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Cuba, una transición sin motor político

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Cuba, una transición sin motor político

Infolatam

Madrid, 10 noviembre 2013

Por SONIA ALDA

Podría decirse que entre buena parte de los observadores críticos con el

régimen cubano hay plena coincidencia en señalar la lentitud de las

reformas. Algunos incluso consideran que además son meramente cosméticas

y, en cualquier caso, todos coinciden en que su naturaleza es

fundamentalmente económica. Otra coincidencia, está aún mayor, radica en

la inexistencia de reformas de carácter político, pues se mantiene el

inmovilismo y el mantenimiento del esencialismo dictatorial que ha

marcado el régimen desde su origen.

Pese a compartir buena parte de estas percepciones, aunque no todas,

quizás sea de interés introducir matizaciones, que complican el proceso

de transición cubano. Sin duda, las reformas introducidas van más

despacio que las urgentes necesidades de la isla, pero no por ello ha de

considerarse que al menos algunas de las reformas no hayan modificado

principios fundamentales de la ortodoxia comunista. Al punto de

modificar el paisaje de manera impensable, hasta no hace tanto tiempo,

tal y como se aprecia en la capital. En La Habana es evidente la

ebullición y el bullicio de la iniciativa privada, que se ha extendido

con especial rapidez desde 2010, cuando entra en vigor las primeras

reformas de Raul Castro. La iniciativa privada es una de las grandes

novedades de la nueva política y por tímidas o/y lentas que sean sin

duda hacen imposible una marcha atrás.

Sin embargo el proceso es irreversible, mas allá de su velocidad. La

impresión es que no parece tan claro que haya una dirección política

firme y planificada por un modelo concreto de sociedad. Esta impresión

lleva a preguntarse si el régimen actual cubano sabe exactamente hacia

dónde se dirige y hasta dónde pretende llegar, o hasta qué punto está

dirigiendo el proceso de cambio que la sociedad está experimentando.

Ciertamente donde no hay cambios formales es en el ámbito político. El

motivo podría ser la adopción de una alternativa concreta como la china,

donde los cambios tienen lugar en el ámbito económico, pero no en el

político. No obstante esto no significa que el régimen chino no tenga

control de los cambios económicos y una planificación sobre los efectos

de los mismos en la sociedad. En Cuba pareciera que más que una opción

de transición concreta, hay un vacío por omisión del régimen. La

cotidianidad de la Habana, como he podido comprobar por mí misma el

pasado mes de junio, trasmite esta impresión. La sociedad va

incorporando cambios, introducidos por el gobierno, pero sin una

dirección concreta.

La falta de mensajes oficiales que orienten sobre el proceso o expliquen

el significado de los mismos, hace pensar en la falta de un proyecto

integral concreto. De hecho más que ideologización "orientadora", para

dirigir el proceso, como cabría suponer en un régimen autoritario, hay

una completa desideologización. En un momento tan crucial como éste,

donde hay riesgos de perder la identidad revolucionaria, no hay siquiera

presencia gráfica de los Castro, en las calles o edificios, no hay

testimonios, ni viejos ni nuevos mensajes revolucionarios que conduzcan

el proceso hacia un modelo de sociedad concreto.

En este sentido el museo de la revolución puede ser una representación

simbólica, pero muy gráfica, de este vacío político. Este es un espacio

emblemático de la revolución, visitado por muchos jóvenes cubanos, e

idóneo para transmitir mensajes, en algún sentido concreto, respecto al

momento qué se está viviendo, o incluso representar la proyección hacia

el futuro. Sin embargo únicamente es posible encontrar unas estanterías

polvorientas, que dan testimonio del origen de la revolución hasta la

década de los ochenta/noventa.

Pero lo mas reseñable es que la falta de concreción sobre el momento o

el fututo, tampoco parece deberse a la voluntad de aferrarse al pasado y

rememorar los valores esenciales y a los héroes de la revolución. Sin

pretender quedar en la anécdota o la banalidad no deja de ser

representativa la propia tienda del museo. Donde los objetos de venta

nada tienen que ver con la liturgia y la imaginería revolucionaria, ni

clásica, ni mucho menos nueva. Los objetos en venta son unos cuantos

bolsos de cuero y algún vestido de niña, con bordados de colores.

No hay reacción oficial en ningún sentido, no hay una interpretación

creativa sobre una nueva alternativa para "actualizar el modelo" y

garantizar así la pervivencia del régimen. Pero tampoco se detecta una

vuelta nostálgica hacia el pasado como intento de perpetuarlo. Un vacio

así sólo puede generar desorientación y desconcierto. Esta apariencia

pueda deberse a una situación de bloqueo generada por luchas internas,

entre los partidarios del cambio y de los que se oponen o realmente a la

inexistencia de un cambio pautado hacia un modelo de sociedad concreta.

Quizás se deba a ambas cosas. En cualquier caso de confirmarse este

supuesto no parece que esta desorientación beneficie a nadie y mucho

menos a la sociedad cubana.

Sin duda son muchas las necesidades urgentes de la Cuba, así como los

cambios que han de operarse pero no puede olvidarse que en una

transición de semejante magnitud no conviene la improvisación, ni la

falta de rumbo en aquellos que la llevan a cabo. Este es un componente

que puede complicar extraordinariamente un proceso de por sí nada sencillo.

Source: "Infolatam » Cuba, una transición sin motor político" –

http://www.infolatam.com/2013/11/10/cuba-una-transicion-sin-motor-politico/

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