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Fidel Castro ya no es el que era… pero sigue siendo

Fidel Castro ya no es el que era… pero sigue siendo

Pese a ese distante segundo plano en que está ubicado, la capacidad de
veto y bloqueo que tiene Fidel Castro sobre el futuro de Cuba se
mantiene incólume

Carlos Malamud, Madrid | 07/09/2010

A comienzos de septiembre de 2010 Fidel Castro retomó una de sus
actividades favoritas: el contacto directo y sin intermediarios entre el
líder y las masas. Tras cuatro años de dura enfermedad y ya, según todas
las evidencias, presuntamente recuperado de los males que lo aquejaban,
la actividad febril desarrollada por el líder máximo de la revolución en
las últimas semanas ha desatado todo tipo de interpretaciones. Sin
embargo, el Castro que hemos visto en esta oportunidad no es el que era
y los temas por él abordados en las últimas jornadas tampoco son los de
antes. Queda entonces en el aire la pregunta de si algo ha cambiado en
Cuba en el supuesto de que haya cambiado algo.

En su toma de contacto con los estudiantes universitarios hemos visto a
Fidel Castro enfundado en su simbólico uniforme verde oliva, aunque sin
galones, medallas ni estrellas. Quedaba atrás el chándal de marca que lo
acompaño en sus cuatro años de convalecencia. En esta ocasión volvió a
hablar de su tema favorito de los últimos meses, la posibilidad de una
hecatombe nuclear. La cosa no quedó ahí. Para dar mayor dramatismo a su
mensaje señaló que "le ha correspondido a Cuba la dura tarea de advertir
a la humanidad del peligro real que está enfrentando". Pero no nos
preocupemos, ya que esta dura y pesada tarea ha recaído, por propia
voluntad, responsabilidad y conciencia revolucionaria, sobre sus propias
espaldas.

Al centrarse en estas cuestiones debió obviar, o callar, aquellas que
habían sido centrales en su discurso más tradicional y en su permanente
lucha en defensa de la ortodoxia revolucionaria. Si los temas abordados
no eran los de antes, la imagen transmitida tampoco era la de antaño.
Sus ojos han perdido buena parte de ese brillo feroz con que encandilaba
a los suyos y sembraba el terror entre los tibios y los contestatarios.
Incluso leyó el discurso que, cosa extraña, no se extendió más de 50
minutos. Visto lo visto, todo indica que parece estar dispuesto no a
perdonar sino a que lo perdonen. Él, el que nunca se equivocaba, ya que
las autocríticas estaban hechas siempre para los otros ?como mostró de
manera ejemplar el caso de los fusilamientos del general Arnaldo Ochoa y
del coronel Tony de la Guardia?, ahora muestra signos de debilidad. Esta
vez, en un largo reportaje concedido al periódico mexicano La Jornada,
si bien asumió como equivocada la feroz persecución desatada desde las
más altas instancias contra la homosexualidad en los años más duros de
la revolución, se negó plenamente a asumir su propia responsabilidad,
con el argumento de que eran años de mucha tensión y mucho ajetreo, en
los que era imposible estar al tanto de toda la agenda. Sin embargo, sí
dijo que se habían excedido en el tratamiento de la cuestión.

Pese a sus actitudes recientes, lo más curioso de su intervención ante
los estudiantes universitarios de La Habana, en línea con buena parte de
sus recientes apariciones públicas y de sus últimas reflexiones, fue la
prácticamente nula alusión a los asuntos más inmediatos. Así obvió los
temas internos cubanos, los abundantes problemas cotidianos que deben
afrontar sus resignados compatriotas, la seria y grave crisis económica
que vive el país, el camino casi sin salida, en definitiva, en que se
encuentra encallada la revolución, pese a que se repita de forma
machacona e insistente el mantra de "patria o muerte". Como si la
realidad inmediata no existiera, o no interesara, Castro se dedicó a
pontificar más de lo divino que de lo humano, más de lo que le preocupa
al orbe global que a la urbe cubana, y así fue como se volvió a explayar
sobre el riesgo inminente de una guerra nuclear, aunque sin pronosticar,
en esta ocasión, la fecha exacta en que ésta tendría lugar.

A la vista de lo dicho y escrito por Castro en las últimas semanas se
podría concluir que éste vive al borde de la conmoción por el tema
nuclear, a tal punto que lo discutió en profundidad con Hugo Chávez y
sus reflexiones también fueron oídas por Evo Morales. De este modo, se
ha establecido una vez más un fuerte vínculo entre abuelo, padre e hijo
en la revolución, una revolución que hoy es más bolivariana que
socialista, pese a las soflamas de unos y otros. En esta ocasión Castro
se ha plegado una vez más a la postura chavista, como muestra su cerrada
defensa del plan nuclear iraní. Y así fue como se preguntó si acaso es
un delito construir una central nuclear con fines pacíficos, dando por
sentado que esos son los firmes propósitos que mueven al régimen iraní.

Tras su larga enfermedad, que lo tuvo al borde de la muerte, como el
mismo Fidel Castro confesó, y su prolongada convalecencia, no es de
extrañar la reaparición de las batallas juveniles en su relato.
¿Estaremos frente al caso del abuelo, ya mayor, recordando una y otra
vez sus batallas de otros tiempos? Porque es bueno recordar que fue en
1962, y no ahora, cuando se produjo la llamada crisis de los misiles, el
momento en que el mundo se encontró al borde de la catástrofe nuclear. Y
si esto hubiera ocurrido, él hubiera sido uno de los principales
responsables, por no decir el máximo responsable de lo que hubiera
podido suceder. Su dureza se debía a que había que demostrar, adentro y
afuera de Cuba, que la consigna que guiaba a la revolución, el ya citado
"patria o muerte", no era una boutade y que la revolución no iba de farol.

Las apariciones recientes de Fidel Castro han hecho correr ríos de tinta
y han dado lugar a numerosas interpretaciones y especulaciones sobre las
reales motivaciones y el sentido último de sus palabras, como recordaba
recientemente Andrés Oppenheimer. La transparencia del régimen cubano
sigue inmersa, como viene ocurriendo desde la época de la
clandestinidad, en un cono de sombra del que no ha podido, o no ha
querido, salir. Algunos inciden en el tradicional reparto de roles,
policía bueno, policía malo, entre los dos hermanos Castro. En este
caso, los asuntos de casa y los de comer le tocan a Raúl, mientras los
importantes, los verdaderamente trascendentales, como los de la guerra y
de la paz, recaen sobre las espaldas de Fidel. Pese a ello, no se sabe a
ciencia cierta si Fidel apoya convencido, o a regañadientes, la labor
gubernamental de su hermano Raúl. También están los que creen que el
discurso de Fidel en torno a lo nuclear es sólo una cortina de humo para
que no se hable de la muerte de Orlando Zapata Tamayo o del lamentable
estado de salud de Guillermo Fariñas.

De todos modos, pese a ese distante segundo plano en que está ubicado,
la capacidad de veto y bloqueo que tiene Fidel Castro sobre el futuro de
Cuba sigue estando ahí y se mantiene incólume. Por eso, mientras el
mayor de los hermanos siga vivo, son pocas las esperanzas de que podamos
asistir a grandes y trascendentales cambios en Cuba. A lo más, seguirá
el goteo de pequeñas y limitadas acciones de parcheo, aunque los
economistas cubanos más lúcidos insisten una y otra vez en que ya
prácticamente no hay más margen de maniobra ni más tiempo para dilatar
las reformas.

La consigna del momento es que la revolución debe permanecer por encima
de todo, inclusive por encima del cadáver del líder máximo. De ahí la
plena vigencia de la ya repetidamente citada consigna de "patria o
muerte". Sin lugar a dudas, la revolución debe seguir siendo fiel a sus
raíces, cueste lo que cueste, o sufra quien sufra. Ojalá me equivoque,
pero de ser las cosas así, este lento y agónico seguir siendo de Fidel
Castro arrastrará a su pueblo a más sufrimiento y a una miseria mucho
mayor de la actualmente existente.

Este artículo apareció en Los Lunes de El Imparcial de la publicación
Ojos de Papel. Se reproduce con autorización del autor.

Carlos Malamud tiene un doctorado en Historia de América por la
Universidad Complutense de Madrid, es catedrático de Historia de América
en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) e
investigador principal del área América Latina en el Real Instituto Elcano.

http://www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/fidel-castro-ya-no-es-el-que-era-pero-sigue-siendo-244308

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