Cuba Derechos Humanos

La mentira institucionalizada

La mentira institucionalizada
Américo Martín
Domingo, 4 de diciembre de 2011

¿Es acaso la mentira una virtud en la escala de valores del hombre
nuevo? ­Entre los falsarios no hay quien supere a nuestro presidente. No
miente por deformación psíquica, sino por razones de sobrevivencia.

"En un sistema totalitario se puede aceptar
la mentira sin ser un mentiroso"
Vaclal Havel, 1980

Desde el punto de vista económico Raúl está tratando de hacer lo que le
conviene a su país. Los dos hermanos han comprendido que su sistema "no
le sirve ni a los cubanos". Si me dijeran que la enfermedad de Fidel
proviene de esa luminosa convicción, tendería a creerlo. Un atleta
incapaz de aceptar derrotas así sea en un juego de perinola, debió
colapsar al encontrarse frente al deplorable estado de su revolución. Su
salida del mando efectivo podría ser salvadora para Cuba si hubiera
manera de enmendar tantas deformaciones.

Cerca de un lustro después, en el VI Congreso del PCC reunido en abril
de 2011, el caudillo aprobó con inusual humildad el duro programa de
reformas presentado por su hermano. Para él la guerra había terminado.

La última batalla la protagonizó por todo lo alto en noviembre de 2006.
El escenario fue el auditorio de la venerable Universidad de La Habana.
Su memorable discurso fue un trueno en medio de un silencio aterrador.
Denunció el peligro de que el capitalismo se adueñara de la Isla a
través de una perestroika nativa, dirigida por burócratas de extinguida
llama revolucionaria. Los raulistas no respondieron pero tampoco se
detuvieron.

Raúl llegó a acumular un gran poder interno, antes de dar el esperado
viraje hacia el denostado mercado. Sin ensoñaciones revolucionarias
quiso conocer la realidad, que el partido, la facundia del líder y el
entorno adulador ocultaban. Lanzó un intrépidoplan de consultas a la
población, después de jurar que nadie sería castigado por decir verdades
dolorosas.

Confirmó que sus compatriotas estaban a punto de estallar tras medio
siglo de racionamiento y que los servicios médicos y el deporte, supremo
argumento para engalanar un sistema inviable, también estaban en crisis.
¡Y cómo!

2.- Supo que si no corría todo se lo llevaría el diablo. No era pan
comido. Las tres fieras dantescas lo esperaban. Rompió dogmas
sacrosantos: el mercado, la privatización, la ruinosa estatización, el
hostigamiento a la iniciativa privada, el paternalismo de callosa
firmeza. Le advierten, y ello deja pasar, que el horror es haber
confundido socialismo con estatización, cuando sería todo lo contrario.
Pero su espíritu práctico le recuerda que sin el sistema hubiera
desaparecido. Para meterse en ese infierno de opciones contradictorias
colocó a sus leales en el timón del partido y del Estado. Las cabezas de
los favoritos de su hermano rodaron. Profundizó la militarización, al
punto que de los seis generales de cuerpo de ejército que hay en Cuba,
cinco entraron al buró político y las carteras de defensa y del interior
permanecieron férreamente en manos de sus duros leales.

¿No es contradictorio abrir la economía y cerrar el partido? No, en este
caso no lo es. Raúl temía que la apertura levantara reclamaciones
largamente reprimidas y por eso decidió abrir el puño allá y cerrarlo acá.

Al autorizar el financiamiento bancario para los emporios privados da
otro paso adelante, con la esperanza de absorber el excedente de
funcionarios públicos que comenzó con 500 mil este año, llegará a
1.300.000 en dos años y estimo que hasta 3 millones en cinco años. En el
mundo nadie ha aplicado una terapia de choque tan feroz. Los "paquetes"
liberales que dieron lugar a duras batallas sociales, son un juego de
niños al lado del que se está aplicando en Cuba.

Raúl seguirá favoreciendo la privatización para tratar de absorber aquel
colosal ejército de atrapados sin salida y mejorar la recaudación
fiscal. En las noches se preguntará cuanto tiempo le queda para meter el
elefante en la cabina telefónica. Si no se cae del caballo tendrá su
estatua, si se cae, su muladar.

Ojalá este hombre abriera espacios políticos para que el país entero
participe en la reconstrucción. Todo sería más sencillo si promoviera
con intrepidez un hondo cambio democrático con elecciones libres y
respeto a los derechos humanos. Desgraciadamente no tiene la audacia de
Fidel.

La tragedia es esa: el que puede no quiere y el que quiere no puede.

3 ­¿Por qué serán tan falaces, comenzando por el presidente? me pregunta
una lectora. ¿Es acaso la mentira una virtud en la escala de valores del
hombre nuevo? ­Entre los falsarios no hay quien supere a nuestro
presidente. No miente por deformación psíquica, sino por razones de
sobrevivencia. En su obra Alturas Abiertas, Zinoviev da una pista para
explicar las compulsiones mentirosas de ciertos gobiernos. "La esencia
del totalitarismo ­dice­ es la mentira institucionalizada".

Por ahí se va Kolakowski, para quien la función de la mentira es
destruir la memoria, reinterpretar la historia y aniquilar la verdad. En
la noche totalitaria de Checoslovaquia, Havel descubrió que muchos se
habituaron a la mentira institucionalizada.

Uno puede no creer la mentira pero debe comportarse como si creyera.

Se entiende que cuando la mentira se instala como pan del día, y no hay
por ahí una MUD democrática que le ponga la mano en el pecho, la gente
podría acostumbrase.

¿Verdades? ¿Mentiras? o Mentiras Verdaderas.

http://www.analitica.com/va/internacionales/opinion/4647551.asp

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