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Cuba y el tiempo perdido!

¡Cuba y el tiempo perdido!

Orlando López-Selva | Opinión

El sábado pasado la Asamblea Nacional cubana aprobó una "Ley para la

inversión extranjera que contempla autorizar la participación de capital

foráneo en todos los sectores, salvo salud y educación".

La ley sorprende por lo que promete: seguridad jurídica, mecanismos para

dirimir conflictos, debidas garantías de compensación si surgen

situaciones que afecten a los extranjeros. Todo hecho para proteger

dinero y propiedades foráneos —capitalistas de gran poder económico que

al principio de los 60 eran vistos como "explotadores o burros cargados

de plata", como Fidel les llamara—.

Pero ¿por qué no se crea una ley para proteger a los inversionistas

nacionales? ¿O se cree únicamente en un capitalismo para los de afuera?

¿Por qué les llaman "cuentapropistas" a los de adentro? Ello me recordó

un dicho sencillo: "Lo que el vivo hace al principio, el tonto lo hace

al final".

Pregunto: ¿Tendrán los hermanos Castro remordimiento de conciencia

después de haber engañado por más de 50 años a dos generaciones de

cubanos —y también de latinoamericanos— que creyeron en el socialismo

cubano como el paraíso de obreros, campesinos?

Al mirar hacia atrás vemos que muchos de los intelectuales renombrados

—Paz, Fuentes, Vargas Llosa, Sartre, Marcuse, Ecco— inicialmente

apoyaron al régimen del joven y brillante Fidel Castro, que prometía una

revolución moderada. Pero luego de tantos desmanes, injusticas y

errores, se desencantaron con la revuelta castrista.

Durante años, todos los fracasos económicos de Cuba se le achacaron a

Washington, por su embargo "inhumano e inmisericorde". Pero ¿por qué

Fidel deseaba comerciar y transar con el "imperio gringo" tan odiado?

Los revolucionarios cubanos convirtieron a un pueblo, que en su mayoría

era gente educada, emprendedora, creativa —en todos los campos de la

ciencia, el arte o la cultura— en una sociedad anodina, ligeramente

igualitaria; pero no menos frustrada. Pasaron del régimen opresivo de

Batista, a otro que dicta todo. Debo reconocerles que les dieron

oportunidades a los mulatos y afrodescendientes, que habían estado

relegados en épocas anteriores.

Ahora el régimen es de Raúl: más práctico; un poquito más abierto que su

intolerante hermano Fidel; pero siempre temerosos de decir: "Nos

equivocamos por 50 años".

Lo paradójico de todo esto comenzó cuando chinos, vietnamitas y rusos

abrieron los grifos refrescantes de las reformas de mercado y

desenllavaron sus grandes celdas ideológicas para que sus conciudadanos

conocieran los frutos prohibidos de Adam Smith.

Desde que China, Rusia, Vietnam comenzaron a abrirse paso hacia el

progreso por el impacto de sus cifras económicas, su visible prosperidad

material, sus reformas y apertura ideológica, Fidel, ya barbiblanco, se

dio cuenta de que había vivido lejos de una verdad escondida a millones

de compatriotas. En Europa abandonaron el marxismo en 1989. Y Castro

cayó en una celda oscura y fría. Debió dejar el poder por decrepitud

ideológica y biológica. Se había convertido en todo lo que había

detestado de españoles o norteamericanos: para él, culpables del

desbalance estructural de Cuba. Pero se transfiguró en uno de ellos:

distante de su pueblo, insensible a las críticas contra su régimen;

cerrado a cualquier conciliación; cruel con los demandantes de libertad

para todos.

Su proyecto era una pieza de museo herrumbrosa. Su obra, una cárcel

temprana y masiva.

En Cuba ningún niño pasa hambre; todos pueden ir a los estadios, museos

o cines, gratis; todos tienen educación de calidad. Cierto. Pero esos

beneficios se convirtieron en pleitesía a la dictadura exigente de

sacrificios, milicias, espionaje a los que disienten, o escarnio para

los creyentes en un Dios negado, en el que ahora Fidel cree; y le pide

perdón en latín desde su advenediza conciencia.

La cuestión es que los Castro vuelven arrepentidos al camino del que

abjuraron; vuelven a la senda denigrada para invitar a capitalistas

extranjeros a convertir sus playas, casinos y centros culturales en

fuentes de riqueza y prosperidad material que siempre el socialismo

maldijere.

¿Cómo recuperarán el tiempo perdido los que perdieron su libertad,

sueños y esperanzas? Si la historia es la puntera de los cambios

sociales, Cuba marcha despacio por buen camino. Estoy convencido de que

dentro de poco tiempo, estará más cerca de la libertad.

Source: ¡Cuba y el tiempo perdido! · El Nuevo Diario –

http://www.elnuevodiario.com.ni/opinion/315836-cuba-perdido

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