Cuba Derechos Humanos

Salto al capitalismo

Publicado el domingo, 09.19.10
Salto al capitalismo
By MARTIN GUEVARA

Segunda mitad de la década de los 70. La Junta Militar de la República
Argentina rompe el boicot que Estados Unidos impuso y le vende trigo a
la Unión Soviética.

El gobierno de la URSS, presidido por Leonid Ilich Brezhnev, sin reparar
demasiado en los miles de militantes de izquierdas que se encontraban en
campos de concentración, torturados salvajemente y luego arrojados desde
aviones al Río de La Plata, manda a colocar la medalla de Lenin en la
pechera de altos mandos militares argentinos, por contribuir a la causa
de la Patria de los proletarios. El billete es el billete.

La Junta Militar otorga la medalla de José de San Martín a altos mandos
soviéticos que viajan a Argentina con tales efectos, mientras, por la
causa proletaria gritaban como cerdos en el matadero los hombres y
mujeres comunistas en aquellos agujeros del terror, que el gobierno
había confeccionado para acabar con la amenaza marxista y peronista.

Una y otra vez los exiliados argentinos en Cuba escuchábamos como su
principal dirigente, Fidel Castro Ruz, en sus extensos discursos, jamás
denunció las prácticas fascistas ni dictatoriales en la tierra de quien
había sido, según él, uno de sus mejores amigos, de sus grandes
guerreros, el Che Guevara.

Por un puñado de rublos.

Jamás denunció siquiera al gobierno de la junta militar argentina. Tal
era así que mis amigos no sabían por qué estábamos exiliados en Cuba, y
lo dudaban cuando yo se los explicaba. En realidad daba la sensación de
que no teníamos un gobierno lo suficientemente malo como para
exiliarnos, ni como para que mi padre estuviese preso ocho años y medio,
ni como para que hubiese 30,000 desaparecidos, más que el doble de la
cantidad de muertos en Chile.

Tal era así que vi lágrimas en los ojos de hombres duros, de militantes
de organizaciones de izquierdas argentinas, que estaban en Cuba,
aceptando las migajas de un exilio en absoluto silencio, como quien da
albergue al violador del pueblo. Lágrimas cuando al esperar una
declaración en el tribunal de la ONU por los derechos humanos, Fidel a
través de sus enviados en la ONU, bajo apercibimiento de la URSS, calló,
haciéndose cómplice histórico de semejante villanía.

Cuando debió callar, leyó en la Plaza de la Involución aquella carta de
despedida de su amigo Guevara, que debía ser leída en caso de muerte.

Cuando debió hablar para hacer revolución, para hacerle un honor a su ex
amigo con respecto a su patria, calló.

Durante muchos años y por razones de lealtad familiar y quizá cierto
adoctrinamiento de izquierda, renuncié a mi derecho a contarlo.

Aun cuando no tengo nada que agradecer a ese régimen y a todo el tendal
de separaciones que dejó no sólo en la familia cubana, sino en la mía
también, de la repugnante carga de hipocresía y corrupción que dejó en
todo lo que tocó, incluido yo mismo.

Más cerca a los días que vivimos. Año 2010.

Después de la muerte de Orlando Zapata, muchos de los intelectuales que
toda la vida habían apoyado u optaban por no denunciar la brutalidad del
gobierno cubano, dijeron basta. No pudieron guardar más ese beneficio de
la duda que se le concedía por el hecho de haberse declarado ejecutor
del bien de la causa de los pobres del mundo. Esto a Fidel debió haberle
molestado, porque a lo largo de su vida ha sido capaz de realizar actos
que no enmarcaríamos para colgar en nuestro salón, pero siempre
acompañados del beneplácito de los intelectuales progresistas.

Las declaraciones contra la muerte de Zapata muy probablemente hayan
sido de profunda preocupación para su entorno por la mala imagen
ofrecida. En estos tiempos de comunicación inmediata, la imagen es
esencial para sostener un gobierno de poder absoluto basado en la
dinastía familiar.

¿Por qué nos cuesta tanto condenar cualquier exceso, crimen, violencia o
abuso, cometido por un individuo que se autoproclama de izquierdas,
revolucionario o comunista?

¿Qué parte de nuestro cerebro se anula o se narcotiza a la hora de
denunciar estos crímenes?

En cualquier caso parecía estarle llegando la hora de la vergüenza, y si
algo no le gusta a Fidel después de no ser el centro de atención
constante, es quedar mal, que se sepa la verdad, que se sepa que bebe
vinos castellanos de más de 200 euros la botella mientras pide a su
pueblo sacrificios numantinos.

Temiendo por su imagen ante la historia, se le ocurrió apoyar el pase al
capitalismo más cruel que puede haber, con toda la población empobrecida
y con escasa habilidad en el mundo de los negocios y las nuevas
tecnologías, en desventaja para competir con los extranjeros.

Desprovisto el pueblo trabajador de todo mecanismo de control a la
patronal. De toda organización de lucha. Los sindicatos cubanos que
funcionan dentro de la isla para los trabajos estatales no tienen
ninguna potestad en el área dólar, en el trabajo por divisas. El
empleado cubano que trabaja para un inversor extranjero no tiene derechos.

La alerta ahora es doble. Primero, hay que ver qué quiere hacer y cuáles
serán las medidas represivas que tomará el gobierno en cuanto empiece a
haber algún descontento con los cambios. Y el otro la aquiescencia del
capital internacional, que como siempre está más interesado en que
entren los bancos y las transnacionales a Cuba, a que entre la
democracia propiamente dicha, la que beneficie al pueblo trabajador.

Martín Guevara, sobrino del Che Guevara, fue expulsado de Cuba por el
Consejo de Estado.

http://www.elnuevoherald.com/2010/09/19/v-fullstory/804798/martin-guevara-salto-al-capitalismo.html

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Calendario
September 2010
M T W T F S S
« Aug   Oct »
 12345
6789101112
13141516171819
20212223242526
27282930  
We run various sites in defense of human rights and need support to pay for new servers. Thank you.
Buscar en sitios: