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Los indignados

Los indignados
Monday, August 22, 2011 | Por Víctor Manuel Domínguez

LA HABANA, Cuba, agosto, www.cubanet.org -Los cubanos hemos demostrado
ser más civilizados que otros pueblos de la culta Europa. Mientras
españoles, griegos e ingleses se lanzan indignados a las calles en
reclamo de que sus gobiernos hagan cambios que mejoren sus vidas y la
situación de sus países, acá la gente se contiene.

Las marchas exigiendo el cese de la corrupción, los despidos y otras
leyes que afectan a la ciudadanía, aquí no suceden. Cuando más, la ira
es expresada con un infarto al corazón, una patada al perro, y tres
cintarazos al niño por pedir un peso para la merienda.

También suele ocurrir que si no puede controlar la indignación que causa
el alto costo de la vida, el desempleo y la falta de viviendas, el
cubano acuse al vendedor de pepinos de canalla, maldiga al administrador
del centro laboral, y cuente hasta diez continuamente mientras espera
-durante veinticinco años- para que le resuelvan el problema de la casa.

Reclamos al gobierno no. Si alguien quiere criticar al Estado lo hace
desde la cocina o el comedor del hogar. Si es tanto el descontento con
la situación que ya no puede más, tira la ficha de dominó contra la mesa
y murmura indignado: esto no hay quien lo aguante.

Y esto no sólo pasa con los que dicen ser revolucionarios hasta que
pueden abandonar el país, pierden el empleo en una empresa mixta, o van
a la cárcel por corrupción. También con quienes no tienen nada que
perder, porque nunca han ganado.

Si antes nos indignábamos sólo cuando no reuníamos los requisitos
exigidos para ganar el derecho a comprar una lavadora Aurika, un reloj
Poljov, un ventilador Órbita, o una bicicleta china Forever en las
asambleas de méritos y deméritos de su centro de trabajo, ahora menos
que nunca.

La razón es simple. Miles de los que se decían "comecandelas" hoy no
tienen trabajo. Es decir, nada que reclamar, excepto una licencia de
"empresario" para vender torticas de Morón en la ventana de su casa, una
rebaja en los impuestos, o un crédito para terminar el cuarto que les
arrancó de cuajo el ciclón Lily en los años 90.

En cuanto a reclamaciones a las autoridades, no existen, es como si no
tuviéramos problemas, como si todo estuviera resuelto. No hace falta
nada. El ajetreo que cruza la nación no implica ningún cambio
sustancial. Es sólo para sobrevivir. La inyección de nuevas esperanzas
está vencida y no da para más.

Pero cuidado, los cubanos también tenemos nuestro modo de indignarnos.
Aunque hayamos demostrado ser cultos y disciplinados a la hora de
protestar, cuando de verdad nos indignamos hasta el sofoco, nos llenamos
de coraje y nos montamos en balsas para cruzar el Estrecho de la Florida.

vicmadomingues55@gmail.com

http://www.cubanet.org/articulos/los-indignados/

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