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¿Nuevos ricos en Cuba?

¿Nuevos ricos en Cuba?
Friday, August 12, 2011 | Por José Hugo Fernández

LA HABANA, Cuba, agosto (www.cubanet.org) – Ahora se oye decir con
frecuencia que en Cuba hay más millonarios que en Miami. Debe ser una
exageración intencionada para despertar interés en torno a la existencia
de nuevos ricos en el patio. Así que no hay que tomárselo a pecho. Pues
sabemos que aquí no sólo hay una cifra irrisoriamente menor de nuevos
ricos que en Miami, sino que entre esos nuevos ricos ninguno es nuevo.

Tampoco abundan los ricos entre nuestros nuevos ricos, excepto los que
no son nuevos.

Eladio Secades, cuyas Estampas son la Biblia del costumbrismo cubano,
puntualizó que se puede ser nuevo rico toda la vida, ya que esta
categoría no la define el tiempo, sino el uso ostentoso que hacen de su
dinero ciertos pobres con plata.

Pero es una lástima que Secades no haya podido dejar constancia del
fenómeno en nuestros días, donde los verdaderos nuevos ricos, entre los
que ninguno es nuevo, no son ostentosos, porque no les conviene serlo,
ni son pobres con plata, sino auténticos millonarios, al margen de que
se pueda o no demostrar que guardan millones en los bancos. Son los
ricos de siempre. En tanto los ahora llamados nuevos ricos no pasan de
ser tuertos reyes en país de ciegos.

Según Secades, el nuevo rico cubano es aquel que hace alarde de poseer
el mejor yate. Este dato -por escoger solo uno- puede resultar revelador
cuando lo confrontamos con nuestra realidad, intentando no sólo calcular
el monto real de nuestros actuales nuevos ricos, sino las
características que los prefiguran.

Ni esos hacendosos campesinos que han logrado juntar algunos cientos de
miles, ni los dueños de restaurantes u otros negocios particulares con
solvencia holgada pero nunca millonaria, ni los artistas mejor
remunerados, ni los contrabandistas, especuladores y narcotraficantes
por cuenta propia… en fin, ninguno de los que ahora incluimos
festinadamente en la clase de los nuevos ricos, ninguno, insisto, posee
el mejor yate, ni siquiera se le ocurriría alardear al respecto.

Los más lujosos yates, los cotos exclusivos para la caza del venado, los
cayos y playas paradisíacos de uso privado, las residencias en barrios
de absoluto abolengo, las vacaciones en Europa, las mejores
universidades del mundo para sus hijos; nada de ello está al alcance de
esos pobres diablos a los que hoy llamamos nuevos ricos de Cuba. En
cambio, no es nuevo para nadie que durante decenios han sido parte de la
vida cotidiana de nuestros ricos viejos, los de verdad.

Tal vez por eso resulta extraño, y hasta en ocasiones chocante, que se
insista tanto en esto de nuestros nuevos ricos, dándole tratamiento
peyorativo al asunto.

No es que sean santos los pobres diablos en cuestión. Pero no hay que
exagerar. En Cuba, para convertirse en eso que hoy llamamos un nuevo
rico, las vías y los mecanismos han podido ser múltiples, más o menos
lícitos e ilícitos. Para hacerse millonario de verdad, con o sin cuentas
bancarias verificables, sólo sigue existiendo un conducto, siempre
ilícito: el poder político. Por eso resulta pueril afirmar que en La
Habana hay ya tantos millonarios como en Miami.

http://www.cubanet.org/articulos/%c2%bfnuevos-ricos-en-cuba/

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