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Es una carrera desenfrenada, un viaje sin otra alternativa que regresar
a casa con un grumo de pan, una botella de refresco o algo de dinero
para irse con un poco de dignidad a la cama

Luis Felipe Rojas, Holguín | 15/08/2011

Es una carrera desenfrenada, un viaje sin otra alternativa que regresar
a casa con un grumo de pan, una botella de refresco o algo de dinero
para irse con un poco de dignidad a la cama. En esta zona del Oriente
cubano han vuelto a pulular las cartománticas, los yerberos y mujeres
que lavan-planchan-cocinan por un plato de comida o diez pesos en moneda
nacional. Abundan los fontaneros, limpiadores de patio y arregladores de
fogones a domicilio, oficios más que normales, pero también han
florecido los compradores de relojes dorados y platerías y los
tumbadores de coco. En ciudades como Holguín y Santiago de Cuba, los
vecinos de las oficinas de Inmigración y Extranjería, por unas pocas
monedas te llenan las innumerables planillas que exige la burocracia
estatal en esos centros sin cometer un solo error.

Dos de los mejores técnicos de teléfonos móviles que conozco no pasan de
los treinta años. Una muchacha contemporánea con ellos tiene cada día
frente a su casa una enorme fila de gente: todos quieren sacar su
computador del infierno, despertar la mother board, acelerar la
velocidad de arranque o cambiarle el MODEM interno, y ella, que es
técnico aún sin graduar intenta complacerlos y buscarse la vida. Por mi
barrio viene desde hace poco una joven pedicura. Discreta, limpia y de
buenos modales, me aseguró que solo puede atender tres clientes en la
mañana, son muchos los pedidos de ancianos más o menos pudientes. En la
tarde recibe clases de Inglés y en la noche atiende a mujeres que
trabajan durante el día.

Músicos, espiritistas, marroquineros, traficantes de dólares, tabacos de
exportación y extractos de rones añejados. Son servicios que se prestan
por debajo de las inspecciones estatales. Son una masa de hombres y
mujeres que caminan en silencio hacia el primer asidero del día, la
primera moneda fuerte que pese en el bolsillo y asegure una barra de
pan, un jabón, una libra de bistec de cerdo. Son un ejército indetenible
contra los muros, las prohibiciones absurdas, las alambradas mentales.

http://www.cubaencuentro.com/cuba/articulos/buscarse-la-vida-266970

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