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Linajes revolucionarios

Linajes revolucionarios
Thursday, August 11, 2011 | Por Víctor Manuel Domínguez

LA HABANA, Cuba, agosto (www.cuanet.org) – El título proletario de mayor
relevancia que se otorga en el país es el de militante del Partido
Comunista de Cuba (PCC). Los demás son atributos desechables como
cuadro, asesor y otras pulgas del perro inmovilismo que nos muerde
desde hace medio siglo.

En escala inferior, y pese a sonoras rimbombancias que sólo causan
risa, se encuentran los de: millonarios en el corte de caña, héroes del
trabajo socialista, y presidentes de una cooperativa o un comité de
defensa de la revolución.

Adelina Barrero perteneció al más rancio linaje revolucionario.
Fundadora de cada perendengue que llenó las calles de consignas, ostenta
cuanto título de lata o cartón se otorgara por sobresalir en una obra de
choque comunista.

Ningún mérito falto en el álbum que avala su carrera. Vanguardia en la
trilla de café, destacada en el trabajo voluntario, premio al decoro por
denunciar a varios trabajadores que robaban productos de la empresa,
Adelina Barrero sobrepasó los 52 años cargada de condecoraciones, aunque
a media máquina.

El corazón le falló de tantos esfuerzos revolucionarios. Un marcapaso le
impuso un ritmo de ragtime a su vertiginosa vida de federada, cederista,
trabajadora y militante del partido. También al de ama de casa.

Pero la mayor sorpresa en su amplia trayectoria por los despeñaderos del
socialismo, fue la notificación de que sería cesanteada. O mejor dicho,
redimensionada, término que al final significa lo mismo: ir para la calle.

Y ahí fue cuando comenzó a mirar con otros ojos la colección de
cacharrería revolucionaria. Se dio cuenta que sólo le serviría de lastre
para despejar la casa. Los diplomas de cuadro destacado no le dieron el
aval necesario para conservar su puesto de trabajo.

Tampoco le sirvieron el reconocimiento por más de 25 años en el sector,
ni las medallas al esfuerzo decisivo, y otros actos patrióticos que la
elevaron a la cima del castillo de arena revolucionario.

Sólo el carné del partido comunista le queda de su estirpe de avanzada.
Pero está segura de que con ese cartón no se le abrirán las puertas del
escenario competitivo en que se mueven las ofertas laborales en el país.

La crisis devaluó su linaje. En la nueva nobleza proletaria integrada
por dueños de paladares, empresarios de rositas de maíz, tamaleros,
barberos unisex, y quienes rentan viviendas para extranjeros, entre
otros, Adelina no puede competir.

A punto de la jubilación, vuelve a los inicios de su empleo: contar
latas, pegar etiquetas, barrer oficinas, o sentarse detrás de un buró a
desinformar el rumbo que tomó el nuevo director de la fábrica de
conservas Doña Conchita. Eso, si al final no la expulsan de una empresa
a la que dedicó su vida laboral, y hoy como premio de consuelo le ofrece
la reubicación o la cesantía, y un estímulo moral por trabajar con un
marcapaso.

vicmadomnigues55@gmail.com

http://www.cubanet.org/articulos/linajes-revolucionarios/

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