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Trabajo “oblivuntario”

Cambios

Trabajo "oblivuntario"

Ahora descubrimos que el "hombre nuevo" es el que reinstaura las
paladares y los timbiriches abolidos en 1968, o el emigrante que
capitaliza con sus remesas la tardía NEP cubana

Luis Manuel García Méndez, Madrid | 10/08/2011

El trabajo voluntario, uno de los pilares en la construcción del "hombre
nuevo" acaba de ser derogado en Cuba por decreto, incluso "las
movilizaciones de un millón de estudiantes para tareas agrícolas en el
periodo vacacional, debido a que son improductivas y generan enormes
gastos". Según la Unión de Jóvenes Comunistas, "las campañas más
recientes enviaban señales inequívocas, entre ellas, una desfavorable
correlación gastos-aporte".

En lo adelante, la convocatoria a trabajos voluntarios se limitará a
situaciones de "desastres naturales, tecnológicos, sanitarios, fenómenos
climatológicos que dañen cosechas u otras producciones o servicios",
según declaración de Amarylis Pérez, dirigente de la Central de
Trabajadores de Cuba, al diario Trabajadores.

Se trata de "cambiar el método, eliminar su planificación sistemática y
formal, que se justifique su realización", y suprimir el formalismo y el
despilfarro del trabajo voluntario, ante un nuevo escenario económico y
laboral. En lo adelante, las empresas que necesiten fuerza de trabajo
eventual, tendrán que contratarlas "en la reserva laboral".

El diario recuerda que el sentido original del trabajo voluntario "se
desvirtuó rápidamente", se realizaron "gigantescas movilizaciones hacia
campos agrícolas u otras actividades sin un contenido productivo, donde
prevalecía la pérdida de tiempo, y el gasto de recursos era muy superior
al efecto económico del trabajo que se iba a realizar", y esto "en
innumerables ocasiones solo sirvió para tapar o eliminar la
ineficiencia, malos métodos de trabajo y otras deficiencias
administrativas".

Ya Ernesto Che Guevara, en su discurso de clausura del Seminario "La
Juventud y la Revolución", organizado por la UJC del Ministerio de
Industrias, el 9 de mayo de 1964, admitía: "¿Por qué insistimos tanto en
el trabajo voluntario? Económicamente significa casi nada; los
voluntarios, incluso que van a cortar caña, que es la tarea más
importante que realizan desde el punto de vista económico, no dan
resultados. Un cortador de caña del Ministerio corta cuatro o cinco
veces menos que un cortador de caña que ha hecho eso habitualmente toda
su vida".

Esto es algo que ya sabía desde hace decenios el cubano de a pie. Se
cumple una vez más que el Estado, aunque no sea el último en enterarse,
es el último en darse por enterado. Y para ello ha necesitado medio siglo.

Fue el 23 de noviembre de 1959 cuando Guevara convocó al primer trabajo
voluntario, durante la construcción de la Ciudad Escolar "Camilo
Cienfuegos", en el Caney de las Mercedes. Desde entonces, era frecuente
verlo los domingos trabajando en el corte de caña, en la construcción o
en las fábricas. Él definió el "trabajo voluntario" como una nueva
modalidad "que se realiza fuera de las horas normales de trabajo sin
percibir remuneración económica adicional".

Pero era mucho más que eso. En una carta dirigida a Carlos Quijano, del
semanario Marcha, de Montevideo, en marzo de 1965, el comandante
apuntaba que "el hombre, en el socialismo a pesar de su aparente
estandarización, es más completo (…) el trabajo debe adquirir una
condición nueva; la mercancía hombre cesa de existir (…) El hombre
comienza a liberar su pensamiento del hecho enojoso que suponía la
necesidad de satisfacer sus necesidades animales mediante el trabajo.
Empieza a verse retratado en su obra y a comprender su magnitud humana a
través del objeto creado" (…) el hombre realmente alcanza su plena
condición humana cuando produce sin la compulsión de la necesidad física
de venderse como mercancía".

Y cifra sus tesis sobre la creación del "hombre nuevo", paralela al
desarrollo de la técnica, en el hecho de que "no estamos frente al
período de transición puro, tal como lo viera Marx en la Crítica del
programa de Gotha, sino a una nueva fase no prevista por él". Y añade
que "el socialismo, en esta etapa de construcción del socialismo y
comunismo, no se ha hecho simplemente para tener nuestras fábricas
brillantes, se está haciendo para el hombre integral, el hombre debe
transformarse conjuntamente con la producción que avance, y no haríamos
una tarea adecuada si solamente fuéramos productores de artículos, de
materias primas, y no fuéramos a la vez productores de hombres".

Producir hombres es el proyecto guevariano de ingeniería social. Y en
ello juega un papel esencial el trabajo voluntario —"una escuela
creadora de conciencia (…) que nos permite acelerar el proceso de
tránsito"—, porque "lo importante es que una parte de la vida del
individuo se entrega a la sociedad sin esperar nada, sin retribución de
ningún tipo, y solamente en cumplimiento del deber social. Allí comienza
a crearse lo que después, por el avance de la técnica, por el avance de
la producción y de las relaciones de producción, alcanzará un tipo más
elevado, se convertirá en la necesidad social. (…) Acostumbrarse a hacer
del trabajo productivo, poco a poco, algo que dignifica tanto, que se
convierte de momento, y a través del tiempo, en una necesidad" (9 de
mayo de 1964).

Reconoce que "todavía hay aspectos coactivos en el trabajo, aun cuando
sea voluntario; el hombre no ha transformado toda la coerción que lo
rodea en reflejo condicionado de naturaleza social y todavía produce, en
muchos casos, bajo la presión del medio", y aunque intenta "rectificar"
al hombre viejo en la dirección correcta, y no duda en apelar a la
coacción cuando la convicción no basta, anuncia que "las nuevas
generaciones vendrán libres del pecado original". Son ellas "la arcilla
maleable con que se puede construir al hombre nuevo sin ninguna de las
taras anteriores". Por eso, imponer el trabajo voluntario a los jóvenes
es clave para su educación. Y Guevara afirma, entre la ingenuidad y el
cinismo, que para los jóvenes "el trabajo es un premio en ciertos casos,
un instrumento de educación, en otros, jamás un castigo".

En el imaginario guevariano, este proceso iría acompañado de la
"participación consciente, individual y colectiva, en todos los
mecanismos de dirección y de producción (…) Así logrará la total
conciencia de su ser social, lo que equivale a su realización plena como
criatura humana, rotas las cadenas de la enajenación".

Aunque, en la práctica, Guevara no estaba dispuesto a democratizar la
dirección sin una previa reeducación del pueblo, y Fidel Castro, para
quien el poder nunca ha sido un medio, sino un fin, menos.

Castro comprendió de inmediato el valor del trabajo voluntario como
mecanismo de dominación. El hombre nuevo (y el hombre viejo rectificado)
no debería trabajar para sí mismo o para satisfacer las necesidades de
los suyos. Como dijera Guevara, "no se trata de cuántos kilogramos de
carne se come o de cuántas veces por año pueda ir alguien a pasearse en
la playa, ni de cuántas bellezas que vienen del exterior puedan
comprarse con los salarios actuales. Se trata, precisamente, de que el
individuo se sienta más pleno, con mucha más riqueza interior y con
mucha más responsabilidad". Plenitud, riqueza interior y responsabilidad
fue traducido por Castro como obediencia. El destino de los cubanos
sería trabajar para el Estado, dónde, cuándo y en aquello que el Estado
decidiera. Supeditar su necesidad, su voluntad y sus deseos a la
voluntad del Estado. La creación de una nueva actitud ante el trabajo
fue reinterpretada como la creación de una nueva actitud ante el Estado
todopoderoso que dictaría al ciudadano el modo de invertir sus
esfuerzos, la retribución que le correspondería por la libreta de
abastecimientos y el destino de sus hijos.

En los países anglosajones suele compulsarse a los niños y jóvenes a
aceptar trabajos a tiempo parcial y durante sus vacaciones, de modo que
comprendan tempranamente la relación entre esfuerzo y retribución. Entre
los cubanos, posiblemente el efecto más perverso de este medio siglo ha
sido una persistente "antieducación" laboral: la noción de que el
trabajo no es la única vía socialmente aceptable de obtener una
retribución a cambio del esfuerzo, sino una penosa obligación muchas
veces sin sentido ante la cual la única respuesta ha sido la simulación.

Hoy, cuando en nombre del socialismo se desmantela paulatinamente en
Cuba eso que se insiste en llamar "socialismo" —Deng Xiaoping invocó sin
cesar a Mao mientras desmantelaba el maoísmo—, y se cumple una vez más
que el socialismo es el camino más largo entre el capitalismo y el
capitalismo, descubrimos que el "hombre nuevo" es el que reinstaura las
paladares y los timbiriches abolidos en 1968, o el emigrante que
capitaliza con sus remesas la tardía NEP cubana. Ambos ajenos a la
receta guevariana para alcanzar "su plena condición humana cuando
producen sin la compulsión de la necesidad física de venderse como
mercancía". Ambos renuentes a continuar siendo una mercancía del Estado.

http://www.cubaencuentro.com/cuba/articulos/trabajo-oblivuntario-266736

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