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Embargo, o no? ¿Polémica o reyerta?

¿Embargo, o no? ¿Polémica o reyerta?

Domingo, Junio 16, 2013 | Por Miriam Celaya

LA HABANA, Cuba, junio, www.cubanet.org -Un análisis que realizara

recientemente el destacado sociólogo cubano Haroldo Dilla ("Aquién habla

la oposición cubana?") Cubaencuentro, 3 de junio de 2013) ha sido motivo

de disgusto en algunos corrillos opositores al interior de Cuba.

Las razones para esto se mueven en un diapasón cuyas variaciones solo

radican en el tono de quienes discrepan con este académico, desde las

críticas y reproches iracundos hasta acusaciones tan graves –y

lamentablemente tan frecuentes y pueriles– como aquella de "agente de la

seguridad del Estado", lo que no hace más que confirmar una perniciosa

epidemia de falta de creatividad en nuestros debates.

Casi cada sujeto que ha tenido la osadía de cuestionarse los criterios o

posicionamientos de algún líder de la oposición ha sido inmediatamente

etiquetado como agente al servicio del gobierno cubano o, más

bondadosamente, como un elemento divisor de ese imaginariamente compacto

bloque que sería la disidencia.

Más allá de las tendencias políticas de cualquier color, Haroldo Dilla

es un profundo conocedor de la realidad cubana y uno de sus mejores

analistas, de modo que se puede estar de acuerdo o no con su opinión,

pero innegablemente en este caso Dilla cuenta con dos importantes

elementos a su favor que siempre deben figurar en todo análisis serio:

el respeto por los méritos de aquellos que menciona en su artículo y los

fundamentos en los que basa su opinión personal.

Yo añadiría un elemento adicional, y es el valor que supone criticar

públicamente, conociendo con antelación que siempre saldrá alguna mala

parodia de brigada de respuesta rápida, cargada de emociones y escasa de

razonamiento, a lapidar al atrevido que no se hinque de rodillas,

humildísimo, ante el altar de aquellos que algunos reverencian desde hoy

como los futuros dioses insulares, tan semejantes (¡Dios nos libre!) a

las deidades verde olivo del Olimpo castrista. Los dioses, ya se sabe,

jamás se equivocan, y no deben ser juzgados por los simples mortales.

Dilla es un simple mortal.

El centro de la disputa se basa en el controvertido embargo

estadounidense contra el gobierno cubano y en la aprobación o crítica

del mismo, tema que se ha colocado como un parteaguas que entre los

grupos más radicales parece determinar el grado de legitimidad de

quienes son contrarios al gobierno de la Isla, y ha establecido una

línea divisoria entre los que se pronuncian a favor del embargo (los

"duros", los más auténticos) como medio para asfixiar a un gobierno que

ha logrado superar exitosamente medio siglo de dicho "castigo", y los

que consideran el embargo como una política obsoleta e ineficaz (los

"dialogueros", los "blandos") que no solo ha servido de pretexto y

trinchera a la política beligerante castrista, a la justificación de las

carencias y a la represión en la Isla, sino que –por añadidura–, limita

los derechos de los propios ciudadanos estadounidenses.

En lo personal, siempre me he manifestado contraria al embargo, que

hasta hoy no ha logrado los objetivos para los que fue concebido. No

obstante, entiendo que el levantamiento inmediato e incondicional de

éste podría no ser la estrategia más adecuada para el logro de avances

positivos hacia la democratización de Cuba. Una medida tan dilatada en

el tiempo requiere de la aplicación de condicionamientos y pasos

debidamente calculados para su derogación.

Eso, además de que las razones para el establecimiento de dicha ley, a

saber, la expropiación de empresas estadounidenses en territorio cubano

sin la debida indemnización, se mantienen actualmente, lo que impone un

escenario previo de conversaciones, compromisos y pactos que deberán ser

analizados por las partes implicadas. Me atrevería a afirmar que en el

presente existen las condiciones para el inicio de un proceso de

diálogo, habida cuenta del colosal fracaso del experimento "comunista"

en Cuba, el creciente descontento al interior del país y la utilidad de

transitar un camino de negociaciones tras un largo período de

crispaciones con un elevado costo, fundamentalmente para los cubanos

comunes de una y otra orilla. De hecho, muchas de las condiciones del

embargo se han venido flexibilizando en los últimos años, lo cual está

restando legitimidad al discurso dictatorial.

No obstante, así como el embargo no determinó el desplome del sistema

totalitario cubano, tampoco su derogación significará la eternización de

la dictadura o, como aseguran algunos, la prolongación del poder

castrista por 30 ó 40 años más, como si los Castro tuviesen alguna

posibilidad de semejante prórroga biológica.

Lo que no logro entender es cómo algunos opositores proponen la

prolongación de la confrontación Cuba-EEUU como recurso para derrocar a

la dictadura, a pesar de que el embargo es rechazado por amplios

sectores de la población cubana e incluso por muchos estadounidenses.

Precisamente por ello, pedir al gobierno de Estados Unidos la dilación

infinita de dicha política no solo afectaría a la oposición en la

opinión de los cubanos de la Isla sino que constituye una flagrante

injerencia en los asuntos legales que afectan las libertades de los

ciudadanos de ese país. Hay quienes reclaman el sostenimiento del

embargo como un medio para el logro de las libertades en Cuba aunque

ello supone la vulneración de los derechos de otros, y plantean

exigencias al gobierno estadounidense como si el destino de Cuba se

decidiera en Washington. Mal anda entre ellos la autoestima y peor

valoran la capacidad política de los cubanos para superar la coyuntura

actual mediante programas y propuestas propios.

No obstante, me permito cuestionarme un punto que plantea Dilla en su

artículo cuando asume que "el sentimiento nacionalista cubano es un

capital político crucial". Desearía equivocarme, pero creo que ese

sentimiento ha estado sufriendo dentro de la Isla una significativa

merma en las últimas dos décadas. El desgaste de medio siglo de un

"nacionalismo forzoso" atizado artificialmente desde la ideología del

poder, la imposibilidad de los cubanos de tomar parte en las decisiones

o de elegir opciones, la ausencia de derechos, el deterioro moral, la

desesperanza y las carencias insolubles, entre otros muchos elementos,

han traído como resultado un rechazo espontáneo a lo que antes fueron

los elevados valores nacionalistas en la población.

Este fenómeno se ha extendido con mayor acento en las generaciones más

jóvenes, digamos los nacidos desde finales de la década de los 80' y en

particular desde los años 90', aunque tampoco es privativo de ellas. Con

frecuencia he escuchado decir a muchos cubanos: "Mi Patria es desayuno,

almuerzo y comida y mi sueño vivir en la Yuma".

El desarraigo, unido al éxodo permanente que hace crecer de manera

ininterrumpida y constante el número de cubanos residentes en el

extranjero –en especial en los Estados Unidos–, así como la falta de

expectativas en Cuba, inciden de manera importante en el actual déficit

de nacionalismo, de forma tal que podría asegurarse que transcurridos 54

años desde la llegada al poder del gobierno más popular que haya tenido

este país, su marca política más decisiva ha sido precisamente la

asfixia del sentimiento nacionalista y –tal como analizara alguna vez el

profesor Enrique Patterson, del Instituto de Estudios Cubanos, Florida–

el mayor acercamiento que hayamos tenido nunca al cumplimiento de las

aspiraciones anexionistas de algunos sectores del exilio… Y del

"insilio", agregaría yo. No son precisamente mis aspiraciones políticas,

ni creo sean las del profesor de referencia o las de Dilla, pero sin

dudas forman parte de una realidad ineludible con la que habrá que

convivir en los escenarios futuros de la Isla.

En cuestiones de opinión política es axiomático que no se puede

complacer a todos, como lo demuestra el encono con que algunos

reaccionaron ante el artículo de Haroldo Dilla. En lo personal, hubiese

deseado encontrar en los "ofendidos" al menos tantos fundamentos como en

el texto del académico, en particular tratándose de un tema tan esencial

para los cubanos como el de las relaciones Cuba-USA, que incluye por

fuerza el embargo estadounidense. Yo privilegio las polémicas sobre las

reyertas porque estas últimas no apuntan jamás a soluciones.

Una vez más, el futuro a mediano plazo se encargará de esclarecer de qué

lado está la razón. Ojalá para entonces haya políticos que no solo

comprendan que en una democracia estarán sometidos al severo escrutinio

de la opinión pública, sino que sepan escuchar las críticas como la

mejor manera de optimizar sus propuestas y cumplir con mayor capacidad

la función de servicio a que los obligará su condición.

Source: "¿Embargo, o no? ¿Polémica o reyerta? | Cubanet" –

http://www.cubanet.org/?p=44128

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