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Detención de Rodiles: vuelven los viejos tiempos

Detención de Rodiles: vuelven los viejos tiempos

Regresa la etapa del miedo. El chirriar de autos con cristales ahumados

frente al domicilio. El toque severo en la puerta. La incertidumbre en

tu vida familiar y personal. Es la naturaleza del régimen.

Iván García / Especial para martinoticias.com

noviembre 21, 2012

Intentar analizar las estrategias de los hermanos Castro es un ejercicio

puro de abstracción. Su manera de mover fichas en el tablero político

suele ir contra la lógica. La encarcelación de 75 disidentes ordenada

por Fidel Castro en la primavera de 2003 fue un desacierto. La presión

exterior llevó al general Raúl Castro a enmendar el error.

En febrero de 2010, la muerte tras una prolongada huelga de hambre del

opositor pacifico Orlando Zapata Tamayo fue el detonante para que el

gobierno iniciara negociaciones a tres bandas con la iglesia nacional y

el canciller español Miguel Ángel Moratinos.

Empeñado en tibias reformas económicas, el régimen de Castro II

necesitaba reconocimiento internacional y atraer inversiones

extranjeras. La liberación y posterior destierro de casi un centenar de

presos políticos le permitió a la autocracia verde olivo soltar lastre,

comprar tiempo y un poco de oxigeno político.

No mucho. El suficiente para pasar de puntillas por el escenario mundial

y aminorar las criticas de gobiernos occidentales a las repetidas

violaciones de derechos humanos y políticos.

Los presos políticos constituyen un arma formidable en el régimen de los

Castro. Son monedas de cambio. Una pieza valiosa en cualquier

negociación. Siempre ha sido así. Después de la victoria de Bahía de

Cochinos, en abril de 1961, Fidel Castro canjeó soldados enemigos por

compotas de frutas y puré de papa en polvo.

Era habitual que a su paso por el Palacio de la Revolución, los

dignatarios foráneos llevaran en el bolsillo una lista de presos a

liberar a cambio de un crédito, ayuda económica o respaldo al régimen.

Un ceñudo comandante denegaba o autorizaba la liberación de un

opositor. No todos tienen el mismo valor para los mandatarios locales:

depende del eco mediático que tengan fuera de la isla.

Son como presas de caza. Armando Valladares, Huber Matos, Eloy Gutiérrez

Menoyo o el poeta Raúl Rivero eran reos cotizados. Su libertad se medía

en mayores concesiones de gobiernos europeos o votos a favor en una

tribuna internacional. No se conocen datos ni referencias de la cantidad

de dinero o préstamos a largo plazo que en estos 54 años ha significado

la excarcelación de un disidente.

Con vistas a negociar con viento a favor, las cárceles cubanas siempre

han estado repletas de opositores. En los años 70 eran miles. Cientos en

el siglo 21. En estos momentos hay un problema. Las cárceles están

vacías. Sigue el acoso, la represión y las detenciones arbitrarias a los

demócratas pacíficos por parte de los servicios especiales. Pero tras

las rejas no hay pesos pesados de la disidencia que sirvan para

establecer un trato ventajoso.

Al gringo viejo y enfermo de Alan Gross se pensaba sacarle mejor

partido. Obama e Hilary Clinton reclaman su libertad sin conceder nada a

cambio. Entonces decidieron encerrar a un disidente de etiqueta. En la

lista de espera debe haber otros con los cuales el régimen piensa que

podría obtener mejores réditos. Es ahí donde Antonio Rodiles entra a jugar.

Miriam Celaya, periodista y bloguera alternativa, considera que el

probable enjuiciamiento a Rodiles por la figura de resistencia, encierra

varias lecturas. Y pudiera ser un globo de ensayo para medir el barullo

internacional.

También, considera Celaya, tras la victoria en las elecciones

presidenciales de Hugo Chávez y Barack Obama, garantizado el petróleo

por 6 años y el billete verde girado desde Estados Unidos gracias a las

medidas en pos de la reunificación familiar aprobadas por el presidente

Obama, los mandarines militares se sienten fuertes.

Súmele además, la trayectoria alcanzada por Rodiles en sus debates

libres sobre la problemática nacional o su Demanda por otra Cuba que ha

puesto a la defensiva al gobierno de La Habana, analiza la reportera.

Antonio Rodiles es un disidente liberal, abierto y moderno. Sobrino del

general Samuel Rodiles Planas, al frente de una legión de veteranos

combatientes convocados habitualmente para linchar verbalmente y

repartir bofetones entre las Damas de Blanco y opositores pacificos.

La figura jurídica endosada a Rodiles es una burla a la inteligencia

humana. ¿De qué manera un hombre se puede resistir a una detención

violenta rodeado por docenas de tipos adiestrados en técnicas de defensa

personal? La única forma de resistencia que tiene la oposición cubana es

gritar bien alto sus desacuerdos y condenar los abusos. La ración de

golpes siempre viene de la acera de enfrente.

La presunta condena de Antonio Rodiles crea un nuevo y mal precedente en

el mapa nacional. Es un mensaje de ida y vuelta a los opositores,

periodistas independientes y blogueros. Nadie está salvo. El régimen

ofrece dos salidas: o te callas o compras un billete de avión solo con

pasaje de ida. Quienes no acepten las reglas de juego podrían ir a tras

las rejas unos cuantos años.

Regresa la etapa del miedo. El chirriar de autos con cristales ahumados

frente al domicilio. El toque severo en la puerta. La incertidumbre en

tu vida familiar y personal. Es la naturaleza del régimen. Aplastarte y

censurarte con el uso de la fuerza. La esencia de una doctrina basada en

la prisión hacia quienes piensan diferente. Siempre fue así.

Llegó la hora de llenar las cárceles. Vuelven los viejos tiempos.

http://www.martinoticias.com/content/cuba-rodiles-viejos-tiempos-detencion-/16851.html

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