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La revolución cubana: entre el ocultismo y las ciencias sociales

La revolución cubana: entre el ocultismo y las ciencias sociales
Lunes 15 de Agosto de 2011 10:15
Ángel Velázquez Callejas

Existe una amplia literatura teosófica, sobre todo en Occidente, que nos
permite acercarnos al conocimiento estructural de los cuerpos sutiles,
de la psicología evolucionista del hombre. Los trabajos, por ejemplo,
de Helena Blavatsky, sobre todo "La doctrina secreta"; los de Annie
Besant, entre ellos "El hombre y sus cuerpos"; de Alfred Sinnett,
"Esoterie Budd-hism", cuyos textos fueron conocidos por José Martí. Pero
ojo con el pensamiento teosófico, porque la resolución de los "cuerpos
sutiles" nunca fue vista en conexión con la realidad social.

Sin embargo, hasta donde conozco, en América fue Emerson el primero en
intentar integrar el conocimiento esotérico con la práctica del saber
social y político. Es por ello que el movimiento de los
trascendentalistas norteamericanos recesa en el conocimiento de la
relación entre el universo interior y el exterior del mundo humano.

Emerson extrajo de la obra mística de Swedenborg varios aspectos
esotéricos de la estructura de los "cuerpos sutiles", que lo llevaron a
plantear la teoría emergente del escolar norteamericano y la propuesta
literaria de que "sin literatura americana no hay América". Unas décadas
más tarde, el psicólogo William James haría un trabajo meritorio basado
en la influencia de Emerson, en cual llegó a interiorizar en los planos
exotéricos de la mente y la psicología humana.

En el siglo XX otros teósofos y esoteristas elaboraron obras donde se
pueden recoger información sobre la estructura de los "cuerpos sutiles".
La obra de Rudolf Steiner es muy importante. Su concesión de ver el
universo interior desde la antroposofía se parece bastante a los métodos
de indagación martiana sobre la sociedad norteamericana, en particular
a los referidos retratos sobre hombres norteamericanos. De muy buena
información ulterior es la obra de Evelyn Underhill sobre "La mística",
de Leadbeater sobre los chakras y los cuerpos de energías humanos. Se
dispone también de la obra del cuarto camino de George Gurdjieff y
Pedro Ouspensky. En la tradición hermética de los rosa-cruces se puede
encontrar información al respecto, la cual aparece en el cuerpo del
conocimiento masónico.

Sin embargo, este conocimiento sobre el interior de lo humano, esta
ciencia oculta como lo llamaron los teósofos, para la ciencia social
nunca ha sido objeto de atención. El único que intentó llevar a cabo una
simbiosis entre lo que ocurría en el universo interior humano y la
relación con la exterioridad en Cuba, fue José Martí. Resulta
sintomático que un pensador cubano como Joel James dijera apenas hace un
lustro que el problema fundamental de la filosofía en Cuba no es el de
la relación del Ser y la Conciencia, sino el de la relación entre
interioridad y exterioridad humana. Pero el fallo en esta especulación
de James es que identifica el sentido de las cosas, de lo existente,
dependiendo de la conciencia. "Si no hay conciencia en el hombre no se
pueden conocer las cosas". Diría que lo primero existente es la
conciencia, y que las cosas, la manifestación, surge después.

Pero Joel se confunde en este sentido porque cree que la conciencia
existe sólo en relación al hombre. Pero la conciencia es más que el
hombre, es el testigo de todas las cosas, incluyendo del propio hombre.
La conciencia es un "cuerpo sutil", el más elevado dentro de los que
conforman al hombre, ya que no deja de ser la universalidad de toda la
existencia.

Otras corrientes ocultistas ancestrales como la Cábala, la tradición
secreta de los Esenios, proporcionan información de los "cuerpos
sutiles". En Cuba, una cosa que no ha sido estudiada desde este ángulo
es que las tradiciones religiosas populares, los sistemas religiosos y
sincréticos desde el Palo Monte, la Santería y el Espiritismo en su
variante científica y popular, informan sobre la existencia de los
cuerpos sutiles. Esa tradición religiosa popular cubana, dentro del
cuerpo antropológico y sociocultural cubano, constituye un esfuerzo por
expresar popularmente los diferentes niveles de los cuerpos sutiles.

La influencia del conocimiento esotérico tuvo que ver en la constitución
de la poesía romántica y del arte surrealista. Por eso existe la
incógnita manifiesta en toda una tradición sociocultural a lo largo de
cinco siglos de historia, pero esta manifestación es sólo una
indicación. Los estudiosos de la tradición y los procesos identitarios
han tomado la pregunta desde otro punto de vista: la toman desde el
análisis positivista, desde el análisis histórico. Regresan a lo que
consideran las raíces, el origen, y buscan el legado, se sienten parte
de una tradición o manifestación cultural, pero lo hacen por medio de
las causales que relacionan su tiempo con toda manifestación
sociocultural anterior. Indagan observando el pasado. El sistema poético
del mundo de Lezama se sostiene en esa búsqueda.

Sin embargo, para José Martí éste mecanismo de búsqueda fue un error. La
propia pregunta "quién soy yo" lo conllevo a salirse, en determinado
momento, de la dinámica del tiempo social y penetrar en otra dimensión
temporal, donde el desplazamientos de lo que ocurre –la recurrencia
estructural– no determina ninguna estructura social. Lezama ha dicho
en este sentido que la búsqueda martiana es peculiar, porque escarba en
el origen y en las raíces aquello que está oculto a toda manifestación
social.

Es decir, las raíces, el origen de toda manifestación, no se han de
buscar en el exterior, sino en el interior de uno mismo. Lo que sucede
es –y aquí retomo la concepción Maturana de la calidad con que un
organismo se reajusta y se reorganiza en sí mismo– que los primeros
cuatros cuerpos sutiles del hombre, el físico, emocional, astral y
mental, se reorganizan de acuerdo a las circunstancias sociales dadas.
Pero el quinto y los demás suelen no responder a las circunstancias
sociales, sino a uno mismo: a la subjetividad más profunda. Es cuando
uno llega a estar por encima de esas circunstancias. Uno sale de la
trampa orteguiana del ensimismamiento del "yo soy yo y mi circunstancia".

No viene al caso detenernos en la doctrina espiritista kardeciana. Pero
como un sector de nuestra sociedad, instituciones de culto religioso
popular y el trabajo de uno de los más grandes intelectuales que ha dado
Cuba, Don Fernando Ortiz, han sido influenciados por esta doctrina,
dejemos aclarados algunos puntos que nos permitirán avanzar en el curso
de las ideas que sostenemos aquí.

La doctrina de la ciencia espirita kardeciana es elaborada a partir de
varios de los misterios que mueven el cuarto cuerpo sutil, el cuerpo
mental humano: media unidad, clarividencia, magnetismo, hipnosis,
telepatía, sueño, inconsciente. Pero sobre todo a partir de los poderes
que produce la mente. Desde allí, desde el cuarto cuerpo mental, Kardec
se apropió de varios tópicos que pertenecen al quinto cuerpo, el cuerpo
espiritual. Uno de ello es la reencarnación del espíritu. Pero muchas
cosas quedan ignoradas acerca del quinto, sexto y séptimo cuerpo sutil
humano. Kardec pensaba que el hombre terminaba en el cuarto cuerpo. Por
eso su lectura sobre el Evangelio no es completa. Sobre el propio tópico
de la reencarnación es muy ambiguo y confunde cosa del cuarto con las
del quinto cuerpo. Desconoce una buena parte de lo que sucede en el
quinto, casi por entero lo que existe en el sexto y nada sobre el
séptimo. Su doctrina es científica porque la lógica puede llegar
plenamente abierta hasta el cuarto plano. Los hechos que lo llevaron a
meterse de lleno en esas investigaciones, como el fenómeno de la mesa
giratoria y la existencia de vehículos humanos comunicadores con
registros sutiles a la percepción humana, los explicaba mediante la
lógica y el razonamiento conceptual.

En ello hay una metafísica concienzudamente elaborada que fue la que
encantó a Don Fernando en las ideas que concibió interponer mediante un
metarrelato antropológico penal, etnológico e histórico, en búsqueda del
mejoramiento humano. Aquellos problemas raciales, la decadencia y la
criminalidad en Cuba. Pero cuando se trata de profundizar en los
tópicos del quinto y sexto cuerpo, la lógica y el propio lenguaje
comienzan a fallar. Por eso Kardec se detuvo allí. Aun no sabemos las
razones que dan origen a la simbiosis entre un rito y una metafísica
espiritista.

Para una región cubana como la de Bayamo, por ejemplo, las declaraciones
de Ángel Lago han sido más profundas que la resolución de Don Fernando
acerca de los origines del espiritismo del cordón. Pero no hay nada
claro en ello cuando se intenta razonar sobre los vínculos que
aparecieron entre esa práctica ritual con los fundamentos doctrinales
kardecianos. Un practicante del espiritismo en la región de Manzanillo,
el poeta Manuel Navarro Luna, contrapuso mediante el conocimiento
pragmático los efectos que no poseen causas visibles, la teoría
espiritista desde el punto de vista de la ciencia. Navarro Luna no creía
en ciencia alguna. Para él el espiritismo kardeciano no llenaba la
brecha del saber. Pero entiendo hasta qué punto Navarro Luna defendía su
punto de vista, ya que en aquella época el concepto de mediaunidad
sobrepasaba las expectativas del conocimiento positivista, y los
estudios de la psicología paranormal estaban en cierne.

Hoy día podemos entender de qué se trataba entonces. Por ende, presumo
que detrás de todo ello algo se esconde. No hemos hurgado lo suficiente.
Tenemos una idea causal de los hechos acaecidos, pero no penetramos en
lo más profundo de la subjetividad que la mueve. Habría que preguntarse,
por ejemplo, por qué la mayoría de los hombres de las regiones
orientales que se unieron al movimiento 26 de julio y se incorporaron
después a las guerrillas de la Sierra Maestra, tenían vínculo directo
con alguna práctica y culto religioso popular. El doctor César Vallejo,
Celia Sánchez, Manuel "Piti" Fajardo, entre otros muchos, eran
practicante del espiritismo. Y es que el metarrelato de la revolución
en Cuba, desde la Guerra Grande hasta el 1 de enero de 1959, descansa a
mi modo de ver en una fuerza de culto del "cuarto cuerpo". Céspedes era
un practicante masón, Maceo un practicante del Palo Monte; Fidel Castro,
según el misterio que le rodea, poseía un grado elevado en la práctica
de los rosacruces.

Cuando se estudie correctamente la relación de esta ciencia oculta, los
cuerpos sutiles que la integran, con el panorama antropológico y
sociocultural de la cultura cubana, hallaremos cierta lógica
fragmentada, oculta, que da unidad a ese proceso de más de cien años de
historia. Sabremos algún día por qué la mente colectiva cubana fue
inducida al suicidio de patria, nacionalismo y revolución.

http://www.neoclubpress.com/letras/ensayo/1923-la-revolucion-cubana-entre-el-ocultismo-y-las-ciencias-sociales.html

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