Cuba Derechos Humanos

Cuba: lealtad y complicidad

19 de Septiembre del 2010, 12:21 PM
Cuba: lealtad y complicidad

En los momentos en que el gobierno cubano expulsa del mercado laboral a
cientos de miles de cubanos y se organiza el país de acuerdo con las
reglas del mercado, vale la pena discutir hasta dónde es ética la
lealtad política en nombre de una revolución que ya murió.

Hace más de una década dos intelectuales cubanos –el exiliado Jesús Díaz
y el residente en la isla Aurelio Alonso- contendieron sobre un tema que
hoy cobra gran relevancia: en que medida el silencio de los
intelectuales cubanos ante el sistema político de ese país significaba
lealtad a un proyecto político o simplemente complicidad. Entonces
Aurelio replicaba a Jesús su crítica a los intelectuales cubanos que
vivían en la isla –a los que éste último reprochaba el "silencio" ante
los peores rasgos del régimen político- y en cambio revalidaba la
lealtad de esos intelectuales con el más genuino programa revolucionario.

Creo que hay algo de razón en lo que Aurelio reclamaba entonces. Ese
fenómeno de cambios radicales que se ha dado en llamar Revolución
Cubana, ha sido un fenómeno de fuertes disensos –en un decenio colocó a
cerca de un millón de cubanos fuera de la isla- pero también de fuertes
consensos. Desconocer esta realidad es perder de vista el meollo de la
política cubana en los últimos cincuenta años, y con seguridad una
variable que pesará por otros cincuenta. Y los intelectuales cubanos que
decidieron permanecer en la isla han sido partes muy activas de estos
consensos, construyéndolos y consumiéndolos.

Si analizamos que estos intelectuales –o al menos sus figuras
consagradas- pudieron tener oportunidades de vida (material y
profesional) muy superiores fuera de Cuba, entonces el compromiso que
asumieron es loable. Permanecieron en Cuba, hicieron arte o ciencia de
la manera que pensaron podrían aportar mejor al futuro de la nación y
contribuyeron así al desarrollo intelectual de una sociedad. En
ocasiones el compromiso los llevó a sumergirse en los barrios pobres de
las ciudades o en las comunidades campesinas, pagando con muchas
incomodidades –incluyendo las reyertas con los licantrópicos comisarios
partidistas- sus vocaciones sociales. A pesar de la emigración y de las
exclusiones que produce el gobierno cubano, Cuba cuenta con
intelectuales de talla internacional. Solo en las ciencias sociales,
para ejemplificar donde conozco mejor el escenario, figuras como Juan
Valdez Paz, Aurelio Alonso, Mayra Espino, Oscar Zaneti, Mario Coyula,
Carlos García Pleyán, Hiran Marqueti y Natalia Bolívar, entre otros
igualmente meritorios, visten de gala la producción teórica de cualquier
país. Y ello es un activo muy valioso del futuro nacional.

Creo que este afán de compromiso –lealtad según Aurelio Alonso y
silencio cómplice según Jesús Díaz- merece un breve repaso motivacional.
Aún cuando en la historia revolucionaria y postevolucionaria de Cuba
podemos encontrar muchas manchas imperdonables –sobre lo cual no me
detengo ahora- también han existido razones para apoyar. En los primeros
años, los que propiamente podemos llamar revolucionarios, se produjeron
actos de justicia social y de independencia nacional que anunciaban un
programa de desarrollo y democracia sustancial que la mayor parte de la
población percibió como la superación de un pasado frustrante. Luego,
cuando este programa fue sacrificado por el caudillismo autoritario y la
esclerosis del llamado "socialismo real", la alianza con la Unión
Soviética proveyó recursos suficientes para organizar la movilidad
social ascendente más contundente que haya vivido la sociedad cubana. Y
cuando este proceso se agotó, se abrió un período de expectativas de
cambios en medio de un debate nacional parcializado pero inédito desde
1959 y en el que muchos intelectuales apreciaron una puerta abierta a un
futuro mejor. Fue una apertura dada por la omisión de políticas más que
por una política aperturista propiamente, y se cerró en 1996 con el
carpetazo del V Pleno del Partido Comunista. Aunque desde entonces ha
habido muy poco espacio para el entusiasmo, todavía se encendió una
lucecita cuando Raúl Castro llamó a otro debate bajo el signo del cambio.

El problema estriba en que hoy no hay ni lucecitas ni posibilidades de
que se enciendan.

Los pasos dados en los últimos tiempos y lo que logramos conocer en una
sociedad sin libre acceso a la información, indican que el sector
tecnocrático/empresarial liderado por los militares y el Clan Castro
está retomando su proyecto de restauración capitalista. Y que
evidentemente ese proyecto se basa en ofrecer al capital internacional
asociado una fuerza de trabajo barata, instruida y encuadrada en
organizaciones oficiales que solo distan de las políticas
gubernamentales en breves detalles. Se habla de un "programa de
desarrollo" para decenios y de una "actualización del modelo", sin que
la arrogante clase política cubana crea necesario explicar cuál es la
meta final, cuales son los costos que ello implica y como se van a
repartir. Porque justamente el quid de la actualización reside en no
explicar nada. Ni a sindicatos genuinamente clasistas que pregunten
sobre la distribución del ingreso y la necesidad de salarios justos, ni
a grupos ambientalistas que clamen por un manejo más adecuado del
turismo de masas en los cayos o por el probable efecto de las
perforaciones petrolíferas, o feministas que se preocupen por la
extensión de la prostitución y la degradación del rol de la mujer en la
sociedad, o de los negros que demanden una rehabilitación de la Habana
Vieja que no solo cuente historias de nobles blancos, o, para terminar,
de los homosexuales que quieran conocer cual es la ley sobre el tema
que, según la hija del general/presidente, se discutirá en la Asamblea
Nacional.

Este será un ajuste doloroso económica y socialmente y que profundizará
la pobreza de cientos de miles de familias cubanas. Pero el gobierno
cubano se resiste a una apertura económica integral. Que para lo que
aquí nos concierne, permita a estas familias buscar sus realizaciones
materiales en los escabrosos espacios del mercado, con el apoyo de los
familiares emigrados y de decenas de instituciones internacionales para
el desarrollo que apoyan programas de esta naturaleza en cientos de
países a nivel mundial. Ello significaría un grado de autonomía
incompatible con un sistema político autoritario. Y por ello sólo se
realizan concesiones parciales, paso a paso, sin un marco legal
predecible. Y acompañado por un discurso que habla hoy de los cubanos
como parásitos con la boca abierta y mañana les pide que sonrían a la
miseria que se les encima.

El gobierno cubano no parece moverse en ninguna dirección que favorezca
los derechos individuales de los cubanos. El caso migratorio es un
ejemplo. Tras muchas demandas de cambios, tras pronunciamientos de
muchas figuras públicas, y tras muchos rumores, el asunto ha quedado
sepultado. Los cubanos siguen sometidos a una política opresiva que les
obliga a comprar el derecho a pedir permiso para viajar. Siguen siendo
víctimas de una práctica mezquina que convierte a la isla en un
reclusorio y a cada cubano en un recluido si vive dentro, y en un
desterrado si vive fuera. Ello acarrea numerosos sufrimientos a la
población cubana de ambas partes, y limita el libre desenvolvimiento de
la comunidad cubana, dentro y fuera de la isla. Nada justifica esta
política abusiva que no sea la subordinación política de la población
cubana a una élite corrupta y reaccionaria.

Lo mismo pudiera decirse de todos y cada uno de los derechos que hoy se
consagran como valores universales: libertad de expresión, de reunión,
de acceso a la información, de elegir y ser elegido, etc. Hace ya casi
un siglo una comunista polaca que pagó con su vida su vocación política
recordó a los bolcheviques que la única manera de pensar la libertad era
concibiéndola como libertad para los que piensan diferente. En Cuba
millones de persona piensan diferente, y una parte de ellas consideran
que el sistema debe ser cambiado. Estas personas son reprimidas,
perseguidas y encarceladas sin garantías por querer ejercer sus derechos
a opinar y criticar en la tierra en que nacieron.

Finalmente nada indica, ni siquiera sugiere con ojo optimista, que la
sociedad avance en lo que en algún momento vimos como una construcción
democrática alternativa a la democracia liberal. Nuestro parlamento
sigue siendo una caricatura que se reúne dos veces al año por unos
cuatro días, por lo que el país se sigue gobernando por decretos. Las
elecciones para diputados siguen siendo una farsa de un candidato por
cada puesto a elegir. No hay descentralización, y los municipios son hoy
menos prometedores que hace dos décadas. Los espacios de participación
están acotados por el formalismo y el control político. El último debate
público fue un sainete decepcionante. El régimen político viola su
propia legalidad, de manera que no hay congreso del Partido Comunista
desde hace 13 años, y su buró político es como un almacén de
defenestrados, convalecientes y cadáveres. Supuestamente el partido y el
buró que deben dirigir el estado y a la sociedad.

Creo que ya no hay motivos para ser condescendientes con la élite
política cubana, incluyendo a los persistentes octogenarios que se han
dado en llamar "el liderazgo histórico". Ya no hay espacio para creer
que los silencios, totales o parciales, son el precio de una lealtad con
la revolución, el socialismo y la patria, según reza el viejo lema.

Revolución no hay desde 1965, cuando comenzó el aventurerismo
destructivo y la institucionalización sovietizante; socialismo nunca
hubo y la patria, aunque efectivamente existe, se nos va. Se nos va en
cada cubano que tiene que emigrar para realizar sus aspiraciones. Se nos
va en cada joven que alquila su cuerpo y su alma para poder visitar una
tienda en que venden en una moneda diferente a la que pagan. Se nos va
en cada cubano desterrado, o encarcelado por razones políticas.

Y se nos va en cada ocasión en que callamos.

Se nos va, y ahora recuerdo a Jesús Díaz, porque nuestro silencio ya es
definitivamente cómplice.

Haroldo Dilla Alfonso

http://www.7dias.com.do/app/article.aspx?id=83443

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Calendario
September 2010
M T W T F S S
« Aug   Oct »
 12345
6789101112
13141516171819
20212223242526
27282930  
We run various sites in defense of human rights and need support to pay for new servers. Thank you.
Buscar en sitios: