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La isla hiperbólica

SOCIEDAD

La isla hiperbólica

Los cubanos son desmesurados en la fiesta y el amor, expertos en
resolver problemas y maestros en el arte de reírse de sí mismos… y de
los demás
23.08.11 – 00:42 –

Cuando se pregunta a los cubanos cómo son, se obtiene una respuesta
unánime que se sintetiza en tres palabras: «Somos los mejores». Puestos
a pormenorizar un poco, admitirán algunos defectos, pero siempre se
atribuirán más virtudes. Alegres, bailones, sexis, solidarios,
comunicativos, religiosos, dicharacheros, fiesteros, optimistas,
divertidos, trabajadores, fogosos, luchadores, ingeniosos y buenos
amantes, se emocionan con cualquier deporte, pero mueren por el beisbol
y el dominó. Toman café «a buchitos», les gusta beber ron y fumar tabaco
-«el mejor del mundo», insisten-, la salsa y el reggaetón. Prefieren la
carne de res, pero, como es cara y escasa, se conforman con la de cerdo.
Cambian de pareja como de camisa y disfrutan el 'vacilón', es decir, la
vida placentera. «En Cuba se forma la fiesta con una lata y un palo», se
suele decir, como muestra de su permanente disposición a la juerga.
Como rasgos negativos, destacan por especuladores -se conoce así a los
alardosos y propensos a la ostentación-, regionalistas, escandalosos,
burlones, maleducados en cuanto a valores de urbanidad, bebedores,
chismosos, exagerados, presumidos y muy malos perdedores. La mayoría se
queja de que el salario no da para nada, y quizá en sus casas no tengan
apenas qué comer, pero se cuelgan al cuello cadenas que doblan la cerviz
o se cubren los antebrazos de pulseras de bisutería que dan el pego. La
última moda son las larguísimas uñas postizas con dibujos increíbles e
incluso con circonitas y cadenitas, que cuestan hasta 15 euros, según la
longitud o las incrustaciones, y otros 5 restaurarlas cada quince días.
Una fortuna si se considera que el salario mensual medio es de 17 euros.
Hay una rivalidad muy fuerte entre capitalinos y orientales, a quienes
llaman despectivamente palestinos. A los de Pinar del Río, pinareños,
les toca aguantar el sambenito de tontos, como a los habitantes de Lepe
en España. El nivel de instrucción académica es muy alto, pero solo hay
que ir a una playa fuera de las zonas de turismo internacional para
encontrar latas de cerveza, botellas y papeles por todas partes. La
única excusa es que apenas hay papeleras. Aquí es impensable la
imposición de multas por no recoger los excrementos del perro, que caga
donde le apetece bajo la complacida mirada de sus dueños.
Existen matrimonios de toda la vida, pero el hecho es que Cuba fue el
primer país latinoamericano en aprobar el divorcio, en 1918. Eso, sumado
a que las mujeres son independientes emocional y económicamente,
favorece la formación de parejas en segundas y terceras nupcias o en
unión libre. No perdonan los 'tarros' (cuernos) y a la menor duda piden
la separación 'por rebeldía', que es un divorcio exprés aunque no haya
acuerdo entre la pareja.
¿Qué decir de los cubanos y las cubanas como amantes? «Los hombres dan
por sentado que son buenos machos. Hablando vulgarmente, que son 'buena
hoja'. Y los que tienen muchas mujeres detrás presumen de ser 'pinga
(una muy mala palabra) dulce'. La cubana también se cree buena hembra,
la típica criollita (mulata de generosas caderas)», analiza para este
diario Leonor García, especialista de una empresa estatal. «Nos creemos
científicos y siempre opinamos de todo, aunque no somos maestros de
nada. En una discusión todos quieren tener la razón y gritan y
gesticulan para imponerse», añade.
El ensayista Pedro Pérez Rivero explica la curiosa doble lectura de
algunos calificativos. Es normal que al saludo '¡qué volá!' le siga un
'ya ves, en la lucha'. A las jineteras o prostitutas se las conoce como
'luchadoras'. Con esa palabra se alude no solo al «temerario, atrevido,
valiente o audaz», sino también a quienes tienen «conductas indecorosas
o francamente delictivas» propias del «guaposo, ambientoso, bronquero,
agresivo o violento».
Los cubanos presumen de innovadores. «Somos inventores. ¡Que le digan a
una mujer si no es innovadora en la cocina! Con las dificultades para
encontrar alimentos, no comería. Sin sazón, tengo que hacer el mismo
huevo de otra manera», ejemplifica Marina, una 'cuentapropista' que
vende DVD. Desde que en los años 90 empezó el periodo especial tras la
desintegración de la Unión Soviética y la isla comunista quedó huérfana
de todas sus ayudas, la búsqueda de comida se ha convertido en una
prioridad. Si la economía no mejora, esto irá todavía a peor, porque el
presidente Raúl Castro ha anunciado el fin de la ya menguante libreta de
racionamiento, que permanecerá solo para casos de atención social.
Penes en miniatura
Para los negocios son unos linces. Obligados por la necesidad de
'resolver', lo mismo te ofrecen -en el mercado negro, por supuesto-
cemento que jamón. «La gente está acostumbrada a eso. Te ven por la
calle con tres panes y ya te preguntan si los estás vendiendo», admite
Leonor García.
En lo que casi todo el mundo coincide es en la capacidad de reírse de
sus propios problemas. Las ocurrencias de la imaginería popular son
constantes. Dicen, por ejemplo, que montar en los autobuses atestados es
«como la película del sábado: sexo, violencia y lenguaje de adultos».
Son sociables y afables. «Tan abiertos que llegan a una parada de guagua
(autobús) y enseguida hacen amistad con cualquiera, se intercambian
historias, teléfonos o direcciones», cuenta García. También se burlan
hasta de su sombra. Son especialistas en el choteo y en 'dar cuero',
gastar bromas. Los humoristas son agudos e ingeniosos para criticar las
colas, la falta de alimentos, la burocracia, y saben hacer equilibrios
para ser incisivos sin pasarse. Claro que siempre hay alguno que, en
espectáculos en directo, se excede con las bromas y hace objeto de sus
'cuentos' (chistes) a los espectadores, rayando o cayendo de lleno en la
vulgaridad.
Los más burdos se burlan de los michelines de la gorda o del tamaño del
órgano masculino en los negros y las «miniaturas de los blanquitos». El
asunto de la dimensión del pene sale a relucir en las farmacias, donde
los compradores de condones rechazan entre orgullosos y socarrones los
de fabricación china porque «son diminutos y no nos sirven». Según el
profesor de Historia Julio César González Pagés, «poseer un pene grande
le abre, al futuro hombre, los caminos de la sexualidad, pues mientras
mayor sea el diámetro y la longitud más resaltará su virilidad». Sobre
la masculinidad isleña habría que hacer una historia aparte. «Los
hombres son muy machistas. No les mandes flores, regálales una botella
de ron, puros, un pañuelo, pero con las flores se acomplejan, dicen que
son regalos de mujer», comenta Yarina, una joven profesora de educación
física. Los dos peores insultos -relacionados con el machismo- son los
clásicos 'hijo de puta' y 'el coño de tu madre'.
Otro rasgo inevitable en la isla es el de la mezcla. Un dicho popular
dice que «quien no tiene de congo tiene de carabalí». Cuba es un crisol
de razas. Un cubano de hoy puede tener «abuelo español, abuela negra,
padre chino y madre criolla», un «ajiaco», como decía el gran poeta
Nicolás Guillén.
Como resumen sirve la definición del periodista y profesor exiliado Luis
Aguilar. «Son hiperbólicos y desmesurados (.). No intentéis conocerlos,
porque su alma vive en el mundo impenetrable del dualismo. Los cubanos
beben de una misma copa la alegría y la amargura. Hacen música de su
llanto y se ríen con su música. Los cubanos toman en serio los chistes y
hacen de todo lo serio un chiste. Y ellos mismos no se conocen».

http://www.larioja.com/v/20110823/sociedad/isla-hiperbolica-20110823.html

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