Cuba Derechos Humanos

Medio ambiente

Publicado el martes, 06.08.10
Medio ambiente
By ALEJANDRO RIOS

La prensa cubana, tan dada a buscar la paja en el ojo ajeno, ha venido
abordando el derrame de petróleo en el Golfo con particular objetividad.
Cada día le ofrecen al lector cubano los pasos que se están dando para
cancelar el potencial desastre ecológico.

Cualquier incauto pensaría que la preocupación es legítima. Entre las
razones reales de esta excepcionalidad pudiera estar el hecho de que se
han establecido conversaciones entre los gobiernos de Estados Unidos y
Cuba sobre respuestas emergentes para futuras eventualidades similares y
este tipo de acercamientos resultan esperanzadores para la supervivencia
del castrismo.

También pudiera ser que en el campo de la protección ecológica el techo
de la isla suele ser de vidrio y es mejor no ventilar el tema de manera
mediática, al menos por ahora.

Hay un documental que circula bajo el nombre de Amoníaco puro, donde se
ven peces flotando en un río Almendares que dista mucho de ser aquel que
la poeta Dulce María Loynaz dedicara algunos de sus hermosos versos. En
el video se informa que maltrechas fábricas habaneras descargan sus
desechos químicos en su acompasada corriente, destruyendo todo lo que
encuentran a su paso.

Ni hablar de los disparatados experimentos biotecnológicos que han
producido un pez agresivo y repugnante como la claria, para incrementar
el alimento a población, capaz de sobrevivir días fuera del agua como un
anfibio donde calma su insaciable apetito diezmando la fauna auténtica
de ríos, represas y tierra firme.

Mientras el petróleo del Golfo amenaza a las costas norteamericanas y
varias industrias que dependen de las bondades del mar se preparan para
lo peor, haciendo ingentes esfuerzos que aminoren los daños, en el
litoral habanero, la descarga de las aguas albañales de la ciudad, a
poca distancia del histórico Morro, así como otros contaminantes
insensiblemente vertidos por buques extranjeros y nacionales atracados
en la bahía, han aniquilado las más elementales señales de flora y fauna
submarinas en los arrecifes de la costa.

Hubo un momento que se pensó recuperar para el disfrute público las
pocetas del Malecón que habían servido de baños públicos desde el siglo
XVIII pero al comprobar la enorme contaminación de las aguas, el
proyecto se malogró aunque buena parte de la población citadina sigue
chapoteando en el lugar a falta de transporte para llegar a las playas
del este.

Aprendí a nadar durante los años sesenta en la costa que baña la ciudad
de la Habana del Este, hoy conocida como Camilo Cienfuegos, uno de los
últimos proyectos urbanísticos del gobierno de Batista, de envidiable
funcionalidad y esmerada jardinería hasta en los techos de algunos
edificios.

Fui testigo no ya de su destrucción material sino ecológica hasta
finales de los años noventa cuando el último miembro de mi familia logró
escapar de aquella debacle.

El daño que un pozo petrolero accidentado pudiera ocasionar en
territorio norteamericano y zonas adyacentes, es un proceso que la
dictadura de los Castro ha provocado con saña e indiferencia, en su
propio traspatio durante décadas de indolencia.

Hubo días de esparcimiento en la costa cuando debíamos salir rápidamente
del agua ante la llegada de la llamada “mojonera'', excrementos de la
ciudad, cual monstruo de la laguna negra. En otros, nuestras magras
trusas terminaban manchadas de petróleo o alquitrán cuando arribaba la
marea negra.

uimos testigos de la desaparición de erizos, ciguas, pulpos, algas,
cangrejos y coloridos peces tropicales, entre otros pobladores
acuáticos. No pocas veces debimos huir presurosos con la cabeza gacha
porque el ejército tenía a la orilla del mar un campo de tiro y las
balas silbaban antes de entrar al agua.

Este hostil acoso a la naturaleza es consecuente con un sistema que
parece haber bombardeado la capital de los cubanos que no ha sufrido una
guerra real a no ser aquella del régimen contra su propio pueblo,
abundante en disparates medioambientales.

En estos momentos, cuando la contaminación accidental amenaza es bueno
recordar que hay otra más sistemática y duradera a noventa millas, sin
domos, ni inyección de lodo o concreto que la contenga, ni medios de
prensa que la reporten.

http://www.elnuevoherald.com/2010/06/08/737226/alejandro-rios-medio-ambiente.html

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Calendario
June 2010
M T W T F S S
« May   Jul »
 123456
78910111213
14151617181920
21222324252627
282930  
We run various sites in defense of human rights and need support to pay for new servers. Thank you.
Buscar en sitios: