Cuba Derechos Humanos

LA CORRUPCIÓN, UN DESASTRE QUE ESTÁ DESTRUYENDO LA SOCIEDAD Y EL SISTEMA

LA CORRUPCIÓN, UN DESASTRE QUE ESTÁ DESTRUYENDO LA SOCIEDAD Y EL SISTEMA
07-09-2010.
Jorge Alberto Liriano Linares
Preso Político en la Prisión Kilo 8

(www.miscelaneasdecuba.net).- Por estos días el mundo vive entre dos
tragedias, la de la guerra y la del medio ambiente. Cuba un pequeño
estado insular ubicado en el continente americano, sufre una tragedia
mayor, el desastre de la corrupción; un agujero obscuro en el que
gravitan los dirigentes y militares a todos los niveles de la sociedad.

Históricamente la corrupción es un flagelo ligado a los regímenes
dictatoriales, todos conocemos cuan perjudicial resulta a la economía de
cualquier Estado y sistema social del planeta. La corrupción retuerce el
sentido de las democracias y torna reversible cualquier modelo social.
Los más afectados por este desastre son los pobres, ese cubano de a pie
que sale a las calles cada día en busca del sustento para sobrevivir y
que en Cuba son tipificados por "luchadores". La batalla del cubano
humilde es dura y difícil, cada día enfrentando a la policía, los
inspectores y cuanto funcionarios públicos lo asedien en su vagar
hastiado de la miseria y las penurias del sistema.

Se impone el cansancio de escuchar mentiras de bloqueos que solo existen
para los pobres y las consignas populistas de un sistema que hace
llamados a producir a conciencia, pero sin remunerar el trabajo y
calentar el estómago.

Después de más de medio siglo de Revolución, los cubanos nos percatamos
que nada se ha hecho, nada se ha avanzado y seguimos hundidos en la
misma miseria y desamparo. De aquella histórica frase pronunciada por
Fidel a los inicios de tomar el poder por la fuerza: "Esta es una
Revolución de los humildes y para los humildes", sólo nos queda un
recuerdo amargo y una triste realidad.
Ingenuos los que creyeron en aquellos militares barbudos.

Los militares son los mismos en todos los tiempos y gobiernos. Tras 52
años de dictadura en Cuba, cada día gana más terreno la improductividad,
el robo, la indolencia, el despilfarro y la inconsecuencia; pilares que
estandarizan la corrupción e inclinan la balanza hacia la
autodestrucción del sistema.

Si queremos referirnos a la corrupción en un país socialista, hay que
remontarse a su columna vertebral, los cuadros de dirección. En el
socialismo, vale la pena aclarar, el Estado es el dueño de todo, la
propiedad privada no existe, por lo que el Estado debe apoyarse en
ciertos dirigentes consagrados que cuenten con preparación y
conocimientos económicos profundos. Cuadros de dirección que se
identifiquen con los procesos productivos y que por supuesto que cuenten
con cierta dosis de moral, ética, estoicismo y que sean exigentes sobre
la base del ejemplo propio.

Lo cierto es que debido a las necesidades materiales, tal vez movidos
por el paternalismo consecuente de las instancias superiores y el exceso
de poder que a lo largo de los años ha sido un peligro en mano de muchos
hombres, en Cuba se perdió la consagración y el respeto por la
eficiencia y la eficacia económica. A muchos dirigentes cubanos se les
han subido los humos a la cabeza y a pesar de que siguen gritando Patria
o Muerte, más bien se inclinan por la primera, aún cuando saben no son
ejemplo ante la sociedad, y mucho menos ante sus subordinados,
convirtiéndose en grandes abusadores del poder.

Los militares que representan la fuerza represiva del sistema y la
cabeza de cada Ministerio, vale la pena recordar que Cuba está regida
por una dictadura militar, estos tampoco están fuera de la tragedia.
Altos funcionarios del Ministerio del Interior y las Fuerzas Armadas
Revolucionarias, henchidos de poder, viven a la usanza capitalista,
afectados por el consumismo de mercado, les ha dado por coleccionar
residencias y palacetes, casas de recreo y hasta pequeños islotes en los
cayeríos de recreo. Mansiones con piscinas, climatización centralizada,
residencias con equipamientos de lujo de última tecnología. Ello sin
contar con las colecciones de automóviles, algunos que otros yates y
hasta trenes y helicópteros privados, dignos de magnates petroleros.

A esta mafia militar nadie le controla los gastos, que por supuesto van
muy por encima de las reducidas posibilidades de ingresos que les
concede el sistema. Son impunes a las verificaciones y cuestionamientos.
Tal vez como una réplica a sus históricos maestros de la dinastía castrense.

Si pasamos revista entre estos altos militares, nos percatamos como sus
conciencias están plagadas de autoritarismos y de tolerancias
insuficientes, que los hacen actuar inconsecuentes con las ideas que
dicen defender. Lo que indica que esta clase de nuevos ricos
militarizados andan poniéndose grados y rasgos cargados de estrellas y
ramas en pos de la autodestrucción corruptiva del sistema.

Un vivo ejemplo -muy reciente por cierto- es el derrumbe del Sanatorio
para Reclusos Enfermos de SIDA, que se construía en la Prisión Kilo 9.
La obra llevaba varios años en construcción con una inversión millonaria
en recursos materiales. Altos oficiales del Ministerio del Interior y
funcionarios de la misma instancia, se robaron el cemento, el acero y
hasta la arena de resistencia. Los constructores, simples reclusos,
levantaron los edificios con cocoa y era de esperar el derrumbe, que
milagrosamente no causó pérdidas de vidas.

Durante años, las obras en construcción que lleva a cabo el Ministerio
del Interior, han servido de fuente para robos y desvío de materiales
que son destinados a la construcción de palacios y mansiones y a cuantas
cosas obscuras se pueden desprender de semejante bandidaje.

No es nuevo que a los revolucionarios cubanos les falta la previsión, el
control y la exigencia en el cumplimiento de la labor que les
corresponde. De ejemplos y muchas justificaciones está llena la historia
de la Revolución socialista de la Isla. Lo doloroso y triste de esta
tragedia es que los responsables continúan en sus puestos y disfrutan de
sus confortables bungalós frutos de la indolencia y la desidia.

Continúan esos cargos encubiertos y amamantados por el poder, en muchos
casos ni la propia dirección del país se entera de lo que pasa y los
capos de la mafia militar continúan su desenfrenada carrera,
enriqueciéndose a costa del lugar hegemónico que ocupan y la
omnipotencia que se atribuyen, sin detenerse a pensar en los daños que
causan –en este caso- a los enfermos de SIDA que continúan siendo
torturados y sometidos a condiciones de vida infrahumanas en una celda
común de la prisión Cerámica Roja hace más de un año.

Una realidad palpable es que la sociedad cubana se derrumba, se
desmorona al compás de las obras constructivas. El régimen carcomido por
la corrupción de los que dicen ser sus más fieles guardianes se está
autodestruyendo.

Fenómenos como la corrupción, hacen más estragos en una sociedad que las
armas nucleares y los desastres naturales. Cuba y su sistema social son
una muestra de ellos, el proceso se torna reversible, la sociedad se
derrumba, se autodestruye y el pueblo comienza a demandar cambios. No
cabe dudas, Cuba necesita un cambio, un cambio integral del sistema
político, económico, social y jurídico para evitar el desastre y frenar
los abusos del poder y la corrupción que engendra este peligroso flagelo.

http://www.miscelaneasdecuba.net/web/article.asp?artID=29698

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