Cuba Derechos Humanos

Del lado de Raúl

Publicado el lunes, 08.22.11

Del lado de Raúl
Alejandro Armengol

El general Raúl Castro no se cansa de repetir que la Ley de Ajuste
Cubano debe desaparecer. Ahora un legislador cubanoamericano se ha
colocado de parte de ese régimen que él mismo critica a diario, y quiere
modificar una norma que por años ha sido el mayor beneficio que el
gobierno de Estados Unidos ha otorgado al exilio cubano. David Rivera
quiere que el exilio se suicide.

De todos los legisladores cubanoamericanos, Rivera expresa en su estado
más puro la división entre cubanos llegados en años recientes y cubanos
que han permanecido por largo tiempo en este país, o aquellos que son
hijos de cubanos provenientes de las primeras oleadas de exiliados.

Dentro de la familia cubana, en la mayoría de los casos, esa división no
existe. Tampoco uno la encuentra en las calles de Miami. En esta ciudad
no hay barrios para los recién llegados ni zonas de exclusión. Por
supuesto que muchos de los que vinieron hace ya décadas tienen mejores
viviendas y trabajos, pero esa no es necesariamente la norma ni rigen
cuotas de restricción. Hay recién llegados que han hecho el dinero
suficiente para vivir confortablemente y personas que llevan muchos años
en este país, cuya vida se ha reducido a los limitados ingresos de una
asistencia social siempre expuesta a los cortes presupuestarios. De
hecho, al ser más jóvenes, muchos de los que han viajado en los últimos
años cuentan con mayores posibilidades laborales.

Ahora bien, la división ha comenzado a acentuarse debido especialmente a
las medidas sobre las remesas y los viajes adoptadas por el gobierno del
expresidente George W. Bush. No son diferencias políticas, en el sentido
de que los recién llegados tengan una mayor simpatía por el régimen
cubano. No son discrepancias ideológicas. Nadie que ha llegado en los
últimos años ha salido a la calle a expresar una opinión favorable sobre
los servicios médicos públicos, la banca estatal o la nacionalización de
las empresas privadas. Las diferencias radican en que los que han
llegado en las dos últimas décadas priorizan a la familia sobre el
mantenimiento de una estrategia política agotada frente al régimen de La
Habana, quieren escuchar la música que oían en la isla y a los
intérpretes que escuchaban en ella, y consideran que la política es algo
secundario, porque entre otras razones, adoptar esa actitud fue uno de
los motivos que los llevó a irse de Cuba.

Los miembros de una parte del llamado "exilio vertical" –un nombre que
expresa más declaración sonora que una realidad– no comparten esos
criterios. Siguen empeñados en una lucha que es más verbal que cualquier
otra cosa, y aferrados a sus puntos de vista caducos. Quieren, en última
instancia, conservar el poder pleno y absoluto en esta ciudad. No solo
decidir que políticos triunfan en las elecciones, sino también qué
música se escucha en la radio y en las esquinas. También cada vez se
sienten menos a gusto con los que llegaron después.

Por su parte, Rivera busca mantener a un gran número de los cubanos que
llegan actualmente a Estados Unidos, Miami y posiblemente a su distrito
en un limbo legal con un estatus migratorio de parolee durante cuatro
años adicionales, con el fin de que no puedan viajar a Cuba. Al mismo
tiempo, se demorarían cuatro años más en convertirse en ciudadanos
norteamericanos y, por lo tanto, votantes.

Rivera presentó la propuesta el primero de agosto, pero nada se dijo al
respecto. La redacción inicial de la propuesta requiere que los cubanos
tengan que esperar cinco años –en lugar del plazo actual de un año y un
día– antes de que sean protegidos por la Ley de Ajuste, recibiendo
residencia inmediata en Estados Unidos y otros beneficios. La nueva
redacción, enviada por correo electrónico por la oficina de Rivera a El
Nuevo Herald, dice que los cubanos no serán elegibles para la Ley de
Ajuste si regresan a la isla antes de que su estado sea ajustado.

Llama la atención ese cambio fundamental en la redacción de la
propuesta. O Rivera actuó precipitadamente –no sé sabe a qué motivos
obedecía, especialmente durante un receso congresional– o le dijeron que
modificara lo que había escrito.

En cualquier caso, el cambio no afecta la esencia del proyecto, que
puede resumirse de la siguiente manera: un sector radical del exilio,
llámese histórico, llámese intransigente, quiere que todos los cubanos
que han llegado en los últimos años a este país entren por el aro, y
aunque piensen diferente hagan lo que ellos –que se consideran los
dueños de esta ciudad y el exilio– consideran lo correcto. ¿No recuerda
esto al régimen cubano, con sus prohibiciones y límites a la libre
circulación de los cubanos, ya sea dentro de la isla o en viajes al
exterior?

Uno tiende a pensar que los legisladores buscan lo mejor para sus
contribuyentes, pero en este caso, el legislador David Rivera lo que
quiere es que una buena parte de ellos sean ciudadanos de segunda
categoría, sin poder viajar libremente o derecho al voto. Vale la pena
preguntarse entonces, ¿cuál es la diferencia entre este legislador y
muchos funcionarios de la isla que aún tienen el poder de perjudicar o
incluso detener la vida de miles de cubanos? No resulta extraño entonces
que Rivera se coloque del lado de Raúl Castro.

http://www.elnuevoherald.com/2011/08/22/v-fullstory/1007313/alejandro-armengol-del-lado-de.html

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