabla de
kilometraje en mi mapa decía que la distancia era de 909 kilómetros. Se
sintió como mucho más tiempo en el acolchado asiento de vinil, color
crema, del Ford, el cual había perdido mucha de su primavera en los años
transcurridos.

El Ford de colección no formaba parte del plan original. Era la época
navideña y los vuelos a través de la isla estaban agotados, así como
todos los automóviles en alquiler estaban alquilados. Así que empecé a
buscar un chofer, de preferencia alguien con un automóvil más bien
nuevo. No quería quedar atascado a la vera del camino en algún
dilapidado Lada de la era soviética o una oxidada reliquia de la
administración Eisenhower.

Cuando Julio César López se presentó en su gran Ford en mi hotel, el
Habana Libre, casi lo despedí sin pensarlo. Sin embargo, él aseguró que
había reemplazado el motor hacía poco y que el automóvil había efectuado
varios viajes a través de la isla. Y regresado. Incluso prometió
remplazar el liso neumático derecho del frente y cambiar el aceite.
Cerramos el trato.

A lo largo del camino, una Cuba que cambiaba lentamente se fue
revelando, a veces a través de lo que había ahí y otras por lo que no
había.

Otra señal de los tiempos: “Se vende esta casa”. Ese concepto no
existía, legalmente, antes de 2011, cuando las ventas de hogares fueron
permitidas por primera vez bajo cambios diseñados para inyectarle un
poco de vida capitalista a la decrépita economía socialista del país.
Ahora ya es común ver letreros de “Se vende”.

Incluso, más comunes son los letreros para los cientos de pequeños
restaurantes privados, llamados “paladares”, que operaron mayormente en
las sombras hasta 2010, cuando se expandieron en buena medida luego de
que el gobierno permitiera que algunas personas entraran al negocio.

Asimismo, había señales desalentadoras.

Una de ellas era la falta de barras en mi teléfono, mostrando que no
había cobertura celular en las áreas entre ciudades, indicación de la
atrasada red de telecomunicaciones de Cuba. Casi prevalecía una ausencia
de camiones que cargaran mercancía o productos agrícolas, señal de una
economía que a duras penas palpita.

Si bien había poco tránsito de automóviles y camiones, había mucho de
todo lo demás. Compartiendo la carretera con nosotros había bicicletas,
carretas de bueyes, tractores, motocicletas (algunas con carritos
laterales) y carretas de caballos de cada tipo (grandes y pequeños
carros de granja de dos ruedas, carretas de cuatro ruedas que
transportaban hasta 10 pasajeros y carruajes ligeros que hacían las
veces de taxis).

Y había muchos desperfectos, lo cual se espera cuando un alto porcentaje
de los automóviles en el camino fueron fabricados antes de que John F.
Kennedy fuera elegido presidente en 1960.

Una hora después de La Habana, un hombre sin camisa se recargaba en un
Lada gris con el cofre arriba, sin haberse molestado en moverlo fuera
del camino. Cerca de un poblado llamado Torriente, una pareja se besaba
apasionadamente al lado de un gastado Chevy rojo. Cerca de Santiago de
Cuba, una mujer con cara ansiosa, rodeada por una prole de niños en el
asiento trasero de un Buick naranja quemado que no funciona. Nunca vi
una grúa.

Cuba es una hermosa isla, verde y fértil, poema de vibrante color y
sensual luz. Un atardecer escarlata sangra a través del cielo caribeño,
púrpura profundo en los extremos.

En el calor del día, una mujer vestida con una blusa rosa impactante
camina debajo de un parasol rojo. Un viejo con pantalones amarillo
narciso está sentado sobre una valla. Caña de azúcar verde pálido crece
en campos de tierra roja.

En el segundo día, desayunamos en el hotel Ciego de Ávila, casi en pleno
centro de la isla, decadente retroceso a una era de planes financiados
por los soviéticos para construir grandes centros turísticos para
trabajadores de vacaciones. Hecho en descascarado verde chillón y oro,
era una mezcolanza de ventanas cuadradas germinando palmeras miniatura,
arcos de concreto y balcones. La piscina brillaba azul y vacía. De 147
habitaciones, solo 15 estaban ocupadas, aproximadamente; era como si
hubiera más trabajadores que huéspedes.

Condujimos con las ventanillas abajo, bamboleándonos sobre la superficie
negra. El gran motor resonaba. López, mi chofer, cuidaba el auto en los
tramos con baches, lo cual se volvió más frecuente mientras más nos
alejábamos de La Habana.

El Ford estaba lleno de cascabeleos y fuertes ruidos, el odómetro estaba
atascado en 26.948,0. ¿Cuántas veces había dado la vuelta antes de
congelarse? Cuba, de igual forma, está congelada en el pasado. Cubanos
más jóvenes, así como muchos otros mayores, anhelan intensamente que ese
odómetro empiece a girar de nuevo.

Este auto es hermoso y viejo y cansado. Cuba es todas esas cosas. Por
todo eso, un periodista cubano me comentó a lo largo del camino cuánto
ha cambiado el país desde que un enfermo Fidel Castro renunció por
primera vez en 2006 y su hermano Raúl se convirtió en el presidente dos
años más tarde, dando comienzo a sus reformas graduales a la economía.
Hace cinco años, dijo, la gente hablaba de política. Lo que dijo Fidel.
Lo que Raúl iba a hacer. Ahora habla de dinero y negocios.

El salario promedio en 2013 rondaba los 20 dólares al mes,
aproximadamente, con base en el gobierno. La gente me dijo que eso puede
ser consumido con facilidad por cuentas mensuales de un teléfono
celular, electricidad y otros aspectos básicos, aunque algunos otros
gastos, como educación y cuidado de salud son cubiertos por el gobierno.

La brecha entre lo que percibe la gente y lo que cuestan las cosas fue
un tema de conversación constante. Mucha gente depende del dinero que
les envían parientes en el extranjero. Muchos están en una constante
lucha por sobrevivir, criando y vendiendo cerdos, comprando o vendiendo
productos en el mercado negro…

Yasmani Bérbes, de 27 años de edad, renunció a su empleo como maestro de
educación física para administrar un restaurante en la casa de su
familia en Contramaestre, poblado cerca de Santiago de Cuba. Como
maestro ganaba 500 pesos al mes (21 dólares). “Aquí, actualmente hay
días en que puedo ganar 500 pesos. Hay un cambio positivo en la
población cubana. Ellos se han abierto mucho a la idea de hacer negocios”.

López, quien tiene más o menos la mitad de la edad de su Ford, era un
cuidadoso motorista: su automóvil era su forma de ganarse la vida.“Si
tuviera la opción, elegiría un auto moderno”, dijo. “Con un coche
moderno, lo que estamos haciendo en 12 horas lo podríamos hacer en nueve”.

Sin embargo, dijo que tener cualquier automóvil era una bendición porque
le daba una manera de ganarse la vida. Le dije que muchísima gente en el
extranjero veía los viejos autos como el suyo como un pintoresco símbolo
de la Cuba revolucionaria. Le pregunté qué simbolizaba el automóvil para
él. “Dinero”, respondió.

Source: Despertar de una Cuba deteriorada – Los Andes Diario –
http://www.losandes.com.ar/article/despertar-de-una-cuba-deteriorada

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