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La corrupción comunista

La corrupción comunista
Thursday, August 11, 2011 | Por Vicente P. Escobal

MIAMI, Florida, agosto, www.cubanet.org -¿Existe alguna peculiaridad en
la corrupción de los regímenes comunistas? ¿Cuál es la diferencia entre
la descomposición moral en un gobierno democrático y la que impera en un
sistema comunista? ¿Qué papel desempeñó la corrupción en la
desintegración del llamado campo socialista?

Los gobiernos comunistas poseen una distintiva interpretación de la
moralidad, de los valores cívicos y éticos. El ciudadano debe observar
un comportamiento "militante", una integración total y su incondicional
respaldo. La más mínima señal de disidencia es interpretada como una
acción antisocial y la oposición política comporta el más severo de los
castigos, incluso la muerte. La hoja de servicios al régimen es el
único aval, la puerta a través de la cual se accede a encumbradas
posiciones: el individuo tiene la obligación de satisfacer su
infinita deuda con el Estado, incluso la de su propio talento.

Bajo esas circunstancias, al ciudadano se le presenta un terrible
dilema: la subordinación o el ejercicio de la duplicidad moral. La
duplicidad moral envuelve a quien la ejerce en una atmósfera donde
impera el instinto de supervivencia, la conquista de un objetivo sin
meditar sobre sus consecuencias y lanzar a un lado los escrúpulos bajo
el irracional dogma "el fin justifica los medios".

¿Se puede hablar, entonces, de una "moral comunista"? La historia de
finales del siglo XX y principios del XXI se ha encargado de confirmar
que la corrupción, unida a otros factores de naturaleza política,
económica y social, jugó un destacado protagonismo en el colapso del
comunismo a escala global.

Los regímenes comunistas, a fin de asentarse en el poder, erigieron la
corrupción como una forma de gobierno. Desde la toma del Palacio de
Invierno por los bolcheviques rusos en 1917 hasta el derribo del Muro
de Berlín por los demócratas alemanes en 1989 la historia de esos
regímenes tiene como elemento primordial la corrupción.

Aquella fatídica muralla se derrumbó cuando los pueblos de Europa
del Este, sometidos durante décadas al comunismo, tomaron conciencia de
los horrores de aquel sistema y dejaron de creer que el marxismo
leninismo se trataba de un acontecimiento irreversible de la historia.

Seria evidentemente absurdo creer que un régimen capaz de controlar el
mas mínimo movimiento de los ciudadanos, que se jacta de poseer un
estupendo aparato de vigilancia y espionaje, que según sus apologistas
ha sido capaz de penetrar las más altas esferas de los servicios de
inteligencia de Estados Unidos, no esté al tanto del desempeño de
sus ministros, viceministros y demás burócratas.

Para la contrainteligencia castrista constituye una obsesión escudriñar
en lo más intimo de los individuos. Instalar micrófonos, cámaras
ocultas e incluso construir un sofisticado sistema para conservar
olores en una base de datos es una práctica habitual de los represores
del pueblo cubano.

La dictadura cubana ha enfilado su macabro arsenal represivo y
propagandístico contra los defensores de los derechos humanos y los
demócratas de la resistencia interna y ha desatado contra ellos una
brutal campaña de descredito que nada tiene que ver con la publicitada
"batalla de ideas".

La gran contradicción de la dictadura cubana es su vocación de
inquisidor del pensamiento social y su incapacidad de poner orden
dentro de sus filas. Las Damas de Blanco son atropelladas por las turbas
mientras la burocracia gobernante desangra a la nación y pone en
cuestionamiento la pureza de las ideas y las intenciones por salvar el
socialismo y perfeccionar el modelo.

¿Quién le produce más daño a un país: un grupo de mujeres portando
gladiolos en sus manos y exigiendo libertad o un montón de funcionarios
corruptos amparados en sus leyendas y sus medallas?

La corrupción en Cuba no solo ha deteriorado la moral ciudadana y
estimulado el envilecimiento del individuo, sino que ha gravitado muy
negativamente en el desarrollo económico de la nación, al margen del
probado fracaso de ese tipo de régimen. En el terreno de la moralidad
y el buen gobierno supone, además, un desacato e incluso una
subversión de los procesos formales. La corrupción convierte al
individuo en un ser irresponsable y distorsiona su protagonismo social
poniendo en entredicho el imperio de la ley o Estado de Derecho.

De un modo más general, la corrupción ha erosionado la cuestionable
institucionalidad de la dictadura, ya que se desprecian los
procedimientos, se desvían los recursos y se venden y compran los
puestos y cargos estatales. Al mismo tiempo, la corrupción ha sido un
factor preponderante en el socavamiento y la legitimidad de aquel
sistema, apartado como está de los valores democráticos,
particularmente la confiabilidad y el prestigio.

¿Qué debe pensarse de la profunda amoralidad que se da en un militante
del Partido Comunista con una alta responsabilidad en la administración
pública, sujeto a un hipotético compromiso de servicio a sus
conciudadanos, firmante de una proclama inherente a la "moral de los
cuadros revolucionarios", que ha sido capaz de exigir a sus
subordinados la mayor austeridad mientras él, actuando en las sombras
y enmascarado en sus credenciales políticas, estafa, desvía recursos,
falsifica documentos, soborna y comete las más incalificables acciones
criminales?

¿Cuál es la lección que todos debemos extraer de semejante conducta?

http://www.cubanet.org/opiniones/la-corrupcion-comunista/

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