Cuba Derechos Humanos

Presos políticos y paisajes fijos

Publicado el domingo, 06.27.10
Presos políticos y paisajes fijos
By RAUL RIVERO

Madrid — Una mañana de diciembre del 2003 le pregunté a Ariel Sigler
Amaya qué había sentido cuando lo amenazaron con darle un tiro en la
cabeza. “Sentí sueño'', me respondió. “Se me aliviaron los dolores que
tenía por una golpiza que me dieron y pensé que me iba del aire sin
volver a ver mi madre y sin conocer la libertad''.

Después, para rebajar el tono dramático de la conversación y cerrarla,
dijo, como si estuviera completamente solo: “También pensé que más
nunca iba a ver a mis hermanos, ni un programa de boxeo, ni los paisajes
de Matanzas. Me acordé de todo lo que me gusta, pero de todo, compadre,
de todo''.

Cuando tuvimos ese diálogo, Ariel no sabía –nadie sabía– que él iba a
tener que permanecer siete años bajo otras amenazas, con otra categoría
de revólveres que le apuntaban, antes de poder salir a despedirse de su
madre Gloria Amaya y antes de pasar, enfermo y paralítico, a una
precaria variante de libertad. A un limbo en el que debe esperar que le
den (o no) un permiso de salida para viajar a Estados Unidos a tratar de
recobrar su salud.

Ariel Sigler, en su casa de Pedro Betancourt, en su silla de ruedas, con
más voluntad que fuerzas físicas, sigue bajo el control del poder y
amenazado, como siguen en sus celdas y en peligro Víctor Rolando Arroyo,
Próspero Gainza, Ricardo González Alfonso, Pedro Argüelles Morán, Blas
Giraldo Reyes, Normando Hernández, Horacio Piña, Luis Milán y otros
presos, hasta llegar a 52, del grupo de la llamada Primavera Negra.

Es decir, que el dibujo de la vida de los prisioneros cubanos es,
esencialmente, el mismo. Con sus trazos negros y unos triviales tonos
grises, con los que han tratado de recomponer una imagen y dar la
apariencia de cambios en una estampa paralizada por la arbitrariedad y
la prepotencia.

El plano general está suspendido en el aire del mes de marzo. Allí, con
las Damas de Blanco en las calles, la huelga de hambre hasta la muerte
de Orlando Zapata y la decisión de Guillermo Fariñas de sacrificarse por
los 26 presos más enfermos dentro de las cárceles.

En esos tres puntos claves, en la solidaridad del exilio y el apoyo de
la oposición interna, ha estado y está la fuerza real. Son esos
elementos los que han llamado la atención de los medios de prensa, de
los organismos de defensa de derechos humanos y de sectores de
ciudadanos del mundo entero.

o demás son aspavientos y juegos políticos inscritos en agendas
particulares y movidos por intereses ajenos y lejanos.

Se anuncian liberaciones de prisioneros, se habla de manejos internos y
conversaciones secretas, se afirma que Dios ha respondido las llamadas.
Ojalá. Pero las Damas de Blanco anunciaron que seguirán trabajando para
liberar a sus familiares y nadie, ni la propaganda y las infamias, puede
sacar de Cuba la memoria de Zapata.

En los calabozos no hay espacio para cabildeos y patrañas. Los presos
luchan por sobrevivir y por ser libres. La libertad incondicional de
esos hombres inocentes es lo único que puede iniciar el cambio del
paisaje, el espíritu y el porvenir de la sociedad cubana.

http://www.elnuevoherald.com/2010/06/27/753315/raul-rivero-presos-politicos-y.html

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