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Lobby antiembargo vs. atiborrada realidad

Lobby antiembargo vs. atiborrada realidad

JOSÉ PRATS SARIOL | Arizona | 17 Mar 2014 – 9:38 am.

No hay ninguna certeza de que la eliminación del embargo de EEUU a los

Castro contribuya a una transición pacífica en Cuba.

Poca imaginación se necesita para ver la sonrisa burlona en las caras de

la élite militar cubana, ante la reunión en Miami que acaba de condenar

el embargo, tildarlo de "inmoral", considerar que se trata de una

"política ilegal", que "contraviene el derecho internacional".

Quizás —como en los viejos tiempos soviéticos y en honor al zarismo de

Putin— los capitalistas estatales brindaron por el evento con vodka

helado, como le gustaba a Raúl Castro cuando la edad no lo escoraba.

Parece que el catedrático Arturo López Levi no corre por la realidad

cubana con la misma destreza que sobre documentos, estadísticas,

gráficos… Porque —con el mayor respeto— hay que padecer de amnesia y

ser de una ingenuidad beatífica para resbalar en 2014 con el cuentecito

de eliminar el embargo imperialista, sin contextualizar sus graves

implicaciones para el continuismo de los castrodescendientes.

¿De verdad los miembros del Cuban Americans for Engagement (CAFE), del

FORNORM, de Generación Cambio Cubano, creen que la reconciliación

nacional dependería del fin del embargo?

Casi se pensaría que le hablan a Nicolás Maduro o Evo Morales, no a los

disidentes que día a día desafían al par de hermanos autócratas y su

círculo represivo, no al exilio cubano, no a Obama y los congresistas en

Washington…

Y lo peor: ¿Acaso pedir desde Miami el fin del embargo es un acto

arriesgado, heroico? Habría que pensar en lo que sucedería en un evento

habanero que —con el mismo derecho de opinión— negara el papel rector

del Partido Comunista o abogara por el anexionismo para salir de la crisis…

Pero fue el caso que no les hicieron caso, ni siquiera tuvieron

manifestantes en contra, ataques verbales, ni un hollejo de naranja… Tal

vez los tomadores de CAFE querían situarse a la altura de las Damas de

Blanco, sufrir las golpizas que día a día padecen muchos cubanos presos

o bajo prisión domiciliaria.

Tomaron, sin embargo, por una calle equivocada. Los exiliados, al igual

que la abrumadora mayoría de los cubanos de adentro, están hartos de la

cantaleta del embargo. Tan aburridos del bloqueo como del socialismo, la

escasez o las invocaciones patrióticas. Nuestras preocupaciones —para

bien y para mal— son individuales, familiares, con un asco enorme a que

nos vuelvan a decir que son nacionales, martianas, sacrificiales… Ese y

no el embargo sí es un tema delicado para cualquier político cubano:

presentarse como político, hablar de política contra más de medio siglo

de virus político, de sectarismo político, de represión política

cotidiana, escolar, profesional, laboral.

Pero vayamos a la argumentación: ¿Quién en su juicio apoyaría la

permanencia del embargo? ¿Su fin no significaría que Cuba transita de

verdad hacia la democracia? ¿Cuánto no dieran los demócratas o no darían

los republicanos por celebrar la normalización de relaciones con Cuba?

Porque las votaciones en Naciones Unidas —bien se sabe cuando se quiere

saber— responden al principio de no injerencia en los asuntos internos

de otros estados, no a un amor a los cubanos de a pie. Porque esa

mayoría, además, sabe que el tema ya no es de la Guerra Fría o de

política internacional sino de política doméstica de Estados Unidos, de

sus cubanoamericanos con derecho al voto.

Porque Miami es —perdón por recordarlo— la segunda ciudad cubana por el

número de habitantes; con un producto interno bruto superior al de

nuestro desvencijado país, que permite enviar remesas, viajes familiares

en ambas direcciones, financiar muchos nuevos negocios de

cuentapropistas y cooperativistas, con el embargo —por cierto— tan

vigente como antes de las reformas maquilladoras de la emergente élite

capitalista.

El exilio cubano —única obra imperecedera del astuto caudillo—, por

mucha desmemoria histórica que padezca, recuerda que no es —o hasta hace

muy poco no ha sido— una colonia de inmigrantes, que las razones

económicas tienen causas políticas. Sabe que el embargo no es contra

ellos sino contra los que nos obligaron a huir.

Y ese tema —reitero— es tan estadounidense hoy día como el de Puerto

Rico. Nos guste o no, nos provoque pesadumbre o alegría. Porque además

el embargo —y otras formas de acudir al nacionalismo para desviar

culpas, como hace el canciller venezolano Jauja— poco ya los ayuda a

ellos, tras gastar la piel de David contra Goliat, convertir en chiste

la culpa del imperialismo.

De ahí la sonrisa de burla entre la cúpula militar, porque saben que

quitarlo les daría un triunfo gratis, de enorme valor mediático. Si

hiciera falta, pueden sustituirlo por cualquier otra "injerencia" o

enfriar las relaciones mediante el derribo de alguna avioneta, el

fusilamiento de otros tres infelices como en 2003, y un etcétera de

violaciones a los derechos humanos que la democracia no podría tolerar

sin protestas, similares a las que espero no evadan los lobbystas cuando

vayan a La Habana.

Pero hay argumentos más sutiles, el más socorrido apela a Aristóteles:

Si el embargo nada ha podido porque siguen en el poder, nada les hace

porque se morirán sin pagar, ¿para qué mantenerlo, dejarles esa

evidencia que justifica represiones y disparates económicos inherentes a

un sistema fallido?

El lobby antiembargo no tiene que lanzar acusaciones de "ilegalidad",

groserías de "inmoralidad" —impropias de círculos académicos—; podría

bastarle con el cinismo de que no ha cumplido con sus objetivos. Y ahí

está su aspecto más polémico: ¿No ha cumplido? Viremos al revés la

lógica: ¿Si no ha cumplido para qué suprimirlo? Porque en 2014 se juega

no el viejo embargo sino facilitar un suave modo de transición, donde

los descendientes del núcleo guerrillero imponen mantener y acrecentar

sus privilegios.

Ah, ansiosos lobbystas —incluyo a los muy ansiosos comerciantes, por el

aquello de que el dinero nunca ha olido—, pudiera hasta haber consenso

en suprimir el embargo. Pero donde no hay es en que su eliminación

contribuya a una transición pacífica hacia la democracia. Ustedes mismos

hablan de "proceso", quizás recordando la novela de Kafka, el infierno

de una burocracia insumergible, las corruptelas de una élite pragmática

y acostumbrada a solo oír su voz.

Porque la transición no puede ser con los mismos que con tal de detentar

el poder arruinaron la familia cubana, el ánimo y el estómago. Porque

hoy es más substancial exterminar el miedo a la rebelión y a cambios

drásticos que discutir el embargo, apenas un detalle entre los desafíos

de nuestra atiborrada realidad.

Source: Lobby antiembargo vs. atiborrada realidad | Diario de Cuba –

http://www.diariodecuba.com/cuba/1395045484_7654.html

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