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Editorial: Pablo Milanés en Miami

Opinión

Editorial: Pablo Milanés en Miami
DDC
Madrid 29-08-2011 – 2:28 am.

El escaso centenar de personas que protestó ante el concierto del
cantautor Pablo Milanés en Miami evidencia la pérdida de peso de las
posiciones radicales en el exilio. Las 1.500 butacas vacías —el 30 por
ciento del aforo— dejan claro que la producción del evento sobrevaloró
las posibilidades del cantante en la comunidad. Ambos datos denotan que
la política, incluso en una sociedad como la cubana, vende cada vez menos.

Y es que el esfuerzo por despolitizar el evento —llevado a cabo tanto
por la producción como por el propio cantante—, fue auténtico solo en
parte: ya el título de la gira, "Proposiciones: único, histórico,
icónico", aludía, junto a la importancia musical del trovador
("icónico"), a su arista política ("histórico").

Miami era, hasta el pasado sábado, el único lugar donde la política
podía ser utilizada aún como resorte para la trayectoria musical del
cantante. Sin embargo, las estadísticas del concierto y de lo que lo
rodeó dejan claro el fracaso de esa lógica. El espectáculo se realizó
sin contratiempos. A partir de ahora, Pablo Milanés podrá volver (y
seguramente lo hará) a Miami sin que su aparición entre gente del exilio
constituya un "escándalo".

Para conseguir esto, el artista no hizo cambios de última hora. Él mismo
pidió cantar en Miami y no en otra ciudad de Florida. Su decisión de no
interpretar ciertas canciones fue una deferencia hacia el exilio, pero
también, dadas sus más recientes declaraciones, un gesto de integridad
propia. Desde hace años Milanés viene privilegiando el intimismo y la
lírica de sus composiciones por encima de la épica de su repertorio. Y
mucho antes de llegar a Miami había criticado públicamente al régimen
cubano en varias ocasiones.

Hubo, además del puñado de manifestantes y trituradores de discos,
quienes afirmaron que sin la revolución Milanés habría sido un simple
cantante de boleros. Una aseveración así hace ostensible el desprecio
por la cultura popular (el bolero no es útil a las maquinarias
ideológicas) y el desconocimiento del trabajo del cantante y compositor
con grandes voces e intérpretes que van desde un Miguelito Cuní hasta
una Elena Burke.

Pablo Milanés es, sin dudas, uno de los grandes intérpretes y
compositores de la música cubana de todos los tiempos. Su influencia se
extiende más allá del ámbito nacional, y a diferencia de otros
integrantes de la Nueva Trova, movimiento musical aupado por la
maquinaria propagandística castrista en América Latina, su carrera
trasciende los límites de la canción política.

Quienes quisieron condenarlo a repetir a perpetuidad su pasado, porque
no admiten cambio alguno en sus opiniones o porque intentan chantajearlo
para que siga acompañando con su música a un régimen desfalleciente, se
equivocaron. Y se equivocaron también quienes pretendieron utilizar como
gancho publicitario el pasado político del cantautor. La presentación en
Miami de Pablo Milanés ha demostrado el fracaso de todas esas
intenciones y la libertad del verdadero arte. Las 1.500 sillas vacías en
el Miami Arena fueron, seguramente, el asiento de la política.

http://www.ddcuba.com/cuba/6628-editorial-pablo-milanes-en-miami

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