Cuba Derechos Humanos

Testimonio de un cubano desterrado en España

Testimonio de un cubano desterrado en España – Nicaragua Hoy
Opinión: 18.09.2010, 22:46:48

Síntesis biográfica de José Luis García Paneque

Edad: 44 años. Nació el 24 de julio de 1965.
Está casado con Yamilé Llanes y tiene 4 hijos.
Estudió medicina graduándose en 1987. Especialista en Traumatología y en
Cirugía Plástica. Por sus actividades opositoras en 1997 fue expulsado
del hospital "Ernesto Guevara" en la provincia de Las Tunas, donde
trabajaba como cirujano. En 1998 se incorpora a Libertad, una agencia de
prensa independiente del proyecto Nueva Prensa Cubana. En el 2001 es
nombrado director.
Condenado a 24 años de prisión, estuvo cumpliendo su sentencia en la
prisión El Yayal (Cuba Sí). Actualmente cumple en Las Mangas, Granma. Su
familia reside en Calle Emilio González No. 63 e/ E. Avila y J. Licea,
Las Tunas.

Desterrado a España
Fecha de arribo: 13 de julio de 2010.

Desorganizaba y volvía a organizar la celda para no perder el equilibrio
psíquico

A modo de recordatorio, fui llevado a prisión durante los hechos de la
Primavera Negra de 2003, sucesos en los que 75 opositores del régimen
castrista, condenados en juicios sumarísimos a penas entre 6 y 28 años
de sanción, sometidos de forma arbitraria a régimen en celdas de
aislamiento.

Son recintos con un espacio reducido de alrededor de 3 m2, rectangulares
de 3 x 1 metro, con escasa ventilación e iluminación al tener solo una
reja de entrada. Son celdas húmedas, estructuradas en dos secciones
divididas por un tabique. El primero lo forma una letrina -conocida
entre los presos como "turco"- encima del tubo por donde fluía el agua
que ponían solo 5 minutos al día y que incluso podía faltar por varios
días y un lavadero llamado "patera". En el otro lado estaba la estrecha
cama, incómoda incluso para mí, que soy un hombre de baja estatura.

Como pueden darse cuenta, queda muy poco espacio libre para poder
moverse y ahí transcurría mi vida las 24 horas del día, con la excepción
de 1 hora para tomar el sol en similares condiciones y aislado. Solo de
lunes a viernes, no incluía los fines de semana.

Tuve visitas familiares cada 3 meses y una llamada telefónica una vez al
mes por dos años, supuestamente el tiempo en que seríamos sometidos a
uno de los métodos de castigo más cruel e infrahumanos que se le pueden
aplicar a un hombre, donde se le priva al reo de todo vínculo de
interacción social, con el objetivo de realizarle "un lavado de cerebro".

Es como si el tiempo se detuviera, te ves obligado por las
circunstancias a crear mecanismos de protección para superarte a ti
mismo y soportar la prueba de lograr un equilibrio psíquico, depende el
daño permanente que tendrás que cargar o no en el futuro. Esa es la
causa por la que muchos de nosotros hoy llegamos al destierro con un
deplorable estado físico y serios problemas de salud.

En mí ha quedado como una marca indeleble lo que se sentía a medida que
pasaban los días, semanas, meses. Todo se hacía más duro y difícil.

Para soportar el estado de soledad total, me planificaba una rutina
diaria que ocupara todo el tiempo y comenzaba con el alba. Casi siempre
coincidía con la llegada del agua, llenaba en los escasos minutos los
pomos de agua para beber y cubos para el aseo, mientras esperaba que
llegara el desayuno que consistía en agua azucarada que conocíamos como
"bunga" o algunas veces algún cereal no muy claro y un pequeño pedazo de
pan.

Rezaba las oraciones de la mañana. Recuerdo con devoción como me
refugiaba en rezar los misterios del Rosario, esa oración que tantas
veces nos recomendara su Santidad el Papa Juan Pablo II.

Después de fregar el jarro, hacía algo de gimnasia, aunque no estaba
acostumbrado, pues toda mi vida más bien fui sedentario. Con toda calma
me aseaba y hacía lo mismo con la celda, organizaba cada una de mis
pertenencias, que no eran muchas, me tumbaba en la cama a leer.

Al principio, clásicos de la literatura universal como El Conde de Monte
Cristo, Los Miserables o la biografía de Fuché, era lo típico en las
prisiones, además no tenía muchas opciones con visitas familiares tan
esporádicas y literatura al principio limitada y censurada. Cuando se
acordaban, los carceleros nos traían algún periódico nacional como el
Granma, Trabajadores o Juventud Rebelde.

En esos trajines llegaba la primera comida, nada apetitosa y que variaba
en cada una de las prisiones a las que fui trasladado. Mejoraba mi
alimentación gracias a la bolsa de alimentos que les permitían a mis
familiares traerme en las visitas, la que consistía en 25 libras de
productos como galletas, sazonador en polvo, aceite, leche en polvo o
algún cereal.

Después de almorzar, reposaba un rato o me sacaban a tomar el sol,
desorganizaba y volvía a organizar la celda, me sumía nuevamente en la
lectura, me bañaba y esperaba la cena, a la que le dedicaba más tiempo.
Era todo un ritual tratando de abstraerme del mundo que me rodeaba,
evitaba por todos los medios que me cogiera el "gorrión" (la tristeza),
pues todo se convertía en un círculo vicioso que podía durar varios días
y hacía mucho daño.

Llegaba la noche y la iluminación se hacía muy precaria. Sin otra
alternativa, trataba de dormir lo más pronto posible hasta el siguiente
día, para empezar todo de nuevo.

Mis familiares se dan cuenta que he traído de la prisión una manía por
el orden y la organización, al servir la mesa, hacer la cama, atender
las amistades, trato que todo quede al mínimo detalle, para mí algo
normal y que no lo noto, pero ellos lo perciben. Aún es tolerable para
todos, espero que el tiempo y Dios me dé la oportunidad de superar.

Muchos días nos pasábamos en la captura de alguna novedad, para variar:
mirar por las aspilleras por donde entraban la bandeja con la comida
cómo algunos pajaritos cazaban moscas en el pasillo de las celdas. Otra
forma de entretenernos. Cualquier ruido, por muy insignificante, era
objeto de atención.

Es realmente muy triste y devastador para un hombre la vida en esas
condiciones y yo la viví.

http://www.nicaraguahoy.info/dir_cgi/topics.cgi?op=view_topic;cat=Opinion;id=59767

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