Cuba Derechos Humanos

Los desertores y el “perdón” otorgado

Los desertores y el "perdón" otorgado

Publicado el 8. noviembre 2013 por Miriam Celaya

Una amiga mía, que aquí llamaré Greta, es doctora y ocupa un cargo de

cierta responsabilidad en un policlínico en un barrio "bien" de la

capital cubana. Aunque no es muy versada en cuestiones de política e

ideologías en general, ni de marxismo en particular, hace muchos años

aceptó la pertenencia al PCC porque esa condición le facilitaba el

acceso a ciertas ventajas, como conseguir más rápidamente el círculo

infantil para la niña, el semi-internado para el hijo mayorcito y un

discreto ascenso en su carrera, más allá de lo que cabría esperar de su

mediano talento.

Greta no es, pues, ni una revolucionaria comunista o siquiera

simpatizante del sistema, ni una opositora, sino una oportunista acogida

al ritmo regular de un sistema que no te molesta mucho mientras finjas

obediencia y sigas las pautas.

O al menos lo ha sido hasta hace muy poco tiempo, cuando un "cuadro

profesional" del PCC municipal se presentó ante una reunión de

militantes de su policlínico y les orientó expresamente una misión

ideológica: a causa de la cada vez mayor deserción de médicos y otros

profesionales de la salud desde las llamadas misiones internacionalistas

en el exterior, todos los miembros del "núcleo del partido" de su

policlínico tenían que visitar a los familiares de aquellos para

informarles que el tal desertor no estaba obligado a considerarse

emigrado definitivo sino que contaba con un plazo de dos años para

valorar su regreso a Cuba para continuar ejerciendo tranquilamente su

profesión y gozar de "todos los derechos, como todos los cubanos de la

Isla". (¡Solavaya!).

A Greta se le cayó la lima de uñas de las manos (ella aprovecha las

reuniones del núcleo para actualizarse la manicure o para revisar su

teléfono celular). No daba crédito a lo que escuchaba. Ahora, a las

diarias caminatas visitando pacientes y consultorios de médicos de la

familia, obligaciones de su cargo y posición que ella –hay que

reconocerlo– cumple cabalmente, se sumarían las visitas a casa de los

"desertores" porque las autoridades políticas, generosamente, les

otorgaban el "perdón". Ella, que se las había arreglado para no

participar en mítines de repudio ni en reuniones de sanciones, tendría

que "concientizar" a los familiares de los doctores y técnicos emigrados

para que éstos a su vez los convencieran a ellos de las posibilidades de

"regresar a la patria".

Hacía apenas una semana Greta había hecho su visita habitual a los

padres de un buen amigo, médico como ella, uno de esos "desertores"

quien reside en EEUU desde hace más de un año y trabaja como paramédico

en una ambulancia, había recogido unas fotos que éste le envió y había

degustado un sabroso café enviado por el ex-traidor a sus padres. A su

amigo, como a nadie que ella conozca, le pasa por la cabeza venir a

recuperar derechos en Cuba… Ni siquiera a los que dejaron de ejercer su

profesión y hoy se desempeñan en otros trabajos de la propia esfera de

la salud.

Los militantes se miraban perplejos. Apenas pocos meses atrás la

dirección del policlínico había realizado un matutino para condenar la

traición de un nuevo desertor (otro más) que había traicionado a su

pueblo y a la revolución y no se merecía ni el agua que tomaba… ¿Qué

significaba ahora esta peregrinación regalando perdones que nadie había

pedido y de los que, seguramente, nadie haría uso? Era el colmo del

ridículo.

Y hasta ahí duró la tolerancia de Greta. Se levantó de su silla y le

espetó al "cuadro dirigente" que ese era el trabajo que tenía que hacer

él y no los médicos del policlínico, que para eso él tenía asignado un

salario, una oficina con aire acondicionado y un vehículo con el tanque

lleno de gasolina mientras ella y los demás médicos tenían que andar

rompiendo zapatos por las calles, caminando bajo el sol y el calor, para

cumplir el suyo. Dicho esto, Greta recogió su cartera de la silla y se

fue de la reunión, dejando tras de sí un sorprendido silencio, seguido

de un murmullo de aprobación y apenas cinco minutos después acabó la

reunión.

Ahora Greta está esperando la próxima reunión en la que, de seguro, le

quitarán su carné de militante y una gran carga de los hombros. Le

pregunté si no temía perder su trabajo y ella, risueña y burlona como

es, me respondió: "Con la cantidad de médicos que hay fuera y los que se

seguirán quedando, posiblemente lo que me pidan de favor que no me vaya.

En resumidas cuentas, lo más probable es que con el carné me quiten

también el cargo administrativo, así que estaré mejor ahora que antes:

más tiempo para dedicar a mis pacientes, a mi familia y a mí. Va y hasta

empiezo yo también a dar consultas privadas, como otros médicos amigos

míos. Seré otra de los muchos desertores que se quedan".

En lo sucesivo, Greta tendrá que cuidarse. Con toda seguridad, a este

tipo de desersión médica hacia el sector privado dentro de Cuba no se le

otorgará el perdón de las autoridades.

Source: "Los desertores y el "perdón" otorgado | sin EVAsión" –

http://www.desdecuba.com/sin_evasion/?p=2432

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